Skip to main content

12. Efectos del pecado en mi relación con Dios

Tu valoración Promedio (48 votos)

Objetivos

Descubrir los efectos del pecado en nuestra relación con Dios. Aprender que Dios es amor infinito pero también es justo.

Reflexión

En el tema pasado vimos que el pecado produce unos efectos negativos en nosotros. También el pecado tiene efectos negativos en nuestra relación con Dios.

El pecado nos separa de Dios. Dios, nuestro creador, es infinitamente bueno, fiel, incapaz de faltar a sus promesas, justo, ... Y el hombre ¿es así? [...] No. ¿Cómo somos nosotros? [...] Somos infieles, capaces de romper promesas, injustos, olvidamos fácilmente que somos criaturas de Dios y no hacemos caso a nuestro Creador, somos egoístas, nos servimos a nosotros mismos antes que a los demás y que a Dios, tendemos a no escuchar a Dios,... y como consecuencia de todo esto pecamos. Así que entre Dios y nosotros hay una distancia muy grande; estamos separados. "Vuestras faltas os separaron a vosotros de vuestro Dios" (Is 59,1). Cuando nos damos cuenta de nuestro pecado y vemos que estamos separados de Dios, nos entristecemos y queremos acercarnos de nuevo a Dios, encontrarnos con Él. Así que nuestra relación con Dios es una historia de encuentros y desencuentros, acercamiento y alejamiento, obediencia y rebeldía, amor y desamor...

El pecado entristece a Dios. ¿Cómo nos sentiríamos si vamos a casa de un amigo y no nos recibe, si no nos abre la puerta? [...] Tristes, decepcionados, rechazados. ¿Cómo nos sentimos cuando alguien, a quien queremos mucho, nos ofende? [...] Tristes de nuevo. ¿Cómo nos sentimos cuando un compañero es a días nuestro amigo y a días nos da la espalda? [...] Tristes, enfadados, ... ¿Cómo nos sentimos cuando le hacemos un regalo a un amigo y lo tira sin darnos las gracias? [...] Tristes. Pues Dios también llama a la puerta de nuestro corazón, nos quiere, nos hace muchos regalos, entre ellos la vida. Y nosotros le rechazamos, pecamos. ¿Cómo se siente Dios? [...] Muy triste, infinitamente triste, porque su amor por nosotros es también infinito. Y aunque está triste y sufre, sigue llamando a la puerta, sigue queriéndonos, sigue esperando que cambiemos.

El pecado enfada a Dios. El pecador desobedece a Dios, rompe la relación con Dios, entristece a Dios y en ocasiones hace que Dios se enfade, se "agota su paciencia". Imaginad una oveja que un pastor alimenta cada día con los mejores pastos y la saca a pasear por las montañas. Pero la oveja se escapa del rebaño y el pastor va a buscarla hasta que la encuentra. La oveja se vuelve a escapar y así muchos días. Y la oveja se queja porque no le gustan los pastos, ni los montes por donde la lleva el pastor. El pastor se enfada y decide no escuchar ni atender más a esa oveja rebelde. Las ovejas somos nosotros y el pastor es Dios. ¿Vamos a dejar que Dios se enfade con nosotros? [...] El pueblo de Israel no escuchaba a Dios (su pastor), no quería seguirle y Dios se enfada y dice: "Aquel día montaré en cólera contra él, los abandonaré y les ocultaré mi rostro... Yo ocultaré mi rostro aquel día, a causa de todo el mal que habrá hecho, yéndose en pos de otros dioses" (Dt 31, 17-18)

El pecado trae un juicio y castigo. Cuando no estudiamos, no recogemos nuestro cuarto, pegamos a nuestros hermanos, no comemos... nuestros padres se dan cuenta de que nuestro comportamiento no es el correcto (juicio) y deciden castigarnos para que descubramos que estamos actuando mal. Nos castigan sin ver la tele, sin salir de casa, sin comer algo que nos gusta, sin darnos la propina... El castigo nos sirve para aprender y recordar que la próxima vez debemos portarnos bien o seremos castigados de nuevo. Dios también castiga para que aprendamos que no estamos en el camino adecuado. Nos deja sin alguna bendición, sufrimos alguna enfermedad, ... Entonces el hombre pide ayuda a Dios y Él le rescata. "Por haber sido rebeldes a las órdenes de Dios y haber despreciado el consejo del Altísimo, él sometió su corazón a fatiga, sucumbían, y no había quien socorriera. Y hacia Yahveh gritaron en su apuro y él los salvó de sus angustias, los sacó de la tiniebla y de la sombra, y rompió sus cadenas" (Sal 107, 11-14)-

Después de la muerte, dice el Nuevo Testamento, que Dios nos juzgará y según haya sido nuestra vida, nuestras obras, nuestra fe y la aceptación o rechazo de Dios, Él nos castigará o nos premiará. "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba conforme a lo que hizo durante su vida mortal, el bien o el mal." (2 Co 5,10).