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Objetivos

Descubrir los efectos del pecado en el pecador, que soy yo. Compartir experiencias de estos efectos.

Reflexión

Imaginad que os tomáis un vaso de leche caducada, en mal estado. ¿Qué sucede? Nos deja mal sabor de boca, nos produce nauseas, vómitos, dolor de estómago y puede que también descomposición. Imaginad que sois alérgicos a algún alimento y lo tomáis. ¿Qué sucede? Os empieza a picar el cuerpo, se os hincha la cara, las venas y tenéis que correr al hospital para que os pongan una inyección... Sabiendo esto: ¿volveríais a tomar un alimento en mal estado o un alimento al que sois alérgicos? NO, porque conocemos los efectos negativos que produce en nosotros. También el pecado produce efectos negativos en nosotros, y es bueno conocerlos para no volver a pecar.

Culpabilidad. Al pecar, la voz de la conciencia no nos deja vivir tranquilos. Esa voz nos repite y nos recuerda nuestras obras, pensamientos o deseos malos. Nuestro corazón y nuestra mente están alterados. Sentimos dolor en el corazón por el pecado. También puede sucedernos como Adán y Eva, que sintieron vergüenza de su pecado. "Oyeron luego el ruido de los pasos del Señor Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista del Señor Dios por entre los árboles del jardín" (Gn 3,8). Se ocultaron entre los árboles porque sabían que habían pecado desobedeciendo a Dios. ¿Alguna vez hemos sentido vergüenza delante de nuestros padres por haberles desobedecido? [...] Es una consecuencia del pecado.

El pecado es como una mancha que nos cae en la camiseta cuando estamos comiendo. La camiseta está sucia y hay que lavarla, también el pecado nos ensucia y tenemos que lavarnos, como oraba David: "lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifícame" (Sal 51,4)

Esclavitud. Sin darnos cuenta vemos que pecamos y pecamos siempre en lo mismo, que nos cuesta realizar el bien que queremos, nos faltan las fuerzas, tal vez el mal acaba dominándonos. Por ejemplo, nos cuesta no mentir o no insultar... somos esclavos de esos pecados concretos que nos cuesta vencer. "En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo" (Jn 8,34). Dios no nos quiere esclavos sino libres.

Muerte. Como consecuencia del pecado original, todos los hombres morimos. Es la muerte biológica: nuestro cuerpo deja de funcionar, se para el corazón, los pulmones... todo. Pero hay otra muerte, consecuencia del pecado personal, es la muerte espiritual. La muerte espiritual es la ruptura entre el hombre y Dios, la falta de vida divina, la falta de presencia del Espíritu Santo en nosotros. Dice San Pablo: "estabais muertos por vuestros delitos y pecados" (Ef 2,1). El pecado trae muerte, ya que Dios es la fuente de vida, y al apartarnos de Él, el pecador se aleja de la vida.

Enfermedad. Los efectos del pecado alcanzan también a nuestro cuerpo y nuestra mente. Como sucede cuando comemos un alimento en mal estado.

Endurecimiento. Nuestro corazón se convierte en un corazón de piedra, insensible a las cosas espirituales, incapaz de responder a Dios correctamente.

Estos efectos serán mayores o menores según sea nuestro pecado. No defraudemos a Dios que está deseando bendecidnos: "Yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, para que caminen según mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica, y así sean mi pueblo y yo sea su Dios" (Ez 11,19-20).

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