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Objetivos

Debemos respetar las cosas, los bienes nuestros y ajenos, como recursos que Dios nos ha confiado para nuestro bien y el bien común. Además el mandamiento "no robarás" prohíbe tomar retener o perjudicar el bien del prójimo injustamente.

Reflexión

Seguimos insistiendo en el respeto, esta vez a las cosas. Debemos respetar nuestras cosas y las de los demás, para nuestro bien y el bien común. Las cosas, los bienes, los ha puesto Dios en nuestras manos y a nosotros nos corresponde hacer buen uso de ellos (cf Gn 1, 26-29). Además hay un mandamiento que prohíbe quitar o perjudicar los bienes de los demás. ¿Cuál es? [...] "No robarás" (Ex 20,15)

Respeto a nuestras cosas. ¿Qué creéis que debemos respetar, cuidar? [...] La ropa que llevamos, el calzado, el material escolar, el material deportivo, los muebles de la habitación,... Poned cada uno un ejemplo en el que no cuidamos nuestras cosas.

Por ejemplo: Mi mochila del cole tiene un agujerito pequeño y como me apetece otra mochila o me aburro, meto el dedo en el agujero. Doy vueltas y estiro y cada vez se va haciendo más grande y más grande. Esto no es respetar nuestras cosas.

Otros ejemplos: morder los lapiceros por la parte de atrás o los tapes de los bolígrafos, tirar la ropa al suelo...

Respetar las cosas de los demás. Poned ejemplos de situaciones en las que hemos causado algún daño a los bienes de los demás o a los bienes de uso común.

Por ejemplo:
   - jugando a fútbol hemos roto las flores que la vecina tenía en su ventana,... Hemos dañado el bien de una persona concreta.
   - romper las canastas de baloncesto del patio del colegio, pintar la tapia del colegio,,... Hemos dañado los bienes de "todos" , de uso común, que debemos cuidar como si fueran nuestros.
   - Aprovechar cuando el vendedor no nos ve y coger unas chucherías sin pagarlas. Usurpamos el bien ajeno contra la voluntad de su dueño, esto es un delito que exige reparación. "Si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo" (Lc 19,8)

A veces nos sucede que queremos obrar bien, pero nos sale obrar el mal. "Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco. ... puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero." (Rm 7,15.19) Debemos esforzarnos día a día en formar nuestra conciencia correctamente y luchar contra nuestros gustos o deseos "malos".

Lo que de pequeños aprendamos, de mayores haremos. Hay que empezar a respetar las cosas pequeñas que están a nuestro alcance, para que el día de mañana sepamos administrar correctamente nuestros bienes y los ajenos.

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