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8. No tomarás el nombre de Dios en vano

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Objetivos

Darnos cuenta de cómo usamos el nombre de Dios.

Aprender las faltas contra el nombre de Dios: blasfemia y perjurio.

Reflexión

Sabemos que el nombre de Dios es santo y que su nombre merece respeto y admiración. Ése es el segundo mandamiento: respetar el nombre de Dios, "no tomarás en falso el nombre de Dios" (Ex 20,7).

En todas partes se habla de Dios, los creyentes y los no creyentes. ¡Dios! – se escucha con frecuencia en los partidos de fútbol, entre los amigos, cuando uno se da un golpe en un dedo, en medio de una risas,... No nos damos cuenta y ya hemos pronunciado el nombre de Dios. Dios aparece también en chistes y bromas, algunas bastante pesadas. ¿Qué pensará Dios? [...] ¿Qué pensarías tú si tu nombre o el de tu mamá fuera motivo de chistes? El nombre de Dios es más serio que todo eso.

Usamos a Dios sin darnos cuenta, decimos "si Dios quiere, Dios mediante, válgame Dios, Dios te ampare..." Si lo dices con respeto y con cariño, no hay problema. Es más , demuestras que Dios es para ti alguien importante que te acompaña cada momento de tu vida. Usamos el nombre de Dios para demostrar que lo que decimos es verdad, por ejemplo "que baje Dios y lo vea, te lo juro por Dios, que Dios me castigue si miento...". Pero no es aconsejable usar el nombre de Dios para cosas pequeñas, para cosas sin importancia, y en cualquier caso no tenemos necesidad de decir esas frases. Y lo peor es usar el nombre de Dios para demostrar que lo que hemos dicho es cierto y en realidad lo que hemos dicho es mentira. ¿Cómo podemos esperar que Dios justifique una mentira? [...] Dios es verdad. Esto es una falta contra el segundo mandamiento, porque estamos usando mal el nombre de Dios.

Hay quienes usan el nombre de Dios para insultar a otros, para reírse de Dios y de todos los valores cristianos. Sé que todos conocéis ejemplos y estaría mal que yo los escribiera. Esto se llama blasfemar. Blasfemar es decir a Dios – interior o exteriormente – palabras de odio, de reproche, de desafío,... El apóstol Santiago no aprueba a "los que blasfeman el hermoso Nombre que ha sido invocado sobre vosotros" (St 2,17). Blasfemar es usar el nombre de Dios para cometer un crimen, hablando contra Dios Padre, contra Jesucristo o contra el Espíritu Santo. Blasfemar es también hablar mal de la Iglesia, de la virgen María, los santos y de los ministros consagrados a Dios, que sirven en su Iglesia. El que blasfema, ¿qué tiene en su corazón y en mente? [...] Si por nuestra boca salen palabras que hieren a Dios y a su Iglesia, significa que en nuestro corazón también hay algo malo. "Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca." (Mt 12,34). Y cuando oigas a alguien que ha usado mal el nombre de Dios o de Jesucristo, tú puedes decir por dentro: ¡Bendito sea tu nombre Dios! o ¡Alabado sea el nombre de Dios! Y si tienes posibilidad trata de defender el nombre de Dios, tal vez baste con decir "deja a Dios tranquilo o usa otro nombre".

También según el segundo mandamiento, son dignos de respeto los lugares dedicados a Dios, como las iglesias y los objetos que allí están. ¿Cómo te comportas cuando entras a una iglesia? [...] ¿Estás tomando en serio el nombre de Dios y el lugar donde se le da culto? [...]

El segundo mandamiento prohíbe el juramento en falso. Jurar es tomar a Dios por testigo de lo que se afirma, por ejemplo: "te juro por Dios que no he hecho / que no he dicho/ que sí he...". También se puede jurar sin hablar, poniendo la mano sobre los Evangelios o sobre el crucifijo. Si el juramento se hace por una causa grave y justa (por ejemplo, ante el tribunal) es correcto y sólo puede hacerse con verdad, con sensatez y justicia. No se debe recurrir a jurar para demostrar nuestras afirmaciones, por cosas que no valen la pena. Dice Jesús "no juréis de modo alguno.. sea vuestro lenguaje: ‘sí, sí; ‘no, no’: que lo que pasa de ahí viene del Maligno" (Mt 5,34.37).

Jurar en falso, se llama perjurio, es decir: cuando haces una promesa que no tienes intención de cumplir. También cuando te comprometes bajo juramento a hacer una obra mala o cuando juras una mentira.

Señor, pon un guardián a la puerta de nuestros labios (cf Sal 141,3) para que no salgan por ella palabras que falten a tu nombre santo.

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