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Paciencia en el sufrimiento

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El cristiano debe entender y aprovechar las pruebas de la vida para su crecimiento, pero también necesita aprender a transformar el sufrimiento con Cristo y desde Cristo.

Ed CCS, 263 p.
Autor: Maximiliano Calvo.

Primera edición, 1999. Tercera edición, 2000.

 

 

Paciencia en el sufrimiento

 

16. ¿ES POSIBLE EL GOZO EN LAS PRUEBAS?

 

 

 

En el tema anterior hemos llegado hasta la aceptación de la prueba, en nuestro esfuerzo por comportarnos ante ella tal como Dios espera de nosotros. Y nos preguntamos: ¿hemos llegado con esta actitud a la cima del comportamiento cristiano? La respuesta es negativa. La Palabra de Dios espera mucho más de nosotros en tales circunstancias; por eso nos da algunas instrucciones acerca de cómo hemos de seguir progresando en esa lucha por la victoria final sobre la prueba y sacar el mejor partido posible.

- Una vez hemos llegado a aceptar la prueba -no por resignación y porque no hay más remedio, sino porque creemos que Dios esta detrás de ella y haciendo su obra a través de ella- nuestra actitud ya es positiva y nuestros ojos están fijos en la búsqueda de la voluntad de Dios, mientras nuestro corazón est deseoso de dar gloria a Dios cumpliéndola.

 

 

 

Cuando levantamos nuestro corazón a Dios para darle gracias, podemos hacerlo desde dos posiciones distintas: una es la visión, otra es la fe. Si tenemos conciencia de los dones de Dios y de su presencia en nuestras vidas, nos cuesta poco darle gracias. Lo que hacemos es usar métodos humanos, según los cuales estamos agradecidos a alguien cuando vemos los favores de que nos hace objeto, aunque sean pequeños. También podemos ver la acción de Dios en numerosas ocasiones y detalles y darle gracias por lo que vemos y experimentamos, como lo hace el salmista:

* 'Bueno es dar gracias a Yahveh, y salmodiar a tu nombre, Altísimo, publicar tu amor por la mañana y tu lealtad por las noches, al son del arpa de diez cuerdas y la lira, con un susurro de cítara. Pues con tus hechos, Yahveh, me regocijas' (Sal 92,2-5).

- Pero el paisaje no es siempre de bonanza y luz. Cuando todo se vuelve oscuro porque la prueba ha barrido la luz, hay que acudir al depósito de reserva. Entonces sólo animados por la fe y sostenidos por los primeros pasos de la paciencia, empezamos a dar gracias a Dios en tales circunstancias, a pesar de la resistencia de nuestra mente, empeñada en saber el qu y sobre todo el porqu de la situación. La Palabra de Dios nos dice:

* 'En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros' (1 Ts 5,18).

- Creo que lo que este texto quiere decirnos va más allá de dar gracias por cosas concretas, porque aqu! es difícil admitir que tengamos que dar gracias a Dios en toda ocasión. Por ejemplo: ¿tenemos que darle gracias por las oportunidades de pecado que aprovechamos para el mal o por el pecado mismo? Lo que Dios espera de nosotros es que creamos firmemente que, si estamos caminando por sus caminos, él est presente en nuestras pruebas y que est dirigiendo su proceso para sacar el mayor partido de ellas en provecho nuestro. Una vez aceptado esto, no es que cueste dar gracias a Dios, sino que sentimos necesidad de hacerlo, pues si es de bien nacidos ser agradecidos, debemos darle gracias por la obra que esta haciendo en nosotros, que por ser suya tiene valor incalculable y produce resultados de valor también incalculable para el hombre.

- La consigna que se da a los hijos de Dios es la de acercarnos a él con acciones de gracias y de aclamarlo con salmos (cf Sal 95,2). Cuando se hace esta exhortación, la única razón que se aduce es la de que Dios es Dios. Es una acción de gracias sólo desde la fe. Del mismo modo, el justo no da gracias en razón de la experiencia que est teniendo de Dios, sino de su fe en Dios:

* 'Me levanto a medianoche a darte gracias por tus justos juicios' (Sal 119,62).

 

 

 

Viene a ser el paso siguiente a la acción de gracias. Si reconocemos que Dios es Dios, reconocemos al mismo tiempo sus cualidades, lo contemplamos en su poder, su hermosura, su amor, su misericordia, su justicia, su santidad, su gloria, su inmensidad, etc. Es entonces cuando nuestro corazón se levanta en alabanza por lo que es; pero es necesario, para que esto suceda, que nuestros ojos estén puestos en el Señor, lo que implica que no están puestos en nuestros problemas. Si hacemos esto último, no habrá lugar para la acción de gracias ni la alabanza, sino que posiblemente daremos entrada a la tristeza y la amargura, a la queja y el desánimo ante la prueba.

- El nuevo Catecismo de la Iglesia dice: 'La alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por El mismo, le da gloria no por lo que hace, sino por lo que El es. Participa en la bienaventuranza de los corazones puros que le aman en la fe antes de verle en la Gloria... La alabanza integra las otras formas de oración y las lleva hacia Aquél que es su fuente y su término' (CEC 2639).

- Alabar a Dios en medio de la prueba significa que nuestra fe en él es más fuerte que todo lo que nos rodea y que somos capaces también, como Moisés, de comportarnos como si viéramos al invisible. La Escritura nos ofrece hermosos ejemplos de hombres que superaron as! la prueba. Tres hombres judíos, que fueron condenados a morir en el horno de fuego,

* 'cayeron atados en medio del horno de fuego ardiente. Iban ellos por entre las llamas alabando a Dios y bendiciendo al Señor'(Dn 3,23-24).

¿Quién sería capaz de hacer semejante cosa apoyándose sólo en la inteligencia y la fuerza de la voluntad?

- Más cercana es la historia de Pablo y Silas. Habían tenido una terrible experiencia:

* 'La gente se amotinó contra ellos; los pretores les hicieron arrancar los vestidos y mandaron azotarles con varas, los echaron a la cárcel y mandaron al carcelero que los cuidase con todo cuidado. Este, al recibir tal orden, los metió en el calabozo interior y sujetó sus pies en el cepo' (Hch 16,22-24).

¿Qué estado de ánimo pueden tener dos personas que están pasando por semejante situación? Es como para estar hundidos y pensar que el Señor, a quien sirven, los ha abandonado. Sin embargo ellos se debían sentir muy distintos, porque

* 'hacia la medianoche Pablo y Silas estaban en oración cantando himnos a Dios' (Hch 16,25).

La situación era más que peligrosa, pero creían firmemente que el Señor est presente en todas las pruebas, grandes o pequeñas, y sabían que la solución sería la que Dios tenía preparada y ninguna otra; además creían que, fuera la que fuera, sería la mejor desde el punto de vista de Dios. Por eso, no estaban preocupados por el peligro, sino dedicados por entero a alabar a Dios, tanto que hasta les quedaban ánimos para cantar salmos a medianoche.

 

 

 

Es el último de los frutos de la paciencia que nos capacita para sobreponernos ante la prueba y llevarla dignamente. Lo que Dios espera de los suyos es que aceptemos las pruebas, pero que además las aceptemos con gozo, algo as! como el ejercicio todavía más difícil de las pruebas.

- A diferencia de los criterios del mundo, que sólo ven el mal en cualquier clase de tribulación o prueba, la Palabra de Dios nos propone como norma el gozo ante ellas:

* 'Considerad como un gran gozo, hermanos míos, el estar rodeados de toda clase de pruebas' (St 1,2).

- Es verdad que la aceptación gozosa de las pruebas supone cierto grado de crecimiento, porque no es fácil aceptarlas con alegría, aunque sean pequeñas, ni se puede tampoco entrar en experiencia de gozo por el hecho de quererlo. Con nuestro esfuerzo podemos aceptar, desde la voluntad, la situación de tribulación, decidir que queremos vivirla en el Señor, pero el gozo es uno de los frutos del Espíritu, del que no podemos apropiarnos a discreción, sino que viene de él cuando hemos alcanzado cierto grado de madurez. Entonces estamos firmemente convencidos de la intervención de Dios en las pruebas a favor nuestro y aceptamos como cierto que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman.

- Cuando la fe es firme y el gozo del Espíritu sostiene nuestro corazón, todo se puede superar:

* 'Tranquilo espero el día de la angustia, que va a subir sobre el pueblo que nos asalta. Pues la higuera no volver a echar brotes ni habrá qué recoger en las viñas. Fallar la cosecha del olivo, los campos no darán alimento, faltar el ganado menor en el aprisco, no habrá ganado mayor en los establos. ¡Mas yo en Yahveh exultaré, jubilar en el Dios de mi salvación!' (Ha 3,16-19).

- Estas expresiones no nos animan a que mostremos gozo exterior y visible, a semejanza de la alegría que produce una buena noticia o un golpe de fortuna en la vida, sino que se refieren al gozo interior, invisible, en el espíritu, que transciende la naturaleza humana y por lo mismo queda imperceptible para ella. La Palabra de Dios nos dice que, cuando los setenta y dos discípulos volvieron de su correría evangelizadora y le contaron al Señor que hasta los demonios se les sometían en su nombre, Jesús 'se llenó de gozo en el Espíritu Santo'(Lc 10,21). Este es el gozo que debe acompañar a las pruebas, un gozo que nada tiene que ver con lo que los hombres suelen llamar con este nombre, un gozo que es posible encontrar en medio de una apariencia exterior de dolor y aun de muerte. A Jesús no se nos presenta gozoso y dando saltos de alegría en el huerto de Getsemaní ante la prueba de la pasión y muerte, sino todo lo contrario; su naturaleza humana est tan presionada por los acontecimientos que

* 'Comenzó a sentir tristeza y angustia... hasta el punto de morir' (Mt 26,37-38).

- Su oración estuvo acompañada de gran sufrimiento y angustia:

* 'Puesto de rodillas oraba diciendo: 'Padre, si quieres, aparta de m! esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya'... Sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra' (Lc 22,41-44).

- Su situación era tan aterradora que necesitó una ayuda especial del cielo:

* 'Se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba' (Lc 22,43).

- A pesar de todo lo que transcendía al exterior, su corazón rebosaría de gozo al ver cómo iba a llevar a cabo finalmente la última parte de la misión que le había encomendado el Padre y cómo le daba gloria haciendo su voluntad. En definitiva, el gozo perfecto es el de la cruz, donde el Espíritu funde a los discípulos con el Maestro, donde se encuentra la fortaleza, desde la cual se puede hacer frente a todas las pruebas y superarlas con el poder del crucificado que actúa en los verdaderos discípulos.

 

4. Aceptación gozosa de las pruebas

 

3. Con alabanza

 

2. Con acciones de gracias

 

'Si nuestro Dios a quien servimos es capaz de librarnos, nos librará del horno de fuego ardiente y de tu mano, oh rey; y si no lo hace, has de saber que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has erigido'. (Dn 3,17-18).

Acostumbrados como estamos a ver las cosas con óptica humana ante todo, nos parece absurdo hablar de gozo en las pruebas. Pero ¿es ésa la visión de Dios?

 

 

1. En busca de mayor calidad