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Orar con la Palabra de Dios. La oración de Alabanza.

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Comienza explicando las distintas formas de relacionarse con Dios, en qué consiste la oracion de alabanza..., para entrar luego de lleno en su verdadero contenido: una sección de oraciones de alabanza a Dios en general, y otra de exaltación a Jesucristo.

Ed CCS, 232 p.
Autor: Maximiliano Calvo.

Primera edición, 1999. Quinta edición, 2003.

 

 

Orar con la Palabra de Dios.

La oración de Alabanza.

 

33. SANTO

  Señor Jesús, te ensalzamos y glorificamos en tu santidad, la misma que poseen el Padre y el Espíritu, porque tú eres Dios como ellos y participas de su misma naturaleza. Te glorificamos por la perfección que hay en ti, porque todo es perfecto, infinitamente perfecto, como corresponde al Hijo de Dios, infinito en todas sus perfecciones, entre las cuales encontramos la santidad, tan evidente que hasta los demonios la confesaron, como en la sinagoga de Cafarnaúm, donde "un hombre poseído por un espíritu inmundo, se puso a gritar: ‘¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el santo de Dios’" (Mc 1,23.24).

 

Por eso nosotros, a quienes el Padre ha elegido en ti " antes de la creación del mundo para ser santos e inmaculados en su presencia en el amor" (Ef 1,4), queremos unir nuestras voces a los seres celestiales, de los que nos habla Juan, de los Ancianos y los Vivientes que ante ti y ante el Padre "repiten sin descanso día y noche: ‘Santo, Santo, Santo, Señor, Dios Todopoderoso, Aquel que era, que es y que va a venir'" (Ap 4,8). Y con ellos te proclamamos infinita y eternamente santo, santo, santo.

 

Cuando el ángel anunció a María su maternidad le dijo estas palabras: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios" (Lc 1,35). Fuiste "constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad" (Rm 1,4) y durante tu paso por la tierra lo hiciste todo desde tu santidad, porque sólo así podías llevar a cabo la obra que se te había encomendado, pues está escrito: "Así es el Sumo Sacerdote que nos convenía: santo, inocente, incontaminado, apartado de los pecadores, encumbrado por encima de los cielos" (Hb 7,26). Y también nos diste a entender que tu santidad y la del Padre eran la misma cuando orando al Padre le dijiste: "Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros" (Jn 17,11).

 

Te bendecimos porque has querido hacernos partícipes de tu santidad mediante tu obra, pues se nos ha dicho a tus discípulos: "A vosotros... os ha reconciliado ahora por medio de la muerte en su cuerpo de carne, para presentaros santos, inmaculados e irreprensibles delante de él" (Col 1,21-22). Y en otro lugar tu Palabra nos califica como "santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos" (Rm 1,2). Bendito seas, Señor, desde esta santidad a la que nos llamas, tan preciosa que ha tenido que ser obra de tu sangre y de la acción del Espíritu, y bendito seas desde toda la santidad que te ha complacido derramar sobre la humanidad en sustitución de nuestro pecado, como respuesta al amor del Padre. Y aunque todavía no hemos llegado a la santa morada que nos tienes preparada, donde tu santidad es vista y participada en plenitud, nos unimos desde la fe a la proclamación de tu santidad en el cielo, en aquella escena que Juan vio y describe así: "Cantan el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del cordero, diciendo: ‘Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios Todopoderoso; justos y verdaderos tus caminos, ¡oh rey de las naciones! ¿Quién no temerá, Señor, y no glorificará tu nombre? Porque sólo tú eres santo, y todas las naciones vendrán y se postrarán ante ti" (Ap 15,3-4).