Tras referirme en los anteriores temas el Señorío de Cristo sobre lo que el hombre es y tiene, podemos concluir sin riesgo a equivocarnos que ciertamente no es el hombre dueño, sino ADMINISTRADOR de todo lo que el Señor ha puesto bajo su cuidado: los dones espirituales, el tiempo, los bienes materiales, las capacidades intelectuales, la familia, el propio cuerpo, y otros muchos aspectos y realidades.