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Objetivos

Aprender a aceptar a todas las personas, como Jesús que se acerca a la samaritana. Descubrir que tenemos sed de Dios, que necesitamos del agua que Jesús nos ofrece, un agua viva, que es Él mismo, la vida eterna. Necesitamos un encuentro con Jesús todos los días en nuestra oración.

Reflexión

Durante estos temas hemos escuchado las historias de muchos hombres que acudían a Jesús. Unos querían escuchar su mensaje de amor y salvación, otros buscaban sanación, otros buscaban perdón (como la mujer que lavó los pies de Jesús) y otros se acercaban a Él sólo por curiosidad. Hoy nuestra protagonista no buscaba encontrarse con Jesús, sino que es Jesús quien acude a ella, es Jesús quien la elige para darle un gran regalo. Este regalo también es para ti. Escuchemos.

Jesús y sus discípulos llegan a un pueblo cerca de la ciudad de Samaria. Los habitantes de esta región se llaman samaritanos. "Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. Llega una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber.» Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice la mujer samaritana: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.) " (Jn 4,6-9). Jesús se encuentra con la samaritana y le pide un favor: un poco de agua porque tiene sed. ¿Cómo es posible? Los judíos y los samaritanos eran enemigos. Los judíos se creían mejores que los samaritanos. Jesús, era judío y demuestra que no es enemigo de nadie. Jesús ama a todas las personas, todas somos importantes para Él. Él quiere que todos los hombres le conozcan y se salven, sean de la región que sean. ¿Tú eres enemigo de alguien? [...] ¿Por qué? [...]

 

Jesús le respondió:«Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.»Le dice la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ... Jesús le respondió:«Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.» (Jn 4,10-14). Supongo que la mujer estaría sorprendida y si la promesa de Jesús de no tener sed jamás era cierta, no tendría que venir todos los días con el cántaro para buscar agua. Merecía la pena seguir investigando sobre esa agua que ofrecía aquel hombre. Así que la samaritana le pide de esa agua a Jesús. "Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla." (Jn 4,15). Ahora que la samaritana le ha abierto el corazón y está a la escucha, es cuando empieza Jesús a cambiar su corazón. Primero le hace ver su pecado para salvarla, y es que está viviendo con un hombre que no es su marido y que ha tenido ya cinco maridos. La samaritana descubre su debilidad, su necesidad de felicidad, no puede esconderse delante de Jesús. Jesús quiere enseñarle que el agua que le ofrece no es la que sale del pozo. Quiere enseñarle que ella tiene sed, pero no de agua. ¿De qué tiene sed? Sed de Dios.

Os voy a poner un ejemplo. Sara, una niña de ocho años, ha estado una semana en el hospital porque tenía muchos dolores de tripa. Su mamá no podía ir a verla porque tenía que atender a sus otros hijos más pequeños. Sara se sentía sola y aunque los médicos la trataban muy bien, echaba de menos a su mamá, sus amigos, los juguetes, su cama,... hasta la escuela. Deseaba volver a casa y encontrarse con sus papás y sus hermanos. Sara tenía SED de su familia. Así le pasaba a la mujer samaritana, tenía sed de Dios. ¿Tú también tienes sed de Dios? [...] Sed de encontrarte con Jesús, que te perdona, que te escucha, te quiere, te protege, te anima, te sana, te salva,... ¿Qué más se puede pedir?. ¿O Tal vez sólo tienes sed de ser el mejor de la clase, de tener éxito, de ser el más inteligente, de ser famoso, de tener mucho dinero...? Jesús te ofrece un gran regalo, como a la mujer samaritana, un agua que no se acaba nunca, un agua que calma la sed que todos tenemos de Dios. Es el agua de la vida eterna, el agua de su Espíritu Santo, el agua de la fe en Jesucristo. ¿Quieres esta agua? [...] ¿Cómo la puedes conseguir? Acudiendo a Jesús en tu oración cada día, teniéndole presente en cada cosa que hagas. La samaritana aceptó y estaba tan emocionada que corrió a su pueblo a contar a todos lo que había descubierto y "Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por las palabras de la mujer" (Jn 4,39).

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