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15. Jesús, la pecadora arrepentida y el fariseo

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Objetivos

Descubrir que Jesús quiere que confesemos nuestro pecado, quiere que le demostremos nuestro amor como lo hizo la mujer y Él olvidará y perdonará nuestro pecado. Aprender a mirar nuestro pecado y no el de los demás como hacía el fariseo.

Reflexión

Comienza la historia con la invitación que un fariseo le hace a Jesús, para comer en su casa. Los fariseos eran los que cumplían la ley y se creían buenos. En la misma ciudad había una mujer pecadora a la que todos conocen y los fariseos desprecian. Esta mujer estaba triste porque sabía que había pecado y su pecado la alejaba de Dios. Posiblemente se sentía sola, desanimada, tal vez pensaba que ya no tenía remedio, que ya era demasiado tarde. Se reconocía infeliz y necesitada de Dios. ¿Te has sentido así alguna vez a causa de tu pecado? [...] Nuestra protagonista deseaba en su corazón encontrarse con ese hombre llamado Jesús, que no sólo tenía poder para curar a los enfermos sino también para perdonar los pecados. Cuando la mujer se enteró de que Jesús iba a cenar a casa del fariseo Simón, pensó: "Esta es mi gran oportunidad, no la puedo desaprovechar, no me importa lo que digan de mí. Yo voy a ir."

Recuerdo una vez, cuando yo tenía 6 años, que empujé a mi hermano de 4 años contra la esquina del pasillo de nuestra casa. Se hizo una brecha en la cabeza. Comenzó a llorar, le salía mucha sangre y mis padres lo llevaron corriendo al hospital. Le cosieron la herida y volvió a casa con la cabeza vendada. Yo no sabía cómo pedir perdón a mi hermano, cómo podía compensar todo el daño que le había hecho. Me sentía muy mal. Cogí a mi hermano, le di un beso y le di todo el dinero que tenía ahorrado en mi hucha. Algo así hizo la mujer pecadora, ¿qué podía dar a Jesús para demostrarle su amor, para demostrarle que estaba arrepentida?. "Al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume y, poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume." (Lc 7, 37-38). Sus lágrimas son sinceras, significan que está arrepentida de su pecado, que hay dolor en su corazón por todo lo que ha hecho mal. Y quiere lavar a Jesús con un perfume muy caro que ha comprado con sus ahorros.

"Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora." (Lc 7,39) Mientras la mujer le abría el corazón a Jesús, el fariseo se dedicaba a juzgar a Jesús y a la mujer. Mientras la mujer se reconoce pecadora y se pone a los pies de Jesús, el fariseo se cree justo, que está por encima de los demás. ¿Tú cómo te comportas, como la mujer pecadora o como el fariseo? [...] Entonces Jesús, que puede leer nuestros pensamientos, dijo: "«Simón, tengo algo que decirte.» Él dijo: «Di, maestro.» «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?» Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más.» Él le dijo: «Has juzgado bien.» (Lc 7, 40–43) Simón lo ha entendido, el acreedor amaba más a quién más dinero le debía. Ahora viene la pregunta que Simón el fariseo no se espera. "Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume " (Lc 7,40-46). Vaya con Jesús, le dice las cosas bien claras al fariseo. Le dice que él no es tan bueno como se cree y le da una lección: "Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados». ... «Tu fe te ha salvado. Vete en paz». (Lc 7,47-50). Nuestra protagonista recibe el perdón de Dios, porque ha demostrado su fe y su gran amor a Jesús. Su vida ahora es distinta, ha cambiado la tristeza por la alegría y como le dice Jesús, se va llena de paz.

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