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Objetivos

Aprender a esperar los planes de Dios, que no siempre coinciden con los nuestros. Aprender de Marta que confesó su fe en Jesús. Aprender de María que lloró a los pies de Jesús. Aprender de Jesús que oró dando gracias a Dios Padre. Recordar que si creemos en Jesús, viviremos para siempre.

Reflexión

¿Tienes amigos? [...] ¿Todos son igual de amigos, o unos son más y otros menos? [...] Jesús, que aunque era Dios también era hombre, tenía amigos. Jesús tenía doce amigos especiales que eran sus doce apóstoles. Un día les dice: "Ya no os llamo servidores, sino amigos" (Jn 15, 15). Y Jesús también tenía otros buenos amigos: tres hermanos llamados Marta, María y Lázaro. Un día su amigo Lázaro se puso muy enfermo. Marta y María sabían que Jesús podía curar a su hermano y amigo, así que "las hermanas enviaron a decir a Jesús: Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo." (Jn 11,3). Y ¿Qué hizo Jesús cuando escuchó que Lázaro estaba muy enfermo? [...] ¿Fue corriendo a Betania, donde estaba enfermo su amigo? No. Jesús se queda en el lugar donde estaba. ¿Es que Jesús no quiere ayudarle? Sí que quiere. Para Jesús sería muy fácil ir y sanar a su amigo Lázaro y ya está. Pero Jesús tiene otro plan para Lázaro, un plan muy especial. Y esto requiere que Jesús se quede más tiempo en el lugar donde está, tienen que pasar unos días. Nosotros también acudimos a Jesús a pedirle ayuda, y esperamos que al instante se solucione nuestro problema, que Jesús actúe con su poder. Pero muchas veces Jesús nos hace esperar un tiempo, Jesús tiene otro plan, un plan mejor, como le sucedió a Lázaro. Pasan dos días y Lázaro ya ha muerto. Imaginad qué sorprendidos estarían los discípulos. Ellos sabían que Jesús amaba a Marta, María y Lázaro. Estaban seguros de que Jesús hubiera podido sanar a Lázaro. Pero ahora Lázaro estaba muerto y Jesús les dice que van a ir a ver a Lázaro. ¿Qué pasará? [...] ¿Cuál es ese plan especial que tiene Jesús?

Las hermanas de Lázaro, Marta y María, se sentían decepcionadas por Jesús. Jesús no había curado a su hermano. Jesús no había venido a ayudarlas. Ahora estaban tristes y no comprendían la forma de actuar de Jesús (nosotros tampoco la comprendemos muchas veces). " Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María permanecía en casa. Dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá.» (Jn 11,20-22) Marta le dice a Jesús lo que piensa: "si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano" y luego le demuestra que a pesar de todo sigue teniendo fe en Jesús, en su poder para hacer cualquier cosa. Entonces "Le dice Jesús: «Tu hermano resucitará.» Le respondió Marta: «Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día.» (Jn 11,23-24) Marta ya sabía que su hermano resucitaría en el último día. Marta no quería esa respuesta de Jesús, Marta quería que su hermano estuviera vivo aquí en la tierra. Entonces Jesús le respondió con algo muy importante: «Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás ¿Crees esto?» (Jn 11,25-26) Marta confesó con sus labios que creía en Jesús, que a pesar de la muerte de su hermano, ella seguía creyendo en Jesús. Nos enseña que aunque estemos tristes, aunque las cosas no vayan como a nosotros nos gustaría, eso no significa que Jesús ya no es todopoderoso o ya no es nuestro amigo. Jesús ha prometido que siempre estaría a nuestro lado. Marta le dice: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo.» (Jn 11,27) Esta confesión de fe fue del agrado de Jesús.

Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.» Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó y dijo: «¿Dónde lo habéis puesto?» Le responden: «Señor, ven y lo verás.» Jesús derramó lágrimas." (Jn 11, 32-35). La otra hermana María también estaba muy triste y al ver a Jesús lloró delante de Él. Nosotros también podemos llorar delante de Jesús, Él sabe lo que nos pone tristes, lo que hace daño a nuestro corazón y Él está siempre dispuesto a darnos consuelo. Jesús al ver llorar a María, se conmovió y lloró.

Jesús llegó al lugar donde estaba Lázaro, era una cueva con una piedra grande a la entrada. Jesús pidió que quitaran la piedra, cosa que parecía poco apropiada, porque saldría de la cueva un mal olor ya que Lázaro llevaba muerto cuatro días. Obedecieron, quitaron la piedra y entonces Jesús hizo una oración de acción de gracias: "Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que tú me has enviado" (Lc 11,41-42). También nosotros hemos de dar gracias a Dios que siempre nos escucha, que atiende todas nuestras oraciones. " Dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal afuera!» Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dice: «Desatadlo y dejadle andar.»" (Jn 11,43-44) Lázaro salió vivo. ¡Lázaro había resucitado! Éste era el plan especial que tenía Jesús, un plan que probaba todo su poder, que demostraba ante todos que Él era el Hijo de Dios. Éste fue el mayor de sus milagros.

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