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11. Jesús, el paralítico y los cuatro amigos

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Objetivos

Aprender de los cuatro hombres que ayudaron al paralítico llevándolo a Jesús , superando muchas dificultades. Descubrir que Jesús no sólo quiere sanar nuestro cuerpo, sino también nuestra alma y espíritu.

Reflexión

Vamos a empezar por el final de la historia de hoy. Termina el pasaje del evangelio de Marcos diciendo: "Jamás vimos cosa parecida" (Mc 2,12) y el de Lucas: "Hoy hemos visto cosas increíbles" (Lc 5,26). Una cosa increíble es una cosa difícil de creer, algo fuera de lo normal, algo que es imposible que sea verdad. ¿Alguna vez habéis visto algo increíble? [...] Seguro que sí. Es increíble cómo se forma un bebé en el vientre de su madre, es increíble cómo los girasoles se mueven, es increíble cómo una persona enferma se sana, es increíble ... Y es increíble lo que hizo Jesús un día en Cafarnaún estando en una casa.

Jesús estaba anunciando la Palabra. Jesús " Entró de nuevo en Cafarnaún; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la palabra. " (Mc 2, 1-2) Ya no cabía nadie más y entonces llegan nuestros cinco protagonistas. Uno de ellos estaba paralítico y no podía andar.

Sus amigos o familiares deciden llevar al enfermo paralítico a Jesús. Saben que Jesús tiene poder para curarlo. Los cuatro amigos quieren ayudar al paralítico. ¿Cómo llevarán a su amigo hasta Jesús? [...] ¿En burro?, ¿en coche?, ... No. Lo llevan andando en una camilla. Uno sólo no puede llevar la camilla, hacen falta cuatro personas para sujetar las dos puntas delanteras y las dos traseras de la camilla. Se unen los cuatro y trabajan en equipo, sabiendo que merece la pena. Si probáis a llevar a alguien en una camilla comprobareis que pesa bastante y que te duelen las manos, pero nuestros protagonistas continúan. Están alegres de poder llevar a su amigo a Jesús. Creen que Jesús puede curar a su amigo y se ponen en marcha. Tienen fe en Jesús.

Por fin llegan a la casa y ven que está llena de gente, no pueden entrar por la puerta. ¿Qué hacen? [...] ¿Se rinden? No. Buscan la forma de subir la camilla al tejado de la casa. Se arriesgan, se esfuerzan de nuevo. Cuando ya están encima del tejado. ¿Qué hacen? [...] Antes, los tejados de las casas eran planos, hechos de barro con paja; así que abren un agujero suficientemente grande para que entre la camilla de su amigo paralítico. ¿Y ahora? [...] No pueden lanzar a su amigo por el agujero, tienen que ingeniárselas para bajarlo de alguna forma. Quizás con unas sogas atadas a las puntas de la camilla, si cada uno sujeta un extremo de la soga podrán ir bajándolo poco a poco hasta dejarlo en el suelo de la casa donde está Jesús. ¡Lo consiguen! y dice la Palabra que lo colocan justo delante de Jesús: "y le pusieron en medio, delante de Jesús." (Lc 5,19). Hay un refrán que dice "querer es poder" y desde luego estos cuatro hombres querían llevar al paralítico hasta Jesús fuera como fuera y lo consiguieron. ¿Os imagináis qué cara pondría Jesús al ver al paralítico bajando del techo? [...] Jesús estaría muy sorprendido.

Jesús vio la fe de estos hombres y entonces actuó con poder. ¿Qué hizo? ¿Hacer que el paralítico andara? [...] No, Jesús se encargó primero de lo más importante. No es el cuerpo lo más importante, sino nuestra alma y nuestro espíritu, que están enfermos por nuestros pecados. Así que Jesús "viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡Ánimo!, hijo, tus pecados te son perdonados" (Mt 9,2). Jesús le dice "ánimo, hijo" , porque Jesús siempre nos anima a continuar, siempre nos trata con cariño y con respeto. Y luego le dice "tus pecados te son perdonados", Jesús ha limpiado el alma y el espíritu del paralítico. Pero la gente duda de su poder. " Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: `Tus pecados te son perdonados', o decir: `Levántate y anda'? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice entonces al paralítico-: `Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa'.»" (Mt 9, 4-6) Y así sucedió; Jesús sanó el cuerpo del paralítico, como querían sus cuatro amigos. Ahora el paralítico podía andar, correr, ... y volver a su casa sin la camilla. Jesús sanó al paralítico por completo, su cuerpo, su alma y su espíritu. Jesús es el único que puede traernos este estado de gracia. El Hijo de Dios, puede curar todas las heridas de nuestra alma con su amor. ¡Qué afortunados somos, pues no tenemos que descolgarnos por el agujero de un tejado para obtener su perdón y su sanación! Jesús está con los brazos abiertos esperándote. Acude a Él, pídele con fe perdón por tus pecados y salud para tu cuerpo y tu alma y Él te lo dará.

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