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Objetivos

Aprender del centurión a ser intercesores, a pedir por las necesidades de los demás. Descubrir que la palabra de Jesús tiene poder.

Reflexión

¡Cuántos milagros hizo Jesús! La gente acudía a su encuentro y Jesús veía en ellos la humildad y la fe y entonces actuaba con poder curando cualquier enfermedad. Hemos visto que Jesús puede parar una tempestad y dar alimento a una multitud de personas. Jesús puede sanar cualquier enfermedad: sanó a la mujer que llevaba doce años enferma, sanó a la hija de Jairo, sanó a los diez leprosos y al ciego Bartimeo. Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre. Lo que hacía entonces, lo puede hacer hoy, te puede sanar a ti. ¿Lo crees? Hoy descubrirás la fe que tenía un soldado.

La historia comienza con un siervo que estaba muy enfermo. El siervo estaba en la cama y no se podía mover, tenía mucho dolor y necesitaba ayuda. El siervo trabajaba en la casa de un soldado romano, de un centurión. El soldado vio a su sirviente enfermo y sintió compasión. El soldado apreciaba mucho a su sirviente y pensó: "tengo que hacer algo", "tengo que buscar ayuda", "no puedo quedarme parado", "no puedo dejar a mi sirviente que enferme más, está sufriendo mucho" . El soldado buscó ayuda no para sí mismo sino para su sirviente. No para su padre o su hija o su mejor amigo, no, buscó ayuda para su sirviente. Esta es una gran enseñanza. Jesús nos pide que amemos a los otros y esta es una forma de hacerlo. ¿Alguna vez has buscado ayuda para un amigo o conocido que estaba enfermo o triste? ¿Has acudido a Jesús presentando a esa persona enferma? ¿Le has pedido a Jesús que lo sane? Cuando oramos por otros estamos intercediendo. Interceder es pedir a Dios por las necesidades de los demás, no por las nuestras. Interceder es interponerse entre Dios y los hombres, ponerse en medio. El soldado intercedió ante Jesús por su siervo enfermo.

El soldado buscó la ayuda de Jesús. Se acercó a Jesús y le rogó, le suplicó, le pidió con humildad, "le rogó diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos.» " Dícele Jesús: «Yo iré a curarle.» " (Mt 8,6-7) Jesús se ofreció a ir a su casa a curarle. Pero... "Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: `Vete', y va; y a otro: `Ven', y viene; y a mi siervo: `Haz esto', y lo hace." (Mt 8,8-9) El centurión era un soldado que obedecía a sus superiores y que a su vez tenía soldados que obedecían sus órdenes. Por ejemplo cuando decía "vamos a la derecha" todos iban hacia la derecha, y si decía "paremos aquí a dormir" se paraban. [Podemos escenificar estas órdenes]. El centurión pensó que no era necesario que Jesús fuera a su casa, porque Jesús era como "un soldado jefe" que podía dar órdenes que seguro se iban a cumplir. El centurión creyó que Jesús era tan poderoso que si mandaba a la enfermedad que se fuera se iría. ¿Recodáis que Jesús le dijo al viento y al mar que se pararan y se pararon?. Pues el centurión creía que si Él decía "haz esto" se cumpliría. ¿Tú lo crees? .

Jesús se quedó maravillado por su fe :" Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. " (Mt 8,10) " Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te suceda como has creído.»" (Mt 8,13) Dice Jesús: que suceda lo que has creído. Que sencillo, Jesús sólo le pide al centurión una cosa: creer. No hace falta que Jesús vaya a su casa (como en el caso de Jairo), no hace falta que Jesús ponga sus manos sobre el siervo enfermo o toque su manto (como la mujer), solo hace falta una palabra de Jesús y la palabra de Jesús es: "que te suceda como has creído". Entonces el soldado volvió a su casa convencido de que su siervo había sido curado. A nosotros a veces nos pasa que sólo creemos lo que vemos, que dudados del poder de Jesús si no lo vemos con nuestros propios ojos. El soldado no había visto a su siervo curado, pero lo creía, no tenía ninguna duda. Y termina el evangelio de Mateo diciendo; "Y en aquella hora sanó el criado." (Mt 8,13). El siervo sanó porque así lo creyó el soldado, que se acercó a Jesús suplicando una palabra, una orden del Todopoderoso.

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