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6. Jesús y la mujer que toca su manto

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Objetivos

Descubrir que Jesús está deseando que acudamos a Él. Él quiere sanar nuestras enfermedades, tan sólo necesita nuestra fe. Necesitamos comprender que para Jesús, el hijo de Dios, todo es posible.

Reflexión

Muchas personas se encontraron con Jesucristo. Muchas personas buscaron a Jesucristo. ¿Eres tú una de ellas? [...] Hoy vamos a reflexionar sobre una mujer enferma que buscó a Jesús para ser sanada.

No sabemos cómo se llamaba estaba mujer, ni si era joven o adulta; el Evangelio sólo nos dice que estaba enferma desde hacía doce años. ¡Doce años! ¿Cuántos años tienes tú? [...] 8 años, 10 años... La mujer llevaba enferma más años de los que tú tienes. Esta mujer "había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor " (Mc 5,26). De médico en médico y ninguno le daba solución para a sus problemas. Nuevos tratamientos y medicamentos y ninguno sanaba su situación, al contrario, iba a peor. En una situación así, acabas aburrido, harto, te sientes impotente y pierdes la esperanza de que algún día tu enfermedad pueda sanar. Aquella mujer ya nada podía hacer. Pero había oído habar de Jesús. Sabía que Jesús amaba a las personas, sabía que tenía poder para curar. Jesús estaba en su ciudad, no podía perder esta oportunidad, así que salió a su encuentro.

¿Te has sentido alguna vez como esta mujer; impotente, débil ante las situaciones, ...? [...] ¿Te has rendido o has seguido intentándolo? [...] Por ejemplo: si no se te da bien leer o hacer los ejercicios de cálculo o tienes una alergia o un problema de huesos o... Sigue buscando, no te rindas ante las dificultades. Nuestra protagonista no se rindió.

La mujer salió a la calle y se encontró con una dificultad: una gran multitud de gente rodeaba a Jesús. Dice en Marcos 5, 24 "Le seguía un gran gentío que le oprimía." ¿Habéis estado alguna vez entre una multitud de gente? [...] Sólo ves cabezas a tu alrededor, te falta el aire, no ves el camino, pierdes la orientación... Pero esta mujer siguió adelante entre la multitud y pensó: "Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, seré sanada" (Mc 5,28). No pedía hablar con Jesús y contarle su problema para que Él la sanara, tan sólo pedía tocar sus vestidos. Ella pensaba que con sólo tocar la túnica de Jesús quedaría sanada. ¿Qué pensáis? [...] ¿Es eso posible? [...] Es posible, sí, porque la fe de esta mujer era muy grande. Así fue, la mujer tocó la túnica de Jesús, fue un toque de fe, un toque que pedía ayuda. "Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal" (Mc 5,29). ¡Sanó inmediatamente! Su fe recibió la respuesta: sanación.

¿Qué pasó después? "Al instante Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?» Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: `¿Quién me ha tocado?'» Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho." (Mc 5, 30-32). Jesús sabía que alguien especial le había tocado y que ese toque era una señal de fe. "Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad»" (Mc 5,33-34). La mujer se postró, se arrodilló ante Jesús, ante Aquel que la acababa de sanar y dio testimonio delante de todos de su sanación. Y Jesús la miró con amor, con el amor de un padre por sus hijos y le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad."

La mujer cambió al encontrarse con Jesús, su corazón se llenó de gozo y de paz, su fe en Jesucristo aumentó y seguro que contó a todos sus vecinos y amigos lo sucedido. Tú puedes ser como esta mujer. No importa cual sea tu problema o enfermedad, "para Dios todo es posible" (Mt 19,26). Busca la ayuda que necesites en los medios naturales (en médicos, en profesores, en personas que oren contigo... ), pero también busca la ayuda en Jesús. Ora, ten fe, demuestra tu confianza en Dios y llegará la solución o la sanación. Y luego, no lo guardes como un secreto, cuéntalo a los demás igual que esta mujer confesó que Jesús le había sanado.

Otra lección que podemos aprender hoy es la "persistencia", la perseverancia, no rendirnos antes las cosas que nos cuestan trabajo, que no se nos dan bien, que suponen un esfuerzo... Ser constantes.

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