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Objetivos

Descubrir que las relaciones sexuales fuera del matrimonio son un acto contrario a la voluntad de Dios para el hombre.

Reflexión

Os voy a contar algo que le pasó al rey David. El rey David era un hombre fiel, perfecto y santo. Es decir un hombre bueno, pero... ¿qué le sucedió?

"Un atardecer se levantó David de su lecho y se paseaba por el terrado de la casa del rey cuando vio desde lo alto del terrado a una mujer que se estaba bañando. Era una mujer muy hermosa. Mandó David para informarse sobre la mujer y le dijeron: «Es Betsabé, hija de Elián, mujer de Urías el hitita.» David envió gente que la trajese; llegó donde David y él se acostó con ella, cuando acababa de purificarse de sus reglas. Y ella se volvió a su casa" (2 Samuel 11,2-4). David vio a una mujer hermosa y entonces entró en funcionamiento su deseo sexual. Este deseo le entró por los ojos, por lo que vio desde una torre, por eso debemos tener tanto cuidado con lo que vemos. Ante este deseo sexual había dos opciones; una opción era pararlo, dejar de mirar, ponerse a realizar otra actividad, ponerse en oración... y la otra opción era buscar como fuese satisfacer ese deseo. ¿Qué es lo correcto? [...] ¿Qué hizo David? [...] David tenía una buena posición social y la aprovechó mandando que le trajeran a esa mujer llamada Betsabé y David se acostó con ella. ¿Está bien que David se acostara con esta mujer casada? [...] No, ¿y si hubiera estado Betsabé soltera? [...] No, porque las relaciones sexuales se deben dar dentro del matrimonio.

Pero la historia no termina aquí. David tramó ir más allá al ver que Urías, el marido de Betsabé, era un estorbo para gozar con tranquilidad de esta mujer hermosa. Así que pensó un plan para quitar de en medio al marido: escribió David una carta a Joab, jefe de la tropa, y se la envió por medio de Urías. "En la carta había escrito: «Poned a Urías en primera línea, donde la lucha sea más reñida, y retiraos de detrás de él para que sea herido y muera»" (2 S 11,15). Y así fue. Todo sucedió como David había organizado y Urías murió en la batalla. David ya estaba contento.

Después, "pasado el luto, David envió por ella y la recibió en su casa y la tomó por mujer; ella le dio a luz un hijo; pero aquella acción que David había hecho desagradó a Yahvé" (2 S 11,27).

Dios intervino enviando a un hombre llamado Natán. "Envió Yahvé a Natán donde David, y llegando a él le dijo: «Había dos hombres en una ciudad, el uno era rico y el otro era pobre. El rico tenía ovejas y bueyes en gran abundancia; el pobre no tenía más que una corderilla, sólo una, pequeña, que había comprado. Él la alimentaba y ella iba creciendo con él y sus hijos, comiendo su pan, bebiendo en su copa, durmiendo en su seno igual que una hija. Vino un visitante donde el hombre rico, y, dándole pena tomar su ganado, sus vacas y sus ovejas, para dar de comer a aquel hombre llegado a su casa, tomó la ovejita del pobre y dio de comer a aquel hombre llegado a su casa.» David se encendió en gran cólera contra aquel hombre y dijo a Natán: «¡Vive Yahvé! que merece la muerte el hombre que tal hizo. Pagará cuatro veces la oveja por haber hecho semejante cosa y por no haber tenido compasión»" (2 S 12,1-6). David contestó justamente, diciendo que aquel hombre rico había actuado muy mal robando y matando a la ovejita querida del pobre, y que merecía un castigo. ¿Quién era el hombre rico de esta historia? El rey David, y ¿quién era el hombre pobre? Urías, y ¿quién era la ovejita? Betsabé. David le había "robado" la mujer a Urías. Natán le dijo: "Tú eres ese hombre" (2 S 12,7). Entonces David se dio cuenta de la gravedad de su pecado.

Por último Dios anuncia un castigo a David y él se arrepiente de su pecado. David dijo a Natán: «He pecado contra Yahvé.» Respondió Natán a David: «También Yahvé ha perdonado tu pecado; no morirás. Pero por haber ultrajado a Yahvé con ese hecho, el hijo que te ha nacido morirá sin remedio»" (2 S 12,13-14). Dios aplica su amor a los hombres, pero también su justicia. Y en este caso David recibe un castigo muy duro por parte de Dios.

En esta etapa de nuestra vida pensamos que esto no nos va a pasar a nosotros. Pero "el que crea estar en pie, mire que no caiga" (1 Co 10,12). Lo importante es tener las cosas muy claras desde ahora, para que cuando en la adolescencia o en la juventud nos sintamos atraídos por chicas o chicos, no cedamos a los deseos de nuestra carne manteniendo relaciones sexuales. Debemos aprender a mantener a raya nuestros instintos sexuales y valorar la virginidad. Se dice virgen a la persona que no ha tenido relaciones sexuales. Cuando llegue el momento del matrimonio, entonces las relaciones sexuales serán especiales, únicas,... porque sabrás que ese chico no ha tenido relaciones sexuales con otras chicas ni la chica con otros chicos, ambos en el nuevo matrimonio se estaban reservando el uno para el otro y eso es lo verdadero, lo bueno, lo que agrada a Dios. Y cuando algo agrada a Dios, Dios lo bendice. Como veíamos en los primeros temas: "tu Dios te hará prosperar en todas tus empresas... guardando sus mandamientos" (Dt 30,9-10).

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