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Objetivos

Descubrir que para usar bien nuestra sexualidad necesitamos fortalecer la inteligencia y la voluntad.

Aprender que el sexto mandamiento nos prohíbe usar mal nuestra sexualidad: de palabra, de pensamiento o de obra.

Reflexión

¡Hay tanto que decir y que aprender sobre la sexualidad! Antiguamente era un tema tabú del que nadie hablaba, era un secreto escondido en la intimidad de cada persona. Antes, los novios no se podían coger de la mano y mucho menos besar en público. Ahora nada es tabú. Ahora nada es secreto. Ahora todo está permitido. Ahora la sexualidad está al alcance de cualquiera, a cualquier edad, como si se tratara de una barra de pan que se compra en la panadería de la esquina. Ahora... hemos pasado del frío al caliente. ¿Por qué? [...] ¿Por qué nos gusta hacer con nuestro cuerpo lo que queramos? ¿Por qué creemos que el sexo puede proporcionar bienestar, felicidad? ¿Por qué creemos que el sexo puede proporcionar el amor de otra persona? ¿Por qué ya no se valora la amistad? ¿Por qué no tenemos otra forma mejor de aprovechar el tiempo? ¿Por qué no sabemos hablar con las personas, compartir los sentimientos, los sueños... y nos resulta más fácil "tirarnos" a alguien? [...] Nosotros somos el futuro de esta sociedad y está en nuestras manos el cambiarlo. ¿Qué opinas? [...]

Sabemos que sexo y amor no son lo mismo. Pero no nos importa perder el amor y tener sexo. Si valoráramos más nuestra sexualidad, la cuidaríamos más. Por ejemplo: cuando me regalan una caja de bombones cojo uno y me lo como saboreándolo, otro día como otro, otro día otro y así hasta que se acaban. Me los como poco a poco, porque me da pena que se acaben. Si me los comiera todos de vez, me sentarían mal y sólo los disfrutaría un día y no un mes entero. Pero para conseguir comerse los bombones de uno es uno hay que tener una gran fuerza de voluntad. Así nuestra sexualidad, como ya hablamos en el tema pasado, hay que ir descubriéndola poco a poco y para ello necesitamos de dos grandes armas que Dios nos ha dado: inteligencia y voluntad. La inteligencia nos la ha dado Dios, pero debemos ampliarla con formación y con estudio. Necesitamos inteligencia para distinguir lo bueno de lo malo. Inteligencia para saber si una película o serie de televisión me conviene o no. Inteligencia para descubrir con qué clase de amigos debo de ir. Y ayudando a la inteligencia, necesitamos la voluntad. Voluntad para apagar la televisión y voluntad para no ir con quien no nos conviene. ¿Cómo es tu voluntad? [...] ¿Cuánto tiempo eres capaz de estar estudiando sin levantarte de la silla? [...] ¿Te levantas de la cama rápidamente? [...] ¿Terminas lo que empiezas? [...] Recuerda lo que nos dice la Palabra de Dios: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Flp 4,13). La voluntad nos ayuda a no dejarnos llevar por las apetencias, a no dejarnos llevar por: "qué buenos que están los bombones" o "qué sueño tengo" o "qué cansado estoy" o "me tiraría a esa chica". "No te dejes arrastrar por tus pasiones, refrena tus deseos. Si te concedes todos tus caprichos serás el hazmerreír de tus enemigos. No te aficiones a una vida de placer, ni te dejes dominar por él" (Si 18,30-32). Y junto a la inteligencia y la voluntad necesitas la presencia del Espíritu Santo que quiere llevarte por el camino adecuado: "el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo", dice Jesús en Juan 14,26.

El sexto mandamiento nos dice "no cometerás actos impuros". Estos actos pueden ser: pensamientos, palabras u obras. ¿Cuáles son los actos impuros?
- De pensamiento: van contra el sexto mandamiento todos los deseos, imaginaciones, recuerdos, emociones y afectos consentidos con el fin de procurarse un placer sexual. Nosotros tenemos la voluntad para pararlos, para no dejar correr el agua por el grifo. Podemos cerrar el grifo a esta tentación, podemos parar los pensamientos. Jesucristo nos dice en su Palabra: "Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón" (Mt 5,27-28). Es decir: desear a la mujer casada con otro hombre es un pecado contra el sexto mandamiento. Pero también dejar que la fantasía me lleve a tener relaciones sexuales con una chica soltera o casada, como si fuera una realidad, es un pecado contra el sexto mandamiento.
- De palabra: son las conversaciones donde el tema central es el sexo tratado de forma despectiva, fuera de lugar y sin el valor que tiene. Por ejemplo: contar chistes sobre el sexo fuera de lugar, leer libros, revistas de pornografía... "El justo aborrece la palabra engañosa" (Pr 13,5).
- De obra: masturbación, relaciones prematrimoniales, prostitución, pornografía, homosexualidad, violación, adulterio, poligamia, unión libre, divorcio,... Continuaremos el próximo tema explicando estos términos.

Señor, capacítanos para aprender a utilizar el gran don de la sexualidad que nos has dado. Concédenos hablar con conocimiento y tener pensamientos dignos de tus dones (cf Sb 7,15). Amén.

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