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La humildad es una cualidad preciosa que nos abre todas las puertas cuando queremos llegar hasta el trono mismo de Dios.

Ed Fundación Palabra de Vida, 92 p.
Autor: Maximiliano Calvo.

Primera Edición 2004

 

 

La Humildad

 

INTRODUCCIÓN

Cuando vemos el título de un libro, hay temas ante los que el lector siente cierta curiosidad que le empuja a la lectura, a pesar de no tener ningún otro dato que avale su calidad. Otras veces sucede lo contrario: el mismo título puede producir rechazo y hacer de freno para la decisión de leerlo. Por eso, quienes tienen a su cargo las relaciones comerciales o la responsabilidad económica de la empresa editorial se fijan en todo. Uno de los primeros libros que entregué a cierta editorial tenía un título que daba mucha luz acerca del contenido del mismo, pero me dijeron que había que cambiar el título porque aquél no era comercial. Les propuse cuatro o cinco títulos para que eligieran y optaron por uno que sonaba bien, pero no daba ninguna luz acerca del contenido del libro. 

Es posible que con el título de este breve trabajo suceda algo parecido. En estos tiempos en que se vive pensando y trabajando para lograr el éxito y el triunfo en todo, ¿quién está ansioso de leer algo sobre la humildad, si además piensa que esta lectura le puede desestabilizar su relación con Dios o sus comportamientos ante los hombres? Sin embargo, he preferido entrar con la verdad por delante y anunciar de qué trata, aunque guste más oír o leer otras cosas, porque la humildad es una cualidad preciosa que nos abre todas las puertas cuando queremos llegar hasta el trono mismo de Dios. Después de pensar despacio en su poder y su grandeza, me parece haber llegado a la conclusión de que la humildad y la fe son los dos pies que nos capacitan para caminar por el Reino de Dios en todas las direcciones, y que tienen el mismo poder para bajar que para subir, para caminar por los espacios abiertos que para penetrar los oscuros rincones de los misterios divinos, para atraer la mirada del Altísimo que para vencer a los enemigos más poderosos. 

Espero que quienes lo lean lleguen a esta conclusión y descubran, si no lo han hecho antes, que el camino de la verdadera grandeza, que es el que recorrió el Maestro de Nazaret, no puede ser otro que el de la verdadera humildad.