
La mayoría de la gente al realizar el viaje de su vida no conocen de dónde vienen ni a dónde van, y lo que es peor no se interesan por saberlo.
Ed Fundación Palabra de Vida, 84 p.
Autor: Maximiliano Calvo.
Primera Edición 2004
Dios te está hablando. ¿Escuchas?
Capítulo:
Introducción
Tal vez la imagen que mejor le va al hombre, si intentamos describir su realidad global, sea la de caminante o viajero. En realidad eso es su vida: un viaje. Pero ¿tiene sentido hacer un viaje sin saber de dónde parte el viajero y a dónde se dirige? Sería absurdo en un adulto. Pues esto sucede realmente en mucha gente: que están haciendo el viaje de la vida, pero no conocen de dónde vienen ni a dónde van. Y lo que es peor: no se interesan por saberlo; simplemente ven que están de paso, sin que les preocupe la meta a la que se dirigen o sin que les preocupe lo suficiente como para que se pregunten en serio y tomen medidas con el fin de dirigirse a su destino y asegurarse de que van a llegar a él. Y tal vez el problema principal consista en que no tienen a su alcance una respuesta fácil y demostrable; así que, cuando se les dice que la meta es Dios y la vida eterna, reaccionan diciendo como los atenienses a la predicación de Pablo: «Sobre esto ya te oiremos otra vez» (Hch 17,34). ¡Una forma sencilla de mandarlo a paseo!
Vamos a reflexionar sobre este hecho y poner de manifiesto que lo que el hombre tiene que hacer y que le parece imposible no es tan difícil, porque Dios, la meta, viene al encuentro del hombre de distintos modos, de forma que el hombre no sólo puede entender lo que antes no era capaz de entender, sino que además puede aprovecharse ya de esa cercanía de Dios que le lleva, como de la mano, hacia su destino final en él. Nuestro Dios no es un dios escondido ni mudo. Al contrario: Quiere relacionarse con cada hombre, hablar con cada uno, ayudar... orientar, guiar... sencillamente porque Dios «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad» (1 Tm 2,5).
La fuerza de estas reflexiones la tenemos que descubrir sobre todo en la Palabra de Dios, que contiene la revelación que Dios nos hace de sí mismo, de sus planes y de su amor para el hombre. Más aún: sólo la Palabra tiene en sí misma fuerza suficiente para hacer germinar en el hombre la fe que le lleva a buscar a Dios, abrirle el corazón y enderezar el rumbo hacia la verdadera meta del encuentro pleno con Dios.
ÍNDICE
Introducción
1. Dios viene al encuentro del hombre
2. La palabra revelada
3. Los tiempos de la revelación
4. El hombre ante la Palabra de Dios
5. El estilo de Dios
6. Lectura y estudio de la Palabra de Dios
7. Escuchar la Palabra de Dios
8. Dios nos habla por la creación
9. El lenguaje de la creación
10. Una voz en la conciencia
11. Formación de la conciencia
12. Otros modos de hablar Dios al hombre
INTRODUCCIÓN
Tal vez la imagen que mejor le va al hombre, si intentamos describir su realidad global, sea la de caminante o viajero. En realidad eso es su vida: un viaje. Pero ¿tiene sentido hacer un viaje sin saber de dónde parte el viajero y a dónde se dirige? Sería absurdo en un adulto. Pues esto sucede realmente en mucha gente: que están haciendo el viaje de la vida, pero no conocen de dónde vienen ni a dónde van. Y lo que es peor: no se interesan por saberlo; simplemente ven que están de paso, sin que les preocupe la meta a la que se dirigen o sin que les preocupe lo suficiente como para que se pregunten en serio y tomen medidas con el fin de dirigirse a su destino y asegurarse de que van a llegar a él. Y tal vez el problema principal consista en que no tienen a su alcance una respuesta fácil y demostrable; así que, cuando se les dice que la meta es Dios y la vida eterna, reaccionan diciendo como los atenienses a la predicación de Pablo: “Sobre esto ya te oiremos otra vez” (Hch 17,34). ¡Una forma sencilla de mandarlo a paseo!
Vamos a reflexionar sobre este hecho y poner de manifiesto que lo que el hombre tiene que hacer y que le parece imposible no es tan difícil, porque Dios, la meta, viene al encuentro del hombre de distintos modos, de forma que el hombre no sólo puede entender lo que antes no era capaz de entender, sino que además puede aprovecharse ya de esa cercanía de Dios que le lleva, como de la mano, hacia su destino final en él. Nuestro Dios son es un dios escondido ni mudo. Al contrario: Quiere relacionarse con cada hombre, hablar con cada uno, ayudar... orientar, guiar... sencillamente porque Dios “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Tm 2,5).
La fuerza de estas reflexiones la tenemos que descubrir sobre todo en la Palabra de Dios, que contiene la revelación que Dios nos hace de sí mismo, de sus planes y de su amor para el hombre. Más aún: sólo la Palabra tiene en sí misma fuerza suficiente para hacer germinar en el hombre la fe que le lleva a buscar a Dios, abrirle el corazón y enderezar el rumbo hacia la verdadera meta del encuentro pleno con Dios.