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Objetivos

Descubrir que el amor que Jesús quiere que vivamos incluye amar a los enemigos.

Reflexión

Jesús era muy exigente con la asignatura de amar a los demás. Hay profesores exigentes y profesores menos exigentes. ¿Cuáles preferís? […] ¿Con cuáles se aprende más? […] Un profesor exigente insiste en los detalles, te hace estudiar más, repetir los ejercicios si estaban mal… Un profesor exigente quiere que hagas las cosas casi perfectas. También Jesús quiere que seamos perfectos en la asignatura de amar a los demás. Hemos visto que debemos amar como el buen samaritano, que el amor exige perdonar, que el amor nos lleva a servir y a no juzgar. Si actuamos así, seguro que nos dan un notable alto, pero todavía nos falta algo para el sobresaliente. ¿Qué nos falta para sacar un sobresaliente? […] Jesús nos da la respuesta:

“Yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” (Mt 5,44-48). Entonces, ¿qué nos falta para amar cómo Jesús exige? […] Nos falta amar a nuestros enemigos.

Jesús nos dice que amemos a nuestros enemigos. ¿Quién es nuestro enemigo? […] Es esa persona que te cae mal o que es antipática. Es esa persona que te hace la vida imposible, esa persona que te ha causado problemas serios. Y a esas personas nos dice Jesús que amemos para que seamos perfectos, como su Padre Dios. Jesús es el primero que da ejemplo y que ama a todos, te ama a ti y ama a ese que te cae mal. Jesús ama al que es justo y al que es injusto. Jesús ama a buenos y malos y por todos ha dado su vida en la cruz. Jesús ama al que tiene una “playstation” para jugar y al que no la tiene. Jesús ama al niño que tiene unos padres con dinero y al niño que no tiene dinero. Jesús nos enseña que amar a los amigos, amar a los que nos quieren, amar al que me hace la pelota, amar al que me ayuda… no tiene ningún mérito, eso no requiere un gran esfuerzo. El mérito está en “amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen […], y vuestra recompensa será grande y seréis hijos del Altísimo” (Lc 6,27-28.35). El amor a los enemigos, es no devolverles mal por mal sino bien; es pedir a Dios que los bendiga, perdonarles y orar por ellos.

Es muy difícil amar a los enemigos. Nosotros no podemos amar a nuestros enemigos, necesitamos de la ayuda de Dios y de su Espíritu. Aprendamos de Jesús. Jesús perdonó a los que le crucificaron, y nos perdonó a nosotros, pues por nuestros pecados fue llevado a la cruz. Cuando estaba muriendo en la cruz, en vez de protestar o quejarse, en ese momento tan difícil, dijo: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Todos fuimos y somos en ocasiones enemigos de Jesús y él nos perdona (otra cosa es que nosotros nos reconciliemos con él).

En la Biblia encontramos otros ejemplos:

  • David tiene un gran enemigo que es el rey Saúl. Un día David pudo haber matado a Saúl, pero no se deja llevar de sus impulsos, sino que tiene presente el juicio de Dios: “Dijo David a Saúl: «¿Por qué escuchas las palabras de la gente que te dice: David busca tu ruina? Acabas de ver que el Señor te ha puesto en mis manos en la cueva, y han hablado de matarte, pero te he perdonado, pues me he dicho: No alzaré mi mano contra mi señor, porque es el ungido de Dios” (1 S 24,10-11).
  • José tuvo como enemigos a sus propios hermanos. Sus hermanos: “Vendieron a José por veinte piezas de plata a los ismaelitas, que se llevaron a José a Egipto“ (Gn 37,28). Luego mintieron a su padre, haciéndole creer que un animal feroz se lo había comido. Pasado el tiempo José se convierte en primer ministro en Egipto. José, perdona a sus hermanos y les da todo el alimento que necesitan (cf. Gn 45,1-15).
  • Moisés tuvo muchos enemigos, el pueblo de Israel al que sacó de Egipto se convirtió en su enemigo. El pueblo de Israel se quejaba a Moisés de que no tenían de comer (Nm 11,4), de que no tenían agua, no querían seguir los mandamientos de las tablas del Sinaí… Pero Moisés, a pesar de las quejas del pueblo de Israel, sigue con el plan de Dios, guiándolos a la tierra prometida, intercede por el pueblo e incluso está dispuesto a dar su vida por ellos.

Ayúdanos, Espíritu Santo, a perdonar, a aceptar y a orar por aquellos que nos molestan, que nos insultan y que nos fastidian. Amén.

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