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Objetivos

Descubrir que una forma de amar es perdonar. Descubrir que necesitamos perdonarnos los unos a los otros. Aprender de Jesús, nuestro modelo.

Reflexión

¿Habéis ido alguna vez a una boda? […] En muchas bodas se lee la descripción del amor que da el apóstol Pablo en la primera carta a los Corintios: “Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta” (1 Co 13,7). Dios nos dice que el amor todo lo excusa. Excusar a alguien es una forma de perdonar a alguien. Dios les recuerda a los novios que se convertirán en marido y mujer que el amor que se tienen el uno al otro ha de ser capaz de perdonar. El amor de Dios es capaz de perdonar, ¿y nuestro amor? […]. Con frecuencia descubrimos muchos matrimonios que no se han perdonado, no han sabido, no han podido vivir el amor que perdona y excusa. Realmente amar perdonando no es fácil. Para poder amar perdonando necesitamos que Dios y el Espíritu Santo que mora en nosotros, nos capacite.

Hay situaciones que son fáciles de perdonar. Por ejemplo yo perdono a mi hermano que sin querer ha tirado un vaso de agua y me ha caído encima. O yo perdono a mi compañero que me ha perdido el lapicero que le presté. [Poned ejemplos]. Hay otras situaciones que son más difíciles de perdonar. Por ejemplo: Me cuesta perdonar a mi hermano que me ha roto el juego de ordenador que me acaban de regalar en navidades. Me cuesta perdonar al compañero que me ha dado una patada jugando al fútbol y me ha roto el tobillo. [Poned ejemplos]. Y hay otras situaciones que parecen imposibles de perdonar. Por ejemplo: Hace unos años un hombre inocente recibió un disparo en el cuerpo. El disparo no le mató, pero estuvo mucho tiempo ingresado en un hospital y tardó varios meses en recuperarse. Este hombre perdonó a aquel que le disparó. Este hombre fue a visitar a la cárcel a quien le había disparado y le dijo que le perdonaba, que ya había olvidado lo que había sucedido. Este hombre se llamaba Juan Pablo II.

Pero el mayor ejemplo de todos nos lo dio Jesús. Durante su vida en la tierra habló mucho del perdón y Él mismo perdonó. Jesús habló del perdón cuando le preguntaron: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?» Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete“ (Mt 18,21-22). Jesús habló del perdón explicando la parábola del siervo sin entrañas para enseñarnos a perdonar a los demás igual que Jesús nos perdona. Dice el amo a su siervo: “’Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?' Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano” (Mt 18,32-35). Jesús habló del perdón cuando nos enseñó a orar diciendo: “y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;… Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas“ (Mt 6,12.14). Jesús nos deja claro que el perdón es muy importante en nuestras relaciones. Sin perdón no podemos vivir los unos con los otros.

Jesús perdonó a una mujer que iba a ser apedreada por su pecado; se había acostado con un hombre que no era su marido (Jn 8,1-11). Jesús perdonó a Zaqueo que robaba impuestos (Lc 19,1-10). Jesús perdonó a su discípulo Pedro que negó conocerlo. ¿Te ha traicionado algún amigo como a Jesús? […] ¿Has perdonado? […] Pero su mayor prueba de perdón fue que siendo inocente fue juzgado culpable. Jesús recibió azotes e insultos, fue clavado en una cruz y fue atravesado cerca del corazón por una espada. Y Jesús perdonó. ¿Te han insultado alguna vez? […] ¿Has perdonado? […] . Jesús, antes de morir dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Jesús perdonó y pide a su Padre Dios que también perdone. Jesús perdona a los hombres que le quitan la vida. Jesús nos perdona a todos, porque Él murió por nuestros pecados, murió por ti y por mí. Y ésta es la mayor prueba de amor que nunca verás.

Y eso es lo que Jesús quiere de ti, que perdones. “Revestíos... de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros, y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros (Col 3,12-13). Como el Señor os perdonó, perdonaos vosotros. Igual que a ti te gusta que te perdonen cuando haces algo mal, perdona tú a los demás. El perdón además trae un doble beneficio. Primero para la persona que perdonas y segundo para ti. Cuando tu corazón está lleno de odio y de rencor, uno no puede ser feliz. Prueba a perdonar y descubrirás que tu corazón está con más paz.

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