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Objetivos

Descubrir que una forma de amar es servir. Aprender de Jesús, nuestro modelo.

Reflexión

Hemos recibido el amor de Dios: “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rm 5,5). Hemos recibido un regalo, algo de valor incalculable. ¿Y qué hacemos con él? […] Imaginad que recibís una invitación para ver un buen partido de fútbol (o de baloncesto o…) en el estadio más grande de vuestro país. ¿Qué haces? […] A) Guardas la entrada en un cajón para que no se te pierda y no vas a ver el partido. B) No le dices a nadie que tienes la invitación y vas a ver el partido tú solo. C) Comentas a todos tus amigos que tienes una invitación para ese gran partido y encuentras a otro amigo que también tiene otra invitación. Juntos disfrutáis de ese partido. ¿Qué opción tomarías? […]. Está claro que la opción C) es la que todos elegiríamos, porque cuando tenemos algo valioso e importante se lo contamos a los demás y lo disfrutamos.

Jesús nos explicó que nos ha dado cosas importantes y valiosas que no deben estar escondidas. Era “un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor” (Mt 25,14-18). ¿Qué hacemos con el talento del amor que hemos recibido? […] Si lo escondemos, ya sabemos lo que respondió el señor cuando volvió: “quitadle el talento… siervo inútil” (Mt 25,28.29). Dios quiere que pongamos a producir todos los talentos que nos ha dado, incluido el amor. Eso quiere decir que debemos amar a los demás. El nos ayudará. ¿Cómo podemos amar? […] Como el buen samaritano, como vimos la semana pasada; ayudando según nuestra capacidad. Por ejemplo: ayudando con los deberes del colegio a nuestros hermanos o compañeros, visitando o llamando a los enfermos, orando por los demás…

Jesús nos enseñó otra forma de amar que también nosotros la podemos poner en práctica. Jesús nos enseñó que debemos servirnos los unos a los otros. Jesús se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.... Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis `el Maestro' y `el Señor', y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” (Jn 13,4-5.12-15). Jesús sirvió a sus discípulos lavándoles los pies, que estarían sucios del polvo del camino. Este trabajo de lavar los pies lo solían hacer los criados, pero no le importó hacerlo a Él. Se humilló y se puso a servir como el más pequeño de todos. Jesús, siendo Hijo de Dios, se arrodilló a lavar los pies de sus discípulos y amigos. ¿Le apetecería a Jesús ponerse de rodillas y lavar 24 pies? […] Para servir, hay que olvidarse de lo que me apetece y lo que me gusta. Para servir hay que estar dispuesto a dar sin esperar nada a cambio. Para servir hay que meter en una caja cerrada con llave al egoísmo. Para servir hay que pedir ayuda al Espíritu Santo, él es quien nos enseñará a servir.

¿Crees que puedes servir? […] ¿A quién puedes servir? […] ¿Se obtiene algo a cambio? […] Sí, saber que has hecho lo bueno, lo perfecto y lo agradable a Dios. No nos cansemos de amar sirviendo como dice su palabra: “No nos cansemos de obrar el bien; que a su debido tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos” (Ga 6,9). Y Dios, que todo lo sabe, dará a cada uno según hayan sido sus obras y hayan producido sus talentos: “La conducta de los hombres está siempre ante el Señor,… al final se levantará y les retribuirá, dará a cada uno su recompensa” (Si 17,15.23).

Jesús nos dio ejemplo de amar sirviendo. Hay otras muchas personas que también nos dan ejemplo. Nuestros padres nos sirven cuando nos llevan al colegio, cuando nos alimentan, cuando nos llevan al médico, cuando nos enseñan, cuando oran por nosotros,… Piensa en todas las personas a tu alrededor que te sirven. Parece que ser niños nos da derecho a que nos sirvan, nos hagan y nos den todo lo que necesitamos. Pero no es así, nosotros también podemos servir en casa, en el colegio, con los amigos. Pidamos a Dios que nos ayude a servir y no a esperar únicamente que nos sirvan a nosotros. Jesús dijo: el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mt 20,28).

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