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Objetivos

Descubrir qué significa amar al prójimo y cómo podemos amarlo, fijándonos en el Buen Samaritano.

Reflexión

Jesús vivió amando a Dios y a los demás. Y Jesús quiere que nosotros también amemos a Dios y a los demás. El problema es que no sabemos amar y necesitamos ayuda. Jesús nos explicó cómo hay que amar a Dios: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente” (Lc 10,27). Hay que amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, ¿te lo imaginas? [...]. Es como cuando te va a ocurrir un acontecimiento importante y has puesto en ese momento todo tu corazón, que se siente nervioso por que suceda, toda tu alma, todas tus fuerzas y toda tu mente, que no deja de pensar en ello y no te deja dormir por la noche [Poned ejemplos]. Jesús también nos dice cómo hay que amar a los demás: a tu prójimo como a ti mismo” (Lc 10,27). Muy sencillo: hay que amar a los demás como te amas a ti mismo. Hay que desear para los demás lo mismo que querrías para ti. Hay que tratar a los demás como quieras que te traten a ti.

¿Cómo me amo a mí? […]. A mí me gusta dormir por la noche, me gustar comer, me gusta jugar al fútbol, cuido mi salud y no me gusta romperme una pierna… Yo no me insulto, yo no me pego a mí mismo, yo no me rompo los juguetes,… A mí me gusta que me hagan algún regalo, que me digan cosas buenas, que me valoren, que me llamen, que me perdonen, que me ayuden cuando no sé algo o no puedo hacer algo… Pues de la misma forma que te quieres a ti mismo, es como Jesús nos dice que queramos a los demás. (Ver tema 17 “Amaré al prójimo como a mí mismo (I)” del curso 2003-2004).

Un día Jesús explicó a las gentes cómo amar al prójimo; escuchad: “Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de salteadores que, después de despojarle y darle una paliza, se fueron, dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión. Acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y le montó luego sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al posadero, diciendo: `Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva’” (Lc 10,29-35). El buen samaritano amó al prójimo, amó a una persona que no era su amigo,… porque querer a los amigos es muy fácil, ¿verdad? El buen samaritano amó teniendo compasión y eso significa que sintió dolor en su corazón por esa persona que estaba sufriendo. ¿Siento yo dolor por los que sufren? […]. El buen samaritano le ayudó montándolo en su caballo, porque él no podía caminar. ¿Ayudo yo a mis compañeros o a mis hermanos, cuando no saben o no pueden hacer algo? […]. El buen samaritano lo llevó a una posada y luego lo visitó. ¿Has estado alguna vez ingresado en un hospital? […] ¿Te ha visitado alguien? […]. A todos nos gusta que nos quieran y que nos visiten cuando estamos enfermos o necesitamos ayuda. A veces, basta una carta o una llamada de teléfono. ¿Has visitado a alguien que está enfermo o que está triste o que se siente sólo? […]

Jesús termina la parábola del Buen Samaritano diciendo: “Vete y haz tú lo mismo” (Lc 10,37). Haz tú lo mismo. Tú también puedes amar al prójimo. ¿Quién es el prójimo? [...] Nuestro prójimo son nuestros hermanos, papás, abuelos, los compañeros del colegio, los vecinos,... los que nos caen bien y los que no, los amigos y los enemigos. Todos. A todos nos dice Jesús que tenemos que amar. ¿Cómo? Amar a los demás no es decir “te quiero” o incluso no decir nada y que se imaginen que ya les queremos. El amor hay que demostrarlo con obras concretas. Por ejemplo: perdonando cuando alguien nos hace algo que no nos gusta, escuchando, jugando con todos, no insultando ni pegando, dejando nuestros juguetes, ayudando a hacer los deberes, orando por los demás... tratando a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros.

Jesús está a nuestro lado en esta gran misión de amar. Y cuando lo pongas en práctica descubrirás que te sientes bien, que merece la pena, que es mejor amar que odiar. Jesús nos creó para amar. Esta semana cuando hagamos oración podemos decir: “Querido Padre Dios, ayúdanos a amarte con todo nuestro corazón y a amar a nuestro prójimo como nos amamos a nosotros mismos. Amén”.

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