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Objetivos

Descubrir los motivos por los que desobedecemos. Cambiar de conducta como lo hizo Jonás.
 
Reflexión
 
Existe en nosotros un doble corazón, por un lado queremos obedecer pero sin embargo desobedecemos. Nos sucede que queremos obedecer, nos proponemos obedecer, pero nos cuesta mucho y cuando nos damos cuenta ya hemos desobedecido. Nos sale el pecado que llevamos dentro. Es como dice el apóstol Pablo: No hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero. Y si hago lo que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en mí (Rm 7,19-20).
 
Los primeros en desobedecer a Dios fueron Adán y Eva. ¿Qué sucedió? […] Dios les había dado un único mandato para obedecer: “no comer del árbol que está en el medio del jardín”, y ellos desobedecieron. Pensaron que Dios no se enteraría. Adán y Eva se dejaron engañar por Satanás, quisieron ser como dioses y cayeron en la trampa. Su desobediencia tuvo grandes consecuencias para todos los hombres (ver tema 6 - Efectos del primer pecado, del temario del curso 2005-2006). ¿Por qué desobedecieron Adán y Eva? [….] Porque quisieron ser como Dios, quisieron tener el poder y la sabiduría de Dios. La causa de la desobediencia fue la soberbia. A nosotros nos pasa igual. Muchas veces nos creemos más listos que aquellos que nos dicen lo que debemos hacer, pensamos que sabemos mejor que nadie lo que nos conviene, nos creemos autosuficientes. Queremos ser dueños de nuestras decisiones, jugamos a ser superiores a nuestros padres o profesores. No obedecemos lo que ellos nos dicen, pensamos que ya somos “mayorcitos” para decir y hacer lo que queramos. Pues, ¡estamos equivocados! Eso mismo les pasó a Adán y Eva, se creyeron más listos que Dios y se equivocaron.
 
En el Antiguo Testamento se nos narra la historia de desobediencia y obediencia de Jonás. Podéis leer o representar esta historia. Un día Dios le dijo a Jonás: “Prepárate y vete a Nínive, la metrópoli, para anunciarle que su maldad ha llegado hasta mí” (Jon 1,2). Dios quería que Jonás fuera a Nínive, una ciudad llena de gente que hacía cosas malas. Dios quería que se convirtieran y cambiaran. Pero Jonás no quiso ir. Jonás desobedeció el mandato de Dios. Jonás decidió escaparse de Dios. Se subió a un barco y navegó hacia otra ciudad, muy lejos. Pero como Dios sabía lo que Jonás estaba haciendo, “desencadenó un viento tempestuoso sobre el mar, y se desencadenó una borrasca tan violenta que el barco amenazaba naufragar” (Jon 1,4). Los marineros tenían miedo de que el barco se partiera. Comenzaron a tirar al mar las cajas y equipajes para que el barco estuviera más ligero. Los marineros preguntaron a Jonás: “«¿Qué podemos hacer contigo para que el mar se nos calme?» Pues el mar seguía enfureciéndose. Jonás les respondió: «Arrojadme al mar, y el mar se os calmará. Reconozco que soy el culpable de esta gran borrasca que os amenaza»” (Jon 1,11-12). Los marineros intentaron remar pero no podían, así que:cogieron a Jonás, lo arrojaron al mar y el mar calmó su furia” (Jon 1,15). Entonces Dios “hizo que un gran pez se tragase a Jonás, y Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches” (Jon 2,1). Jonás se dio cuenta de su mala conducta y oró a Dios desde el vientre del pez, diciendo: “En mi angustia clamé a Yahvé y él me respondió; desde el seno del abismo grité y tú me escuchaste… ¿Cuándo volveré a contemplar tu santo templo?” (Jon 2,3.5).Jonás estaba arrepentido y le dice a Dios: “‘Yo, en cambio, en tono de acción de gracias te ofreceré sacrificios y cumpliré los votos que te hice’. Entonces Yahvé ordenó al pez que vomitase a Jonás en tierra firme” (Jon 2,10-11).
 
Dios le da a Jonás una segunda oportunidad y le dice: “Prepárate y vete a Nínive, la metrópoli, para anunciarle el mensaje que yo te comunique” (Jon 3,1). Jonás se preparó y marchó a Nínive, de acuerdo con la orden de Dios. Jonás obedeció el mandato del Señor. Cuando Dios vio lo que hacían y cómo se convertían de su mala conducta, se arrepintió del castigo que había anunciado contra Nínive y no lo ejecutó.
 
¿Por qué desobedeció Jonás? […] Porque no lo gustaba lo que Dios le mandaba, porque no quería hablar a la gente de Nínive, no le caían bien, no eran sus amigos. Tal vez desobedeció por pereza, por comodidad, por egoísmo o por soberbia. A nosotros también nos pasa como a Jonás, en ocasiones no nos gusta lo que nos mandan hacer. No nos gusta hacer los deberes, no nos gusta recoger los juguetes, apagar el ordenador cuando nos lo dicen, no nos gustar ir al colegio, no nos gusta comer verdura o pescado o…, no nos gusta lavarnos los dientes, no nos gusta ponernos determinada ropa, no nos gusta orar a Dios o leer la Biblia. Pero todo eso es necesario hacerlo y si no lo hacemos estamos poniendo en peligro nuestra salud, la salud del cuerpo, la salud del alma y del espíritu. Jonás no obedeció a Dios y ponía en peligro a toda una ciudad con sus habitantes. Dios le pedía ir a Nínive y él no quería. Al final se arrepintió y fue y su obediencia trajo un gran beneficio: la conversión de una ciudad entera. Recuerda, tu obediencia también trae bendición sobre tu vida y la de los que te rodean. Tu obediencia es grata a Dios, como lo fue la de Jonás.
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