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Objetivos

Descubrir que obedecer a Dios es obedecer a nuestros padres, abuelos, educadores y gobernantes. Descubrir que obedecer a estas personas, a las que Dios ha dado autoridad, trae un beneficio sobre nosotros.
 
Reflexión
 
Noé obedeció a Dios. Noé confió en Dios y cumplió sus mandatos. Y todos los discípulos de Cristo, como tú y como yo, estamos llamados a obedecer a Dios y a su hijo Jesucristo. Obedecemos a alguien superior a nosotros, que sabe mejor que nadie lo que nos conviene. Obedecemos a alguien que nos ama con amor eterno. Obedecemos sabiendo que no quedaremos defraudados (cf. Si 2,10). Obedecer a Dios es guardar sus mandamientos:
“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (Jn 14,15). También dijo Jesús: ”Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras” (Jn 14,23-24). La forma de amar a Jesús es guardar su Palabra, cumplir su Palabra.
 
¿Sólo tenemos que obedecer a Dios? […] Si obedecemos a Dios, obedeceremos a nuestros padres. Porque Dios nos dio el cuarto mandamiento que dice: “Honra a tu padre y a tu madre, como te lo ha mandado Yahvé tu Dios, para que se prolonguen tus días y seas feliz en la tierra que Yahvé tu Dios te da” (Dt 5,16), y en el Nuevo Testamento nos recuerda Pablo: “Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor; porque esto es justo” (Ef 6,1). Es decir, que Dios quiere que obedezcamos a nuestros padres y nos da además tres razones. Una, porque es justo (Ef 6,1) y es bueno. Dos, porque agrada a Dios (Col 3,20). Y tres, porque hay una promesa de bendición si lo haces: “para que te vaya bien” y “tus días se prolonguen” (cf Ef 6,2-3). En resumen: ¿qué tiene que hacer un hijo? obedecer a sus padres, está claro. Y sin embargo muchas veces estamos dispuestos a buscar excusas para no obedecer a nuestros padres. Y no hay excusas, porque sólo si tus padres te pidieran algo que está en contra de la Palabra de Dios podrías desobedecer, y eso ocurre en casos muy especiales. Piensa con sinceridad y descubrirás que no te gusta obedecer a tus padres porque lo que te piden te causa más trabajo, un poco de sacrificio o incomodidad, o tal vez te supone renunciar a tus gustos y a tus deseos. Confía en tus padres y de mayor descubrirás que tenían razón.
 
Muchos de nuestros abuelos nos llevan y nos van a buscar al colegio, nos acompañan al médico, y hasta juegan con nosotros,… A ellos, que ejercen la autoridad en ese momento en lugar de los padres, también debemos obedecerlos. “No te burles del anciano, pues nosotros también envejecemos” (Sb 8,6). ¿Podemos confiar en que nuestros abuelos quieren lo mejor para nosotros? Pues obedezcámoslos.
 
¿A quién más tenemos que obedecer? […] Os doy una pista: nos enseña de lunes a viernes. Sí, al profesor. El deber de los profesores es educar correctamente a los alumnos y el deber de los alumnos, además de estudiar y aprender, es el de obedecer las instrucciones que el profesor da (hacer los deberes, no hablar en clase, no copiar en un examen, no tirar el borrador, no tratar mal las sillas o mesas…). Aunque no sea un buen profesor, tú esfuérzate por ser un buen alumno, que Dios no te preguntará a ti cómo fue tu profesor sino cómo fuiste tú. “No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados” (Lc 6,37). Tú puedes ser un buen alumno, “cualquier cosa que esté a tu alcance, hazla según tus fuerzas” (Qo 9,10), y ora por ese profesor a quien te cuesta respetar y obedecer en clase.
 
¿A quién más tenemos que obedecer? […] Os doy una pista: nos visita cuando tenemos fiebre. Sí, al médico. Tal vez al médico nos cuesta menos obedecer, confiamos en que si nos tomamos lo que nos ha recetado nos curaremos y como nos interesa curarnos rápido, le obedecemos ¿No somos un poco egoístas?
 
Por último debemos obedecer a los gobernantes y autoridades de nuestro país. Por ejemplo: debemos obedecer a los policías que dirigen el tráfico en una carretera, debemos aparcar en los lugares permitidos, debemos tirar la basura en los contenedores apropiados, debemos apartarnos si viene una ambulancia, parar en el semáforo en rojo,… Obedecemos porque es bueno para nosotros y para todos. Debemos obedecer al Estado que dice que hay que pagar impuestos, hay que votar,... Los impuestos son un dinero que todos los ciudadanos deben dar al gobierno. Con estos impuestos se hacen las calles, las carreteras, los parques, los colegios, se colocan farolas,... Dice Jesús: “Dad a cada cual lo que se le debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor” (Rm 13,7).
 
Ánimo, “no nos cansemos de obrar el bien; que a su debido tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos” (Ga 6,9). Y no perdamos de vista la corona prometida: “Mantente fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida” (Ap 2,10). La obediencia siempre trae bendición.

 

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