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Objetivos

 Aprender qué es obedecer. Descubrir si sabemos o no obedecer de forma correcta.
 
Reflexión
 
Comenzamos con un juego. Hacemos equipos pequeños. En cada equipo uno será el que deberá guiar a los demás hasta un punto determinado.
Se colocan los chicos del equipo uno detrás de otro, en fila, con los ojos tapados y las manos apoyadas en los hombros del chico que va delante. El que ve (porque no lleva los ojos tapados) es el último de la fila, que simula un tren.
El tren andará cuando el último pase la instrucción al de delante con un golpe suave en el hombro derecho y éste lo pase al de delante de él y así llegue al primero de la fila, que será quien avance y el tren comienza a andar. Para parar, el que guía dará un golpe suave en la espalda; para girar a la derecha, dos golpes en el hombro derecho y para girar a la izquierda dos golpes en el hombro izquierdo. Termina el juego al llegar el tren a su meta. ¿Cómo os habéis sentido jugando? […] ¿Habéis llegado a la meta todo el equipo? […] Para llegar a la meta hace falta fiarse del que te pasa la instrucción de caminar, girar o parar. Hay que fiarse de esa instrucción pues el que te la da está viendo el camino y tú no. Para llegar a la meta hace falta obedecer esas instrucciones de forma exacta.
 
Lo mismo ocurre en la vida. Para conseguir llegar a ser un buen estudiante, hace falta obedecer a los profesores y a los padres, hace falta fiarse de sus consejos y enseñanzas, sabiendo que buscan lo mejor para nosotros. Para llegar a ser un buen peatón hace falta obedecer todas las normas de tráfico sabiendo que son para nuestro bien, para nuestra seguridad y protección. Para llegar a ser un buen cristiano, hace falta obedecer a Cristo, sabiendo que él siempre quiere lo mejor para nosotros. Jesús dijo: “si me amáis, cumpliréis mis mandamientos” (Lc 6,46). Jesús dice que debemos cumplir, obedecer los mandamientos, no por ley sino por amor.
 
¿Cómo definirías la palabra obedecer? […] Yo he encontrado esta definición: Obedecer es someter mi juicio a alguien, es dejar de lado lo que yo pienso y quiero para pensar y querer lo que el otro quiera. Obedecer es confiar en aquella persona a la que obedeces. Obedecer implica tener un poco de humildad para reconocer y aceptar que en esta ocasión y otras muchas ocasiones, no tengo la razón, no es lo que más me conviene, no es lo que más me va a ayudar, no es lo mejor para mí, no es lo bueno a los ojos de Dios. ¿Pensamos que nuestros padres están equivocados y que yo tengo la razón? […] ¿Pensamos que nosotros somos los que mejor sabemos lo que tenemos que hacer? […] Obedecer implica tener humildad para darme cuenta de que no soy el único en el mundo y el centro del universo, sino que estoy rodeado de personas que tuvieron la misma edad que yo tengo, que pasaron por situaciones similares a las mías y que sintieron lo mismo que yo siento. Obedecer no es hacer lo que el otro me pide, con la esperanza de el que otro se equivoque. Obedecer a tus padres es confiar en tus padres. Obedecer a los profesores es confiar en ellos. Obedecer a Dios en confiar en Dios.
 
Obedecer es para inteligentes como tú. Ante un semáforo en rojo, ¿qué es más inteligente, parar obedeciendo al color rojo del semáforo o cruzar no obedeciendo al semáforo? La respuesta inteligente es parar. Ante un examen de matemáticas, ¿qué es más inteligente, estudiar para aprobar o no estudiar y ver si por casualidad apruebas? La respuesta más inteligente es la de estudiar. Si no obedecemos es que no somos inteligentes. Al obedecer a aquellos que tienen autoridad sobre nosotros como nuestros padres, profesores y Dios, demostramos más inteligencia, más humildad y más amor a Dios.
 
Obedecer no es decir: “sí, ya lo hago”, “sí, ya voy”, “sí, ya he estudiado mucho”, sí… No sólo es decirlo, sino hacerlo. Como nos dijo Jesús: “¿Por qué me llamáis: “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?” (Lc 6,46). La obediencia se demuestra con actos. Como toda virtud, la obediencia se adquiere practicándola y también pidiéndola al Espíritu Santo. Todavía estamos a tiempo de aprender a obedecer. “Mantente fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida” (Ap 2,11)… es decir, obedece la palabra de Dios y Dios te dará la corona de la vida. Obedece los mandamientos de Dios y Dios te dará la corona de vida. “Dichosos los que caminan rectamente, los que proceden en la ley del Señor. Dichosos los que guardan sus preceptos, los que lo buscan de todo corazón; los que, sin cometer iniquidad, andan por sus caminos” (Sal 118,1-3).
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