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Objetivos

 
Aprender del leproso que se volvió a dar las gracias a Jesús. Descubrir motivos para dar gracias a Jesús.
 
Reflexión
 
Jesús se encontró un día con unos hombres que le pidieron algo muy difícil de conseguir. Jesús les dio aquello que pidieron y ellos muy contentos se
marcharon, y sólo uno se volvió a dar las gracias a Jesús. ¿Conocéis este pasaje de la Biblia? Esto es lo que sucedió: Al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes»” (Lc 17,14). Ellos, con fe, se pusieron en camino hacia el sacerdote, hicieron lo que Jesús les había dicho. Jesús sabía bien lo que decía, los leprosos cuando eran curados tenían que presentarse ante el sacerdote y él los declaraba limpios y así podían volver a incorporarse en la sociedad, a sus familias y trabajos. “Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios” (Lc 17,14). ¡Jesús los sanó! Mientras los leprosos caminaban hacia el sacerdote, sin saber por qué, ellos quedaron limpios. Desaparecían las manchas y los agujeros de la piel y aparecía una piel nueva, con un buen color y un buen olor. Supongo que se mirarían las manos, se tocarían la cara, las orejas, la nariz... ¿Cómo se sentirían?[...] Sorprendidos, alegres, llenos de vida y... ¿agradecidos? “Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano“ (Lc 17,15-16). Dice la palabra de Dios que sólo uno de los diez leprosos se volvió a dar las gracias a Jesús. Jesús preguntó por los otros nueve que no volvieron a dar gracias a Dios. ¿Dónde estaban? ¿Tan pronto se habían olvidado de lo que Jesús había hecho por ellos? […] Posiblemente ya estaban pensando en el encuentro con sus familias, en recuperar sus trabajos... y se habían olvidado de Aquél que les sanó.
 
Jesús se sintió triste porque sólo uno de los leprosos le dio las gracias. Jesús también se siente triste cuando tú no le das las gracias. Él nos ha dado tanto, que todos los días tendríamos que estar dándole gracias y, como el leproso, alabándole y bendiciéndole. Él nos ha dado la vida, la capacidad de pensar, de reír, un cuerpo, escuela, libros, amigos, familia... Él nos ha dado “cosas” que no se pueden tocar, como la fe; cosas que no se pueden comprar con dinero, como el título de Hijos de Dios; cosas que no se acaban nunca, como la vida eterna. Tal vez, el problema es que no valoramos o no vemos lo que Jesús nos ha dado. El leproso supo ver lo que Jesús le había regalado: la sanación.
 
¿Por qué más “cosas” debemos dar gracias a Jesús y a Dios? […] “¡Dios perdona todos tus pecados!” (Sal 103,3). ¿Alguna vez has tenido el turno al bate en un juego de pelota y te han sacado después de tres faltas? ¿No te enfadas porque no te dan otra oportunidad? […]. No es así con Dios, cuando fallamos y hacemos algo que a Él no le agrada, podemos ir a Él y pedirle otra oportunidad. Dios siempre está dispuesto a perdonarnos si vamos con un corazón arrepentido. Gracias, Jesús, por perdonarme.
Jesús tiene compasión de nosotros. “Como un padre tiene compasión de sus hijos, así el Señor tiene compasión de aquellos que le temen” (Sal 103,13).¿Qué es compasión? Cuando otra persona siente tu dolor. Jesús siempre se preocupa por nosotros y le duele nuestro dolor. Gracias, Jesús, por compartir mis sentimientos.
Jesús nos ama: Él “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1). La palabra de Dios dice que si pudiésemos medir su amor (pero no podemos porque no tiene fin) sería como la distancia de la tierra al cielo. ¿Os imagináis? Los cielos no terminan donde lo dejamos de ver, sino que van más allá de nuestros ojos. Gracias, Jesús, por amarme.
Y la lista de “cosas” para estar agradecidos a Jesús no acaba aquí. Tú la puedes continuar.

 

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