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Objetivos
 
Aprender a dar gracias a Dios por nuestra familia, sobre todo por nuestros padres. Descubrir todos los motivos que tenemos para ser agradecidos con nuestros padres.
 
Reflexión
 
¿Te has perdido alguna vez? […] Yo recuerdo una ocasión en que perdimos a uno de mis hermanos. Volvíamos del colegio en autobús escolar, el autobús escolar paraba en la puerta de un centro comercial donde mi madre nos esperaba cada tarde. Un día bajaron todos los niños del autobús menos mi hermano.
¿Dónde estará, qué le habrá sucedido? Buscamos por todas partes y no aparecía. Llamamos al colegio y en el colegio nos decían que allí no estaba. Fueron unas horas muy difíciles para todos. Al final resultó que mi hermano se había quedado dormido dentro del autobús y nadie lo había visto porque era muy pequeño. Cuando despertó, ¿os podéis imaginar qué susto se llevó?, se encontraba solo y no sabía dónde estaba. Lloraba y repetía: “¡mamá!, ¡mamá!”. En ese momento recordó lo importante que eran sus padres y sus hermanos. Cuando nos reunimos todos, nos sentíamos alegres y agradecidos. Ese día mi hermano dio las gracias a su mamá.
 
Hay un refrán que dice que sólo valoramos las cosas cuando las perdemos, y así es. Cuando estás fuera de tu casa, de tu hogar, valoras todo lo que tienes en casa [Poned ejemplos]. ¿Por qué no somos agradecidos cada día? […] ¿Has dado gracias hoy cuando tu padre te ha ayudado con los deberes? […] ¿Has dado gracias hoy cuando tu madre te ha preparado la cena? […] ¿Has dado gracias hoy a tu hermano con el que has estado jugando? […] ¿Has dado gracias hoy cuando te has encontrado ropa para vestirte? […] Nos cuesta dar gracias por nuestros padres y nuestros hermanos: nuestra familia. Es por el pecado del egoísmo que nos hace pensar más en nosotros mismos que en los demás. Sólo vemos lo que no tenemos, y no todo lo bueno que sí tenemos a nuestro alrededor.
 
La familia es un don, es un regalo de Dios. ¿Qué hemos hecho de bueno para merecer a nuestra familia? […] “¿Qué tienes que no lo hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿a qué gloriarte cual si no lo hubieras recibido?” (1 Co 4,7). Debemos dar gracias a Dios por la familia y también debemos expresar gratitud a nuestra familia. Y la gratitud no es algo etéreo que no se puede tocar. La gratitud se ve y se siente. Eres agradecido cuando das una buena respuesta, cuando haces un regalo, cuando obedeces, cuando compartes,…
 
Hay veces que pensamos: “estoy harto de mis padres”, “no me comprenden”, “no me dejan hacer lo que yo quiero”,... pero lo hacen por tu bien, te educan lo mejor que pueden y saben. Mira todo lo que hacen por ti; te alimentan, te visten, te llevan a la escuela, te leen y explican la palabra de Dios, oran por ti, te animan,... y te quieren. Y todo lo hacen gratis, simplemente porque te quieren mucho más de lo que puedas imaginar. Necesitamos una familia para crecer en amor, afectividad, inteligencia, sentido social, moral y espiritual. Necesitamos una familia para aprender a aceptarnos a nosotros mismos y a los demás. Necesitamos una familia para reconocer nuestros propios límites y debilidades. Por todo esto tenemos que dar graciasen todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (1 Ts 5,18). Y si en algo te han hecho daño: tenemos que perdonarlos. “Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros” (Col 3,13). a Dios, y decirles “gracias papá” o “gracias mamá”. Recordad,
 
Los padres deben cumplir sus deberes dentro de la familia. Y nosotros, los hijos, debemos cumplir los nuestros: obedecerlos, escuchar sus enseñanzas y consejos, respetarlos... siempre y cuando sean coherentes con la palabra de Dios. Ver tema 23 “Mi relación con mis padres” del curso 2004-2005.
 
¿Quieres mantener y mejorar tu familia? […] Sí, pues estás a tiempo de hacer algo para conseguir mejorar la familia: dales gracias por algo, lo que sea, no importa si es grande o pequeño. Y luego da gracias también a Dios, porque todo nos viene de él.
 

Dios quiso que se formaran familias. Jesús, tuvo una familia, un padre adoptivo y una madre: José y María. ¿Os imagináis a Jesús protestando por la comida?, ¿o protestando por ir a dormir?, ¿o por recoger los juguetes?, ¿o por no poder ver la tele [anda, si no había tele entonces]?, ¿o por hacer oración? Jesús seguro que no protestaba sino que como dice la Biblia vivió sujeto a sus padres” (Lc 2,51). Imitemos a Jesús, nuestro modelo, que vivió con su familia, trabajando en su casa y dando gracias en todo.

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