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Objetivos
Aprender a dar gracias a Dios porque nos ha hecho especiales, diferentes y únicos. Descubrir que somos hijos de Dios y que Jesús nos llama amigos y eso son dos grandes motivos para dar las gracias.
 
Reflexión
Comenzamos la reflexión de hoy con una dinámica. Repartimos a cada chico una fruta u hortaliza. Cada uno explica al resto del grupo las características de la fruta que le ha tocado. Por ejemplo:
- La manzana: es una fruta muy resistente, muy buena cuando tienes mal el estómago. No es una fruta de verano ni de invierno, siempre hay manzanas. Hay manzanas verdes, amarillas y rojas. Se pueden comer de formas muy variadas: naturales, en macedonia, asadas, en tarta…
- La naranja: la naranja es redonda con piel rugosa y granitos. Es muy jugosa y es muy buena para los resfriados.
- La zanahoria: también es de color naranja pero es alargada, en lugar de redonda y tiene muchas vitaminas. Se puede tomar cruda o cocida.
- El kiwi: es pequeño, peludo y áspero por fuera, pero por dentro tiene un color verde muy bonito. Y está riquísimo.
- El tomate es regordete y bajito, de color rojo. Sin tomate no serían igual las ensaladas, ni los macarrones, ni…
...
¡Cuántas frutas y hortalizas diferentes hay! Cada una tiene algo que la hace especial y diferente a las demás. La naranja tiene la piel con granitos, el kiwi es peludo, la zanahoria es estirada y delgada y la cereza es muy pequeña. Todas son buenas, aunque a ti te gusten más unas que otras. Nosotros somos como una fruta. Cada uno de nosotros somos especiales y diferentes a los otros. Unos tenemos la piel con granitos, como la naranja, otros somos peludos, como el kiwi, otros muy altos y delgados, como la zanahoria, otros más gorditos como un buen tomate…. Dios te ha hecho especial. Para Dios todos somos especiales, todos somos importantes, todos somos un tesoro, una maravilla. Somos sus hijos. “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!” (1 Jn 3,1). Dice la palabra de Dios: “Porque tú has formado mis riñones, me has tejido en el vientre de mi madre; te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras” (Sal 139,13-14). Examinemos esta palabra.
“Porque tú has formado mis riñones, me has tejido en el vientre de mi madre”. En el tema anterior descubrimos que Dios nos ha dado la vida que tenemos y nos la sigue dando cada día.
“Te doy gracias por tantas maravillas”. Esto es una afirmación, damos gracias a Dios por las maravillas que ha hecho: cada parte de nuestro cuerpo y de nuestra persona. Somos una maravilla, eres una maravilla. Eres alguien extraordinario, único e irrepetible. El problema es que nuestro pecado nos ensucia y no deja ver la obra de Dios.
 “Prodigio soy”. Dios no hace las cosas de cualquier manera, por entretenerse un rato. Dios es perfecto y bueno y todas sus obras son perfectas y buenas. Nosotros somos obra suya, creados por él, y somos un prodigio; es decir, cada uno somos alguien especial, y cada uno de nosotros somos un milagro que Dios ha hecho, somos la obra de arte del mejor artista de todos los tiempos.
También nos dice Jesús que valemos mucho: “¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos” (Mt 10,29-31).
Por último te diré que Dios te quiere y eso ya te da un gran valor. Además Jesús te llama “amigo”: “a vosotros os he llamado amigos”, dice en el evangelio de Juan 15,15. ¿Tienes algún amigo? […] ¿Quién? […] ¿Es ese amigo una persona importante para ti? ¿Es alguien valioso para ti? […] Sí, entonces para Jesús también somos importantes y valiosos. Y más aún, Jesús ha muerto por ti, ha dado su vida por ti, ha derramado su sangre por ti, ha sufrido por ti. Dice Jesús: “Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados” (Mt 26,28). ¿Tú darías la vida por alguien? […] Sí es así, es que de verdad quieres a esa persona y harías cualquier cosa por ella. Para Jesús eres más valioso de lo que puedas imaginar. Todo esto, ¿te hace sentir afortunado? […] Desde luego somos muy afortunados porque no hemos elegido nosotros a Dios, sino que nos ha elegido él a nosotros. Dios está esperando que le des las gracias por lo que ha hecho en ti y espera que no le defraudes.
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