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Tu valoración Promedio (1 vote)

Objetivos

Aprender a practicar el agradecimiento por el regalo de nuestro cuerpo, por el don de la vida física y la vida eterna. 
 
Reflexión
Comenzamos la reflexión de hoy con una dinámica. Vamos a ver si tienes lo necesario para llegar a ser una gran estrella. Se reparte a cada chico un papel donde hay escrito una acción que deberá representar. Las acciones pueden ser por ejemplo:
  • Muestra lo que ocurriría si tu nariz hubiera sido puesta al revés y hubieras cogido un fuerte resfriado.        
  • Cómo irías a correr si tus ojos estuvieran detrás de tu cabeza.
  • Cómo escucharías música si tus oídos estuvieran en las plantas de los pies.
  • Cómo te cepillarías los dientes si fueran tan sensibles como tus ojos.
  • Muestra cómo caminarías por la calle si cada vez que das un paso hacia delante tu otro pie da un paso hacia atrás.
 
Esto es sólo un juego y no debemos preocuparnos porque nuestra nariz, ojos, oídos y boca están en el sitio correcto. Hemos sido creados por alguien muy sabio: Dios. Dios creó el mundo y sigue creando el mundo. Dios da vida a las plantas que hay en el parque próximo a tu casa o en el patio de tu colegio. Dios da vida a los animales, al perrito de tu vecino, a las vacas de la granja, a los peces del mar, a las águilas y a las cigüeñas de la torre del pueblo. Dios da la vida a los hombres, sus criaturas más perfectas, creadas a su imagen y semejanza, como por ejemplo: tú. ¿Quién es el autor de tu vida? [...] Sí, en el principio colaboraron tu papá y tu mamá. Ellos, porque se aman y porque quieren dar amor y formar una familia, decidieron tener un hijo; a ti. Pero eso no es nada fácil, hace falta que un espermatozoide se una a un óvulo y que dentro del útero de la madre pueda anidar y comenzar a reproducir todas sus células. Y además, al principio, al diminito “cuerpecito” de unas mínimas células se une un alma que ya no morirá, independiente de la de tu papá y tu mamá. Este misterio de la vida no es obra de los hombres, es obra de Dios. Él ha dotado al cuerpo del hombre y de la mujer de órganos que hacen posible la reproducción. Él ha dotado al hombre y a la mujer de capacidades y sentimientos para amar a ese ser vivo que va creciendo. Y él da un alma a esa nueva personita. Así que en verdad, el autor de tu vida es Dios. Él ha hecho posible tu concepción y tu existencia. Él te ha mantenido vivo hasta hoy. Tu vida es suya. Dice Dios en su Palabra: “Antes de haberte formado yo en el seno materno ya te conocía y antes de que nacieses te tenía consagrado’” (Jr 1,5). “Porque tú mis riñones has formado, me has tejido en el vientre de mi madre; yo te doy las gracias por tantas maravillas; prodigio soy, prodigios son tus obras. Mi alma conocías cabalmente, y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo formado en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra” (Sal 139,13-15).
 
¡Estamos vivos! Y tenemos un cuerpo que puede andar, ver, oler, oír, hablar, respirar,... [Explica qué es lo más asombroso del cuerpo humano para ti]. Somos diferentes a las piedras, a las plantas y a los animales, que no se mueven, ni hablan, ni piensan, ni tienen espíritu. ¿Quién puede hacer algo tan perfecto? [...] Solamente Dios. Somos criaturas de Dios y nuestra vida es un regalo de Dios. Yo creo que esto merece un: “¡gracias, Dios!”, porque como vimos en el tema pasado, hay que expresar la gratitud.
A veces es difícil dar gracias a Dios por nuestro cuerpo tal como es, con lo que nos gusta y con lo que no nos gusta de él [...]. A lo mejor no nos gusta la estatura o el color del pelo o las orejas o las piernas o […], pero Dios nos ha hecho así de bien, y así le gustamos a él. Fíjate en todo lo bueno que tienes y no sólo en lo “malo”, como vimos en el tema pasado para ser agradecidos hay que dejar de quejarse por lo que no se tiene. Dios te ha dado un cuerpo y ahora te pide que lo cuides y que seas agradecido. Es de ser justos ser agradecidos con lo que nos dan, aun incluso sin merecerlo. El rey David decía: “Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios. Él perdona todas tus culpas, y cura todas tus enfermedades. Él libra tu vida de la tumba, y te corona de amor y de ternura; sacia de bienes tu existencia, y te rejuveneces como un águila” (Sal 103,2-5). Dios nos ama y le duele mucho cuando no sabemos valorar la vida que nos da.
Y además de esta vida en la tierra, hay otra vida mejor: la vida eterna. Jesús consiguió para nosotros esa vida eterna, una vida junto a nuestro Padre Dios. Jesús dice: Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia” (Jn 10,10). Jesús quiere dar vida a todo el que se acerca a él. La vida comienza desde que somos concebidos por nuestros padres, luego pasa por la muerte física del cuerpo y sigue (no termina) en la vida eterna. Jesús da la vida en la tierra y la vida eterna. ¿Has dado alguna vez gracias por la vida eterna que Dios promete a los que le siguen en santidad? […] La vida eterna es una promesa que está a tu alcance y ya le puedes dar gracias antes de tenerla. Es como cuando tus padres te prometen que si sacas buenas notas te llevarán al parque de atracciones y tú comienzas a estar agradecido desde que oyes la promesa.
Gracias, Señor, por el regalo de la vida, gracias por mis dientes (así, como son) y por mis ojos (así, como son), gracias por mis xxxx años de vida y gracias por la vida eterna que me has prometido. Gracias, Señor.
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