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Objetivos

Aprender a practicar el agradecimiento por los dones que recibimos cada día. Descubrir que la gratitud se adquiere con la práctica.
 
Reflexión
Preparamos una cesta con pequeños regalos envueltos. Los regalos pueden ser un dulce, un lapicero, una linterna pequeña, un metro, una calculadora, un cuaderno, un juguete pequeño,… Cada chico debe coger un regalo de la cesta y abrirlo. ¿Qué sucede? […] ¿Dan las gracias? […] ¿Protestan porque no les gusta su regalo? […] ¿Protestan porque les gusta más el de otro chico? […]
Durante varios días vamos a hablar de la gratitud. La gratitud es otra virtud que debemos cargar en nuestra mochila, junto con la fe, para caminar hacia la santidad, hacia Dios. Hemos visto que sin fe no podemos agradar a Dios; sin gratitud tampoco podemos agradar a Dios: “en todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (1 Ts 5,18). Hemos visto que necesitamos la fe para caminar como discípulos de Cristo, así también necesitamos la gratitud. Pero, ¿qué es la gratitud? […] “He encontrado una definición que me gusta mucho: La gratitud es la virtud que nos lleva a tomar conciencia de los dones que recibimos cada día, a valorar la generosidad del que nos los da y a mover nuestra voluntad para corresponder a estos dones, aprovecharlos, desarrollarlos y ponerlos al servicio de los demás. “La gratitud es una virtud, es algo que puedes ir adquiriendo de forma natural a medida que la pones en práctica y también de forma sobrenatural, porque te viene dada por Dios. Es como lavarse los dientes. Al principio se te olvida lavarte los dientes después de cada comida, pero cuando consigues acostumbrarte, es un hábito que has adquirido, que no te supone un esfuerzo y con el que consigues un beneficio: unos dientes sanos. Así, si practicas la gratitud cada día conseguirás el hábito de ser agradecido y no te supondrá esfuerzo sino todo lo contrario: beneficio.
Para ser agradecido hay que ver los dones que recibimos cada día, hay que fijarse en lo bueno. Quienes no tienen nada que agradecer es porque solamente se fijan en lo malo. Para ser agradecido no hay que exigir cosas, sino agradecer aquello que se nos ofrece. Para ser agradecidos hay que dejar de lamentarse o quejarse por lo que no se tiene o no se es.
Hoy has recibido un pequeño regalo, ¿has dado las gracias? […] Ha sido un regalo que has recibido inesperado, gratis, sin pedir nada a cambio, tan sólo porque le ha apetecido a alguien hacerte un regalo. Pues si alguien sin ningún motivo especial, sin ser una fecha señalada como tu cumpleaños, simplemente porque ha querido, te ha hecho un regalo: ¡cómo no estar agradecido! Examinemos la definición anterior de gratitud: ¿he tomado conciencia de lo que he recibido? […] ¿he valorado la generosidad del que me lo ha dado? […] ¿lo voy a saber utilizar bien? […] Si todas tus respuestas son afirmativas, vas por buen camino, pero no es suficiente. No basta con descubrir que has recibido algo bueno, no basta con valorar a la persona que te lo ha dado, no basta con utilizar bien lo que has recibido, hace falta algo más. ¿Qué es? […] La gratitud se debe expresar con palabras, gestos o acciones concretas. Como dice el diccionario: “dar las gracias es mostrar un sentimiento de estima por algún favor, regalo, etcétera, que se ha recibido”. Por tanto debemos mostrar de forma concreta ese sentimiento de gratitud y puede ser sencillamente diciendo “gracias, no hacía falta que…” , “gracias por tu esfuerzo”, “gracias por haberte acordado de mí”, “gracias por tu amabilidad”, “gracias por tu tiempo”, “gracias por tu ayuda”,… Jesucristo, es siempre nuestro modelo y él antes de resucitar a Lázaro, expresó así su gratitud a su Padre Dios: “Padre, te doy gracias por haberme escuchado” (Jn 11,41).
Siendo agradecidos conseguiremos mejores resultados que siendo desagradecidos. La gratitud lleva consigo muchos beneficios. Por ejemplo: Si tú has dado las gracias por el regalo de hoy, posiblemente otro día te harán otro regalo y tal vez mayor. Si tú no das las gracias, dudarán en hacerte otro regalo: ¿para qué? si no lo aprecias, no lo valoras y no eres agradecido. Con la gratitud experimentamos una paz y alegría interior. Con la gratitud aprendemos humildad y aumentamos la capacidad de darnos a los demás. Con la gratitud podemos hacer felices a los demás. Un “gracias” y una sonrisa pueden cambiar el día de quien lo recibe.

Pidamos al Espíritu Santo que cambie nuestro corazón para que aprendamos a ser agradecidos, para que descubramos todo lo bueno que recibimos cada día. Aprendamos de Jesucristo que fue agradecido: “Padre, te doy gracias por haberme escuchado” (Jn 11,41).

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