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 Objetivos

 Descubrir que necesitamos hacer crecer nuestra fe y aprender los medios para hacerlo.

Reflexión
Si quieres comer macarrones no basta con tener los macarrones y con saber cocinarlos, hay que ponerse “manos a la obra”. Es decir hay que ejecutar lo que se sabe, hay que practicar lo que se sabe, porque además, si no, se olvida. La primera vez que hagas macarrones te saldrán sosos o muy hechos o secos o… pero la siguiente vez te saldrán mejor. Y la siguiente vez estarán riquísimos. Aprenderás incluso a gratinarlos con queso o acompañarlos con una salsa. Ahora aprendes muchas cosas sobre geografía pero si no lo practicas se te olvidará. Yo ya he olvidado mucho de la geografía e historia que estudié. Si no se practica se olvida. Si no se practica no se aprende. Por ejemplo, la química o la física son unas ciencias experimentales, lo que significa que has de experimentarlas para entenderlas. Así le ocurre a la fe: hay que experimentarla, hay que practicarla para que no se olvide, para que cada vez tengamos más fe. Cuanto más estudias y conversas en inglés, más sabes, pues de forma parecida cuánto más practiques la fe, más fe tendrás.
No es suficiente con preguntarnos si tenemos o no tenemos fe, si creemos a Dios y lo que él dice, no basta con examinar nuestra fe, no basta con conocer a personajes que vivieron la fe, lo que realmente importa es poner en marcha nuestra fe. ¿De qué sirve un coche que está siempre aparcado en el garaje? […] Sin fe no podemos agradar a Dios (cf Hb 11,6). Así que, ¡adelante! Aquí va un plan de ataque para hacer crecer nuestra fe:
1.        Pedir la fe. Dijo Jesús: “Pedid y se os dará… porque todo el que pide recibe” (Lc 11,9-10), pero siempre que pedimos según la voluntad de Dios, lo cual es condición para que Dios escuche. Así, el apóstol Juan nos dice: “Si le pedimos algo según su voluntad nos escucha. Y si sabemos que nos escucha en lo que pedimos, sabemos que tenemos conseguido lo que le hayamos pedido” (1 Jn 5,14-15).
2.       Practicar la fe. En los temas anteriores hemos visto la fe de Abraham y la de Jairo. Abraham se fía de Dios y empieza a practicar la fe: se pone en marcha saliendo de su tierra y dirigiéndose a Canaán. Otro ejemplo es el de las mujeres que descubrieron a Jesús resucitado: “Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, van al sepulcro. Se decían unas a otras: ¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro?” (Mc 16,2-3). Esto es fe. El problema existe, la solución no se sabe si está o dónde está: pero las mujeres se ponen en camino y además de madrugada. Las mujeres se ponen en marcha. Tú, ¿te has puesto alguna vez en marcha a hacer algo aún sabiendo que tenías dificultades? […] El resultado para aquellas mujeres fue que la piedra estaba ya retirada y que descubrieron que Jesús había resucitado.
3.       Aprender más sobre la fe. ¿Cómo? Conociendo la Palabra de Dios, conversando con Dios en nuestra oración y aprendiendo de las cosas que nos suceden cada día.
4.       Pedir ayuda al Espíritu Santo. Los apóstoles habían visto más milagros de los que podamos imaginar; habían escuchado la enseñanza del Maestro, Jesús, y sin embargo tenían dudas y mucho miedo. Pero el día de Pentecostés, el Espíritu Santo les cambió. El Espíritu Santo está deseando ayudarte también a ti, sólo tienes que pedírselo y él lo hará.
5.       Confesar y proclamar tu fe. Cuando ves una película que te gusta o escuchas una canción que te gusta lo compartes con tus amigos. También deberíamos hablar a nuestros amigos de Dios, de lo que aprendemos y descubrimos. Cuando así lo hacemos, aumenta nuestra fe. En tu oración de cada día declara que crees en Dios, repite que crees en Dios Padre, en Jesucristo su Hijo y en el Espíritu Santo. Repite con fe, que crees que Dios es todopoderoso y que como dijo Jesús: “¡Todo es posible para quien cree!” (Mc 9,23).
6.       Las pruebas de la fe. Para demostrar al profesor y a ti mismo que has aprendido una lección has de pasar por la prueba de un examen. Para hacer válida nuestra fe, también tiene que pasar por pruebas. Las pruebas de la fe comienzan por ser fáciles y luego son más difíciles, pero Dios nunca te pedirá algo que no puedas superar. El examen será difícil pero no imposible. Tenemos muchos ejemplos en la Biblia. Nos podemos fijar en María, la madre de Jesús. El evangelio de Juan 2,1-12 nos narra esta escena: “Se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y no tenían vino, porque se había acabado el vino de la boda. Le dice a Jesús su madre: «No tienen vino»… Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga»“. María no sabe lo que va a suceder pero confía, tiene fe en Jesús. Y ¿qué sucede? […] Que Jesús convierte el agua en vino y en un vino muy bueno. María ha demostrado su fe en Jesús. María pasa por muchas pruebas de fe, algunas muy difíciles como aceptar ser la madre de Jesús sin saber cómo sería eso y cómo reaccionaría su novio, José, o luego ver morir a su hijo crucificado. Ella a veces no entiende, no comprende los planes de Dios, pero siempre mantiene su fe. Por eso fue madre del Salvador y por eso vivió el triunfo de la resurrección de su hijo. [Poned ejemplos]
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