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Objetivos

Descubrir las pruebas de fe que vivió Abraham. Aprender de Abraham que creyó en Dios y tuvo fe en sus promesas. La mejor forma de aumentar nuestra fe es dando pasos de fe, como hizo Abraham.
 
Reflexión
A mí no se me da nada bien dibujar y cuando tengo que hacer algún dibujo tengo que fijarme en otro y copiarlo. Necesito un modelo para copiar, ¿y tú?. Cuando estudiaba matemáticas también me sucedía lo mismo, la profesora enunciaba un problema y explicaba la solución, luego nos ponía otro problema parecido al anterior y los alumnos podíamos obtener la respuesta tomando como modelo ese problema ya resuelto. Necesitamos modelos. Es difícil aprender algo si no te enseñan. Hay chicos que quieren ser futbolistas igual que “fulanito”, quieren imitar a “fulanito”. Fulanito es su modelo. Otros quieren ser maestros, igual que ese maestro tan bueno que tuvieron. Otros quieren ser médicos igual que su padre,… Necesitamos modelos. El problema es que nos fijamos en modelos que son imperfectos, que se equivocan, que cometen errores,… Sólo hay un único modelo perfecto, ¿quién es? […] Jesucristo es nuestro modelo. Él debe ser nuestro modelo en todo. A él lo tenemos que imitar en todo y si así lo hacemos seguro que no nos equivocamos.
Además de Jesucristo hay otras personas que también son modelo y podemos fijarnos en ellas, apoyarnos en ellas. Sed imitadores de aquellos que, mediante la fe y la perseverancia heredan las promesas” (Hb 6,12). Fijémonos en esas personas que vivieron en fe, practicaron la fe cada día de su vida. Ellos son un modelo a imitar.
Por la fe, Abraham, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba. Por la fe, peregrinó hacia la Tierra prometida como extranjero, habitando en tiendas, lo mismo que Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas. Pues esperaba la ciudad asentada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe, también Sara recibió, aun fuera de la edad apropiada, vigor para ser madre, pues tuvo como digno de fe al que se lo prometía. Por lo cual también de uno solo y ya marcado por la muerte, nacieron hijos, numerosos como las estrellas del cielo, incontables como la arena de las playas. …Por la fe, Abraham, sometido a la prueba, ofreció a Isaac como ofrenda, y, el que había recibido las promesas, ofrecía a su único hijo, respecto del cual se le había dicho: Por Isaac tendrás descendencia”. (Hb 11,8-12.17-18).
Seguro que no tienes un póster de Abraham en tu dormitorio pero a lo mejor tienes un póster de un futbolista o cantante o actor que admiras y, sin embargo, Abraham es el mayor modelo de fe de nuestra historia. Él es un personaje que puedes admirar e imitar. Él es un modelo de fe, digno de estar en un póster en nuestra habitación. Este pasaje del evangelio nos narra tres grandes pruebas de fe de Abraham.
La primera prueba de fe fue cuando Dios dijo a Abraham: “Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré” (Gn 12,1-2). Dios le dijo que dejara su casa, sus tierras, sus pastos y sus ganados. Abraham era un gran ganadero, un gran empresario, y su empresa le daba grandes beneficios. Pero Abraham aceptó la petición de Dios, la voluntad de Dios para él y su familia, y salió de casa. Abraham se fió de Dios, creyó en Dios, tuvo fe en Dios. Dios le pedía ir en busca de la tierra prometida y él aceptó y fue, él creyó en las promesas de Dios. Abraham puso en práctica su fe.
La segunda prueba de fe es cuando Dios le dice que va a tener un hijo, un descendiente. Abraham y su mujer Sara creyeron en estas palabras, creyeron que se cumpliría lo que Dios prometía. Sara y Abraham tuvieron fe en Dios. Puede que os parezca muy fácil eso de tener un hijo, pero si recordamos que Sara tenía 90 años, ya no es una cosa tan fácil, es más bien algo imposible. Así está escrito: “Dijo Dios a Abraham: «A Saray, tu mujer, no la llamarás más Saray, sino que su nombre será Sara. Yo la bendeciré, y de ella también te daré un hijo. La bendeciré y se convertirá en naciones; reyes de pueblos procederán de ella». Abraham cayó rostro en tierra y se echó a reír, diciendo en su interior: «¿A un hombre de cien años va a nacerle un hijo?, ¿y Sara, a sus noventa años, va a dar a luz?»” (Gn 17,15-17).Pero luego ellos pusieron en práctica su fe y Dios les dio un hijo. ¿Cómo se llamó ese hijo? […] Isaac.
 
La tercera prueba de fe es la más difícil: “Le dijo [Dios]: «¡Abraham, Abraham!» Él respondió: «Aquí estoy». Después añadió: «Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país de Moria y ofrécelo allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga»” (Gn 22,1-2). Dios pide a Abraham algo increíble, incomprensible, algo muy doloroso para un padre. Dios le pide que mate a su propio hijo al que tanto quiere. Abraham obedece, Abraham se sigue fiando de Dios, aunque no entiende el plan de Dios. Dios está poniendo a prueba la fe de Abraham. Y Dios descubre que la fe de Abraham es tan grande que es capaz de realizar lo impensable. Y eso porque Abraham creyó que Dios realizaría lo que prometió: darle descendencia por medio de ese hijo, y que aunque muriese su hijo, Dios lo podría resucitar.
 

Dios no te va a pedir a ti lo mismo que a Abraham, a cada uno nos pide en la medida en que podemos dar. Dios te pide que pongas en práctica tu fe en las cosas pequeñas de cada día. Comienza hoy mismo.

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