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Objetivos

Aprender qué significa ser codicioso y sus consecuencias. Aprender a buscar a Dios en lugar de buscar las riquezas.

Reflexión

“No codiciarás... nada que sea de tu prójimo” (Ex 20,17), “No desearás... su casa, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo” (Dt 5,21). “No codiciarás los bienes ajenos” dice el décimo y último mandamiento. Para entender lo que esto significa, leamos en la Biblia lo que le contó el profeta Natán al rey David: “Había dos hombres en una

ciudad, el uno era rico y el otro era pobre. El rico tenía ovejas y bueyes en gran abundancia; el pobre no tenía más que una corderilla, sólo una, pequeña, que había comprado. Él la alimentaba y ella iba creciendo con él y sus hijos, comiendo su pan, bebiendo en su copa, durmiendo en su seno igual que una hija. Vino un visitante donde el hombre rico, y, dándole pena tomar su ganado, sus vacas y sus ovejas, para dar de comer a aquel hombre llegado a su casa, tomó la ovejita del pobre y dio de comer a aquel hombre llegado a su casa” (2 Samuel 12,1-4). La historia es muy sencilla. Un hombre rico tenía muchas ovejas, pero quería la oveja de su vecino, le había gustado la única oveja de su vecino y se la cogió. Este hombre rico codiciaba la oveja de su vecino y se la quitó, se la robó. Aquí entran en juego los dos mandamientos que nos hablan de los bienes materiales: el séptimo, no robarás y el décimo, no codiciarás los bienes ajenos.

La codicia o avaricia es el deseo desordenado de las cosas materiales. Los avaros son personas que ponen su corazón, sus energías, su tiempo, en buscar y acumular riquezas. Son personas que sirven al dinero, que buscan el dinero y los bienes materiales. Jesús nos dice: “Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero” (Mt 6,24). O servimos a Dios o servimos al dinero. El mandamiento principal es “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (Lc 10,27), y siguiendo ese camino es como agradamos a Dios y encontramos la felicidad. Nuestra meta es poner el corazón en Dios y en el servicio a los demás y no en las riquezas. Como vimos en el tema 22, los bienes son buenos y necesarios y una ayuda para vivir. La obsesión por los bienes nos impide acercarnos a Dios. Dice en el libro del Eclesiastés 4,9 que “la avaricia seca el alma”. ¿Habéis visto alguna vez una planta seca? [...]. Imaginad como será un alma seca, un alma que no puede amar, ni ser amada, que no puede dar,...

Los avaros no tienen acceso al Reino de Dios. Jesús dijo: “¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios” (Mc 10,23-25). También San Pablo nos dice en la carta a los Corintios: “ni ladrones, ni avaros, ni borrachos, ni ultrajadores, ni explotadores heredarán el Reino de Dios” (1 Co 6,10).

Cuando se desean los bienes del otro, aparece la envidia. Se sufre cuando el otro tiene bienes, cuando en realidad se debería sentir alegría. La envidia es la tristeza que se siente ante el bien que el otro tiene y que conlleva el deseo de apropiarse lo que es del otro. [Poned ejemplos]

Vivimos en una época donde el tener se ha convertido en una obsesión, vivimos en una era consumista, en un tiempo de almacenar riquezas que no sirven en la vida eterna. “No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mt 6,19-21). Hoy en día, sólo tiene importancia el tener, sin embargo el día que nos presentemos ante Dios, no importará lo que hayamos tenido, sino lo que hayamos amado, como nos dice el primer mandamiento.

Señor, ayúdanos a poner en práctica todos los mandamientos que hemos aprendido en este curso. Damos un corazón y una voluntad que desee por encima de todo amarte a ti y al prójimo. Amén.


AVISO


Con el tema de esta semana decimos “hasta luego” esperando volver de nuevo en el mes de Septiembre próximo, si Dios quiere. A todos, especialmente a vosotros, chicos, gracias por vuestra amabilidad al aceptar nuestra página semanal y vuestras oraciones. Que el Señor os haga crecer en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

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