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24. No dirás falso testimonio ni mentirás

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Objetivos

Descubrir si tenemos el vicio de mentir y aprender a luchar contra él.

Descubrir las consecuencias de mentir.

Descubrir que mentir no es sólo no decir la verdad, sino apoyar a los que no la dicen.

Reflexión

Hace unos meses hubo una manifestación en la ciudad en contra de un tema x. El número de personas que asistieron a la manifestación fue de 100.000 personas. Ese dato es real, porque se deduce de contar a las personas. Sin embargo, el partido político que estaba a favor de dicha manifestación dice que asistieron 200.000 personas y el partido político que estaba en contra de la manifestación dice que solamente acudieron 50.000 personas. ¿Qué sucede? Ambos partidos políticos tratan de falsear la información, tratan de deformar la verdad para hacernos creer lo que a cada uno le interesa.

Y no pienses que eso sólo lo hacen políticos, tal vez tú también has deformado la verdad. Por ejemplo, cuando tu madre te pregunta: ¿has hecho todos los deberes? [...], ¿has recogido el cuarto? [...], ¿has ayudado a tus hermanos? [...], ¿cómo has roto las zapatillas? [...], ¿en qué has gastado la propina? [...], ¿quién se ha comido el chocolate? [...] ¿Nos resulta fácil mentir? [...] Si es así, la mentira se ha convertido es un vicio contra el que hemos de luchar con todas nuestras fuerzas. Hemos de estar alerta para decir siempre la verdad. "El Señor aborrece los labios mentirosos y mira con agrado a los que actúan con verdad" (Pr 12,22).

Dios es fuente de toda verdad. Su Palabra es verdad (cf Pr 8,7). "Tu verdad, de edad en edad" (Sal 119,90). Jesús es la verdad (cf Jn 14,6). Él mismo lo dice. Y los hijos de Dios hemos de actuar diciendo la verdad. "No darás testimonio falso contra tu prójimo" (Ex 20,16), nos recuerda el Antiguo Testamento; y en el Nuevo nos dice Jesús: "No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos" (Mt 5,33). Perjurar es jurar en falso, es no decir la verdad sobre algo o alguien. Y san Pablo insiste en desechar la mentira (cf Ef 4,25), excluir la mentira, sacar fuera la mentira, como si se tratara de un virus muy malo. Y así es, porque el padre de la mentira es el diablo, "el diablo... es mentiroso y padre de la mentira" (Jn 8,44).

¿Qué ganamos con la mentira? [...]. No ganamos nada, al contrario: perdemos. Perdemos la confianza de los que nos quieren, perdemos la confianza de nuestros padres, amigos, compañeros... Y lo peor, perdemos la amistad de Dios, porque cuando mentimos pecamos. Para convivir unos con otros es necesaria la verdad. En una familia es necesaria la verdad. En el grupo de amigos es necesaria la verdad. Imaginad un constructor que monta un puente sobre unas columnas de hierro y para ahorrar dinero no utiliza los materiales adecuados. Con el tiempo el puente se rompe. Su "mentira" provoca un daño tremendo: un puente roto, personas heridas,... Su mentira hace que ya no se confíe en él. Con el tiempo también las relaciones se rompen si hay mentiras.

Formas de actuar contra la verdad:

  • Mentira: dar información falsa, deformada.
  • Hipocresía: aparentar externamente lo que no se es en realidad. Por ejemplo, puedo aparentar que hablo muy bien el inglés y ser mentira. Puedo aparentar que soy muy buen cristiano y ser mentira.
  • Calumnia: Decir de otra persona cosas que son mentira con el fin de hacerle daño. Por ejemplo: tú puedes decir de un compañero que es un inútil, un torpe, que no sabe jugar a fútbol,... En primer lugar nosotros no podemos juzgar a las personas, sólo Dios puede juzgar. En segundo lugar, no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti, "lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente" (Lc 6,31). En tercer lugar, practiquemos el amor y en lugar de hablar mal de esa persona, tratemos de ayudarla, de orar por ella,... La calumnia destruye a los demás como la carcoma destruye los muebles.

El mandamiento de no mentirás, no sólo es de palabra, sino también de oído. Sí, sí, se puede mentir de oído. Cuando se escucha con gusto la crítica, la calumnia, aunque no se diga nada, al aceptarlo se está cooperando con el pecado de otro.

Recordad los temas 25 y 26 del curso 2003-2004: sobre el buen uso o mal uso de la palabra y sobre la verdad o la mentira.

Señor, te pido que pongas "en mi boca un centinela, un vigía a la puerta de mis labios" (Sal 141,3) para que no salga de mi boca ninguna palabra mentirosa. Amén.

 

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