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Objetivos

Comenzamos un nuevo bloque de temas sobre acciones que vemos a nuestro alrededor opuestas a la vida que Jesús nos da, como el aborto y las drogas.

En este primer tema trataremos de descubrir que la vida es un don precioso de Dios que debemos agradecer, defender, usar y cuidar de forma responsable.

Reflexión

¿Quién es el autor de tu vida? [...] Sí, es tu papá y tu mamá. Ellos, porque se aman y porque quieren dar amor y formar una familia, decidieron tener un hijo; a tí. Pero eso no es nada fácil, hace falta que un espermatozoide se una a un óvulo y que dentro del útero de la madre pueda anidar y comenzar a reproducir todas sus células. Este misterio de la reproducción no es obra de los hombres, es obra de Dios. Él ha dotado al cuerpo del hombre y de la mujer de órganos que hacen posible la reproducción. Él ha dotado al hombre y a la mujer de capacidades y sentimientos para amar a ese ser vivo que va creciendo. Así, que en verdad, el autor de tu vida es Dios. Él ha hecho posible tu concepción y tu existencia. Él te ha mantenido vivo hasta hoy. Tu vida es suya. Él te ha hecho a imagen y semejanza suya. Dice Dios en su Palabra: "Antes de haberte formado yo en el seno materno ya te conocía y antes de que nacieses te tenía consagrado’" (Jr 1,5) "Porque tú mis riñones has formado, me has tejido en el vientre de mi madre; yo te doy las gracias por tantas maravillas; prodigio soy, prodigios son tus obras. Mi alma conocías cabalmente, y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo formado en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra." (Salmo 139,13-15) Hoy, nuestra primera acción va a ser la de agradecer nuestra vida a Dios. ( Hacemos todos una pequeña oración de acción de gracias por la vida)

Nuestra vida no es un objeto, como nuestra bici o el ordenador, no es una cosa que podamos usar como queramos. No podemos tirarla porque no nos gusta, porque ya nos hemos cansado de ella o porque está rota. No podemos cambiarla por otra. No podemos devolverla a la tienda. Dios nos da la vida y a nosotros nos toca ahora cuidarla como un gran tesoro, como el mejor regalo que hemos recibido. Es nuestra responsabilidad y la de nuestros padres (porque nosotros somos todavía pequeños) cuidar, defender y poner a dar fruto la vida que Dios nos da.

Dios nos ama y le duele mucho cuando no tratamos bien nuestra vida. Su hijo Jesús dice: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14,6). Jesús es la Vida y nosotros, sus discípulos, participamos de esa vida. Jesús dice: "Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia" (Jn 10,10). Jesús quiere darnos su vida, a ti y a mí, a todos. Jesús no mira si eres un bebé o un joven o adulto o anciano. Jesús quiere dar vida a todo el que se acerca a Él. Esa vida comienza incluso antes de que fuéramos concebidos por nuestros padres, luego pasa por la muerte física del cuerpo y termina en la vida eterna. Jesús da la vida en la tierra y la vida eterna. Suyo es el tiempo, suyo es nuestro paso por la tierra; que puede ser de un día, de varios meses, de 50 años o de 90 años. A Él le pertenecemos.

Nosotros, tampoco somos dueños de la vida de los demás. No podemos actuar en contra de la vida de los demás. No podemos desear la muerte de una persona, ni proponer su muerte y mucho menos ejecutar su muerte. Jesús lo dijo bien claro: "No matarás" (Mt 19, 17). Nuestro estilo de vida ha de ser el del amor, el de vivir según la vida de Jesús.

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