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28. Antes de nada, aprender a relacionarnos

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Objetivos

Descubrir que en esta etapa de nuestra sexualidad debemos aprender a relacionarnos los chicos con las chicas, a reforzar nuestros criterios cristianos y a luchar contra toda tentación.

Reflexión

"Nadie es perfecto", se oye decir por ahí. Y es verdad, no somos perfectos, solo Dios lo es. No tenemos todas las cualidades. A cada uno Dios le ha dado unas capacidades concretas. Sería muy aburrido si todos fuéramos iguales, ¿verdad? [...] Por ejemplo, yo no sé dibujar, pero tú sabes hacerlo muy bien. O tú tocas la guitarra y cantas muy bien, y yo puedo ayudarte con las matemáticas. Por tanto nos necesitamos los unos a los otros. Dios no nos ha creado para que vivamos solos y aislados. Dios quiere que nos relacionemos los unos con los otros. ¿Con quién te relacionas? [...] ¿Cuándo te relacionas con la gente? [...] Nos relacionamos cuando nos vamos juntos de excursión, cuando jugamos un partido, cuando oramos juntos, en el colegio,...

Todo esto ya lo sabemos, pero ahora viene lo difícil. También hay que aprender a relacionarse los chicos con las chicas. Dios nos creó hombre y mujer. "Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios les creó, macho y hembra los creó" (Gn 1,27). Como vimos en el tema pasado, de repente, nos fijamos en los chicos y nos empiezan a atraer. Pero esa atracción es simplemente un sentimiento o deseo, la atracción no significa amor, la atracción hay que aprender a ponerla en su sitio, que no nos lleve a utilizar nuestro cuerpo de forma incorrecta, pues nuestro cuerpo (don de Dios) está reservado para una única persona especial que ya llegará (si ese es el plan de Dios). La atracción es normal, pero... antes de anda, hay que aprender a relacionarnos.

La sexualidad está ahí, despertándose, madurando para llegar a un fin en el matrimonio. La sexualidad también la ha puesto Dios en el hombre y por tanto es buena. El problema es saber usarla adecuadamente según nuestra edad, según estemos casados o no. A nuestra edad, lo primero es conocernos a nosotros mismos y a las personas del sexo opuesto, hacer amigos y amigas. Todavía no es el momento de tener novio o novia. No seáis impacientes. Cada cosa a su tiempo. Imaginad que queréis aprender a conducir, pues primero hay que estudiar la teoría; hay que aprender el significado de todas las señales de tráfico, las normas de circulación en carretera y autopista, hay que conocer los elementos del coche; luces, pedales, frenos,... Nos podemos dar un golpe con el coche, si no aprendemos bien la teoría. Ahora es el momento de aprender qué cosas me gustan de los demás, qué valoro como importante en los demás, aprender a ser paciente, a escuchar, a perdonar, a ser fiel, a dar sin esperar nada cambio,.... En definitiva debemos aprender a amar con el amor de Dios. Todo este aprendizaje nos servirá en nuestro futuro matrimonio, en nuestra familia. Hemos de estar bien preparados, porque la relación entre dos personas es difícil; tiene momentos buenos pero también momentos tensos en los que hay que saber ceder, saber perdonar, saber escuchar, renunciar a lo que a mí me gustaría para hacer lo que al otro le gustaría.

Tenemos que formar nuestras conciencias con criterios de la Palabra de Dios, para que cuando dentro de unos años nos digan "¿Le has metido mano a esa chica o chico ?" o "¿has hecho el amor con esa chica o chico?" Sepamos responder sin dudar y con valentía; "NO", porque no es lo que Dios quiere, porque reservo todo eso para el matrimonio. O si te vienen esos pensamientos, sepas rechazarlos en tu mente para que no se conviertan en acciones. Chicos, debemos estar alertas porque los medios de comunicación, las conversaciones, lo que vemos a nuestro alrededor nos dice; "no pasa nada", "hay que disfrutar del cuerpo", pero la Palabra de Dios nos dice: "Efectivamente, los que viven según la carne, desean lo carnal; mas los que viven según el espíritu, lo espiritual. Pues las tendencias de la carne son muerte; mas las del espíritu, vida y paz, ya que las tendencias de la carne llevan al odio de Dios: no se someten a la ley de Dios, ni siquiera pueden; así, los que viven según la carne, no pueden agradar a Dios. " (Rm 8, 5-8) . Nosotros no queremos vivir según la carne, sino según el Espíritu. Por eso vigilad vuestro cuerpo, las atracciones que sentís, vuestra sexualidad, vuestras relaciones....Y como siempre, os recuerdo contamos con la ayuda del Espíritu Santo y con la gracia de Dios.

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