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21. Ayudas para la conversión: El Espíritu Santo

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Objetivos

Descubrir la ayuda imprescindible del Espíritu Santo para nuestra conversión.

Reflexión

Hoy vamos a descubrir la gran ayuda que Dios nos ha dado para la conversión: El Espíritu Santo. La conversión no es una tarea que tengamos que hacer nosotros solos al cien por cien, contando sólo con nuestras fuerzas. No, Dios viene en nuestra ayuda porque sabe que somos débiles, que enseguida nos cansamos de luchar contra el pecado, que somos perezosos, ... Dios conoce nuestra realidad y nos da el Espíritu Santo. Él obra en nosotros ayudándonos. Sí, es un gran misterio, pero es verdad.

¿Cuándo viene en nuestra ayuda el Espíritu Santo? ¿Sólo unas horas? ¿Sólo un día concreto o un mes determinado? [...] No, todos los días, siempre. Él está con nosotros para siempre como dice su Palabra: "Yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad" (Jn 14,16-17). El Espíritu viene en tu ayuda y quiere hacer las cosas junto contigo, Él contigo y tú con Él.

Una tarea del Espíritu es convencernos de nuestro pecado y transformarnos. "Cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado" (Jn 16,8) El Espíritu trabaja en nosotros, como las hormiguitas que trabajan silenciosamente y sin descanso, almacenando alimentos para cuando llegue el invierno. El Espíritu trabaja silenciosamente y sin descanso en nuestra conciencia para ayudarnos a ver nuestro pecado, los obstáculos que ponemos a Dios que le impiden llevarnos por sus caminos. También nos ayuda a descubrir qué pasos debemos dar para salir de nuestra situación y cambiar de rumbo. El Espíritu está deseando que cambiemos, está deseando que le pidamos luz para cambiar.

El Espíritu Santo es Dios pero también es una persona. El Espíritu se entristece cuando ve que no cambiamos, que no nos convertimos, que seguimos actuando mal una y otra vez, que no nos arrepentimos de nuestro pecado,... Recordad en vuestro corazón y en vuestra mente esta cita de la Palabra "No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el que fuisteis sellados para el día de la redención" (Ef 4,30). A pesar de que entristecemos al Espíritu Santo, Él tiene mucha paciencia con nosotros y sigue a nuestro lado deseando ayudarnos a cambiar. Pero ¡cuidado!, porque a lo mejor un día se cansa de nosotros y decide marcharse, pero en realidad somos nosotros los que lo habremos echado de nuestra vida. Porque si tienes un invitado en casa al que no atiendes correcta y educadamente, seguro que se va, ¿verdad?.

La instrucción del Espíritu Santo es: "Toda amargura, ira, cólera, gritos, maledicencia y cualquier clase de maldad, desaparezca de entre vosotros. Sed amables entre vosotros, compasivos, perdonándoos mutuamente como os perdonó Dios en Cristo" (Ef 4,31-32). Si no cumplimos esta instrucción y otras muchas, el Espíritu Santo pondrá dolor en nuestro corazón por el pecado, nos dará la luz para ver qué hacemos mal y cómo debemos actuar. Puedes estar seguro de que Él te ayudará, defenderá y luchará a tu lado contra el pecado. Es como si en tu equipo de fútbol estuviera el mejor jugador: estás seguro de que vas a ganar. Es como si tuvieras que hacer una expedición por el desierto y has contratado al mejor guía: no tienes miedo. Es como si tienes que subir por la montaña en coche y llevas un todo terreno. ... El Espíritu Santo puede ayudarte si tú le dejas y pones de tu parte.

¿Crees que el Espíritu Santo te puede ayudar? [...] Pues, es momento de pararnos y de orar juntos al Espíritu Santo para que nos convenza de nuestro pecado, ponga dolor en nuestro corazón y nos ayude a cambiar.

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