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Objetivos

Descubrir el cambio de vida que Jesús nos propone si queremos ser sus discípulos.

Reflexión

¿A cuántos os gustaría ser jugadores profesionales de baloncesto o de fútbol o... ? [...] Muy rápido habéis contestado. Hay que pararse a calcular el precio. Y ver si estamos dispuestos a decir sí. Primero necesitaremos un equipo deportivo, un lugar donde entrenar y un entrenador. Ahora el entrenador será el que marcará las normas.
- entrenamiento todos los días de la semana (una o dos horas)
- partidos contra otros equipos el fin de semana
- acostarse pronto, para dormir las horas suficientes y tener energía para jugar un buen partido.
- llevar una buena alimentación, controlar el peso y el crecimiento...

Además tendremos que renunciar a otras cosas. Es probable que cuando otros chicos estén jugando, tú estés entrenando, o que no puedas comer muchos dulces para mantener el peso, o que tengas que comer muchas patatas aunque no te gusten y madrugar los domingos para jugar,... Decir "sí" a algo implica decir "no" a otras cosas. Tomar esta decisión lleva un cambio de vida.

Jesús también preguntó lo mismo a algunas personas. Les dijo: ¿Queréis ser mis discípulos? [...] Jesús les dijo que si deseaban seguirle tenían que calcular el precio, tenían que saber que a partir de ese momento las condiciones las iba a marcar Él, el maestro. Les dijo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt 16,24). Estas son las condiciones de Jesús, cumplirlas significará cambiar nuestra vida y andar por el camino de la conversión.

Para seguir a Jesús tendremos que decir "sí" a querer seguirle, sí a querer obedecerle, aprender su evangelio,... Y para ello tendremos que decir "no" a otras cosas.

Entre todos podemos hacer una lista de aquellas cosas a las que debemos decir "no".

Deberemos decir "no" al pecado, al egoísmo, a pensar solo en nosotros mismos, a querer ser más que los demás, a ser como el resto de nuestros compañeros o amigos que no son discípulos de Jesús,...

Así cumplimos la primera condición que nos pone Jesús: negarnos a nosotros mismos. Jesús también dijo "no" a una serie de cosas: dijo no a ser considerado igual a Dios (cf. Flp 2,6), dijo no a ser servido como los reyes de la tierra (cf. Mt 20,25-28) o a ser hecho rey (cf. Jn 6,15), dijo no a su propia voluntad (cf. Lc 22,42), dijo no a la posibilidad de escapar de la cruz (cf. Mt 3,50-54). Y todas esas negaciones tenían un objetivo: no condenarnos sino traernos el perdón y la redención. ¡El "no" de Jesús era decir sí a nuestra salvación! De igual modo nosotros debemos negarnos para decir que sí a Jesús, nuestro Señor y Salvador.

La segunda condición dice: tomar la cruz. La cruz son los problemas o dificultades que vivimos cada día. Una enfermedad, un compañero que me cuesta aceptarlo, mis hermanos que me fastidian... También es una cruz saber que hay quienes me miran mal porque hago oración, porque conozco la Palabra de Dios, porque hablo de Jesús y confío en Él... Ellos piensan que es una tontería o que son creencias de abuelos.... Pero si tú eres capaz de llevar con alegría, paciencia y amor todas estas dificultades, entonces los que están a tu alrededor pensarán que vale más lo que tú tienes, que lo que ellos tienen. Seguro, nuestro Señor vale infinitamente más.

La tercera condición es: seguirle. Seguirle ayudados por su Espíritu Santo, por la fe y la Palabra de Dios. Y si le seguimos con nuestra forma de hablar y de escuchar, con nuestras obras, con nuestras relaciones con la familia, los compañeros del colegio y los amigos, con la forma de emplear el tiempo... seremos sus discípulos auténticos. Y cumpliremos el plan de Dios: "Os he destinado para que vayáis y deis fruto y que vuestro fruto permanezca" (Jn 15,16). ¡Cambiemos de vida!

Si nosotros somos capaces de seguir al Maestro, él tiene preparada una gran recompensa. Él nos ofrece todos sus bienes y su salvación. La conversión, trae una recompensa que nadie puede igualar y que ningún otro camino alcanza: la vida eterna. Jesús dijo: "Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?" (Mt 16,25-26). En el libro de proverbios dice: "El que siembra justicia, recompensa segura. Quien actúa con justicia, vivirá" (Pr 11,18-19). Y en Ezequiel: "Convertíos y vivid" (Ez 18,31-32).

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