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Objetivos

Cambiar el rumbo de nuestra vida cuando descubramos que vamos por mal camino. Descubrir que Dios está deseando que cambiemos para perdonarnos y empezar de nuevo.

Reflexión

Un barco parte del puerto con rumbo a América o África o las islas... El barco, con el timón, la potencia de los motores y los mapas cartográficos, consigue mantener el rumbo adecuado para llegar al puerto de destino. Si se detecta que el rumbo no es el adecuado rápidamente el capitán del barco ordena mover el timón para volver a la ruta correcta. ¿Cuál es nuestro rumbo? ¿Cuál es nuestro camino? El camino es Jesús, Él mismo lo dijo: " Le dice Jesús (a Tomás): ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida’ " (Jn 14,6. Sabemos qué camino debemos seguir, pero con frecuencia nos desviamos del rumbo por nuestro pecado (como hemos visto en los temas anteriores). Si queremos volver al camino, debemos arrepentirnos (como vimos en el tema 14) y cambiar, volver al camino correcto.

El primer interesado en que cambiemos de rumbo es Dios, porque no quiere que nos perdamos la salvación, la vida eterna y todas las bendiciones que tiene para nosotros. Y Dios, que es infinitamente listo y bueno, inventa muchas formas de hacernos ver que vamos por mal camino, que actuamos de forma equivocada (aunque nosotros pensemos que tenemos razón). Lo hace a través de su voz que suena en nuestra conciencia. A través de las circunstancias; una enfermedad, una dificultad en el colegio, con la familia,... A través de personas concretas, como nuestros padres y educadores. A través de su palabra escrita, que nos recuerda cuáles son sus mandamientos, qué debemos hacer para entrar en el Reino de los cielos...

Jesús contó una historia, una parábola, a sus discípulos para que entendieran la conversión y el perdón de Dios. «Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo al padre: `Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.' Y él les repartió la hacienda. Pocos días después, el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano, donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino." (Lc 15,11-13). Este hijo malgastó el dinero, vivió de forma egoísta, pensando solo en sí mismo, sin preocuparse de los demás, estaba en el camino equivocado, pero no se daba cuenta. ¿Te ha pasado a ti alguna vez? [...] Entonces una circunstancia (quedarse sin dinero y pasar hambre) le hizo ponerse a trabajar cuidando cerdos. "Cuando se lo había gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país y comenzó a pasar necesidad. Entonces fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pues nadie le daba nada." (Lc 15,14-16) Entonces se paró a pensar, se dio cuenta de que estaba equivocado, de que había actuado mal. Y probablemente sentiría dolor por su pecado. Estaba en el camino equivocado. Decidió cambiar el rumbo y comenzar de nuevo. El primer paso fue reconocer el pecado y ponerse en marcha para cambiar y no volver a pecar. "Y entrando en sí mismo, dijo: ’¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.' Y, levantándose, partió hacia su padre. " (Lc 15,17-21). ¿Cómo termina esta parábola? [...] ¿Creéis que el padre le perdona? [...]"Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.' Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Daos prisa; traed el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en la mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado.' Y comenzaron la fiesta." (Lc 15, 20-24). Sí, el padre le perdona.

Si cambiamos de rumbo con sinceridad, entonces nuestro Padre Dios nos perdonará de todas las culpas que cometimos y nos dará una nueva oportunidad de seguir por el buen camino. Nuestro camino es hacer la voluntad de Dios con todas nuestras fuerzas. Entonces él nos perdona, como perdonó a Israel: "Perdonaré todas las culpas que cometieron contra mí, y con que me fueron rebeldes" (Jr 33, 6 –9).

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