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Objetivos

Ver la necesidad de conversión que tenemos aunque a nuestro alrededor no se hable de conversión.

Reflexión

En relación al pecado ya hemos dado el primer paso: el arrepentimiento. Ahora hay que dar el segundo: "la conversión". A Dios no le gusta nuestro pecado y a nosotros tampoco. El pecado no nos da nada bueno. Queremos alejarlo de nosotros. Queremos cambiar, queremos cambiar nuestra forma de pensar, queremos cambiar nuestra forma de actuar, queremos cambiar nuestro corazón, toda nuestra vida. Eso significa que queremos convertirnos.

[Repartimos unos diccionarios y buscamos la palabra conversión] La palabra conversión viene del verbo convertir. Convertir es "hacer que alguien o algo se transforme en algo distinto de lo que era". ¿Qué somos? [...] Pecadores, ¿En qué nos queremos convertir? [...] En no pecadores, en santos. ¿Dónde estamos? [...] Lejos de Dios. ¿Dónde queremos estar? [...] Cerca de Dios.

La conversión no es fácil, no se levanta uno por la mañana y dice "ya estoy convertido". Imaginad que uno quiere hablar inglés correctamente, no basta con proponérselo. Hay que estudiar todos los días, escribir en inglés, escuchar inglés, hablar en inglés, en definitiva, practicarlo, porque si no lo hacemos lo olvidamos. Si queremos obtener buenos resultados, tenemos que esforzarnos. La conversión también supone un esfuerzo continuo todos los días. Pero merece la pena, se ven los resultados.

Esto de la conversión parece una cosa de mayores que ya no se lleva. Nadie habla de la conversión, ¿para qué? si casi todo está permitido, si todo es bueno , si hay que ser modernos y dejarse llevar por lo que nos gusta, nos apetece,... Estos son los criterios que recibimos. Pero el mensaje de Jesús no ha cambiado. Jesús predicó: "Convertios, porque el Reino de los Cielos ha llegado" (Mt 4,17). El mensaje de Jesús es la conversión. La conversión es para todos, incluidos nosotros. El vino a buscar a los pecadores, como nosotros; él vino con una misión concreta: la salvación de los hombres.

En el evangelio de San Lucas tenemos un ejemplo de conversión : la de Zaqueo.

"Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. ... Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: ‘Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.’ Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: ‘Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.’ Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: ‘Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.’ Jesús le dijo: ‘Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.’ " (Lc 18,35-43).

Zaqueo, era jefe de los cobradores de impuestos. Se hizo rico haciendo pagar más de la cuenta. Así que estaba engañando a los demás. Zaqueo tenía muchas ganas de conocer a Jesús, se subió a una higuera para ver pasar a Jesús. Entonces Jesús lo vio y le dijo que quería ir a su casa. Zaqueo habló con Jesús, entendió que Dios le quería, que quería que cambiara. Zaqueo se reconoció pecador y arrepentido dijo que iba a devolver la mitad de sus bienes a los pobres. Zaqueo cambió su vida, se convirtió y probablemente ya no volvió a engañar a los demás.

Jesús desea nuestra conversión, se alegra con nuestra conversión, espera nuestra conversión para bendecirnos.

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