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Objetivos

Descubrir que la única respuesta ante el pecado es la del arrepentimiento. Reconocer nuestros pecados, sentir dolor por ellos y manifestar el propósito de cambiar.

Reflexión

Ya sabemos un poco sobre el pecado, conocemos qué es el pecado, cuál es su origen, sus efectos en nosotros, en nuestra relación con Dios y con los demás. Además, en el tema 10 nos paramos a reflexionar sobre nuestro pecado haciendo un "examen" y descubriendo que no siempre actuamos según los mandamientos de Dios. Y ahora, ¿qué hacemos? [...] Conocemos nuestra realidad de pecadores. Conocemos nuestros errores, que fallamos a nuestros padres, amigos... a nosotros mismos y a Dios, que no somos agradecidos con todo lo que hemos recibido (familia, colegio, estudios, inteligencia, casa, comida, piernas para correr, ojos para ver....). ¿Qué hacemos? [...]

Imaginad que vamos siguiendo una ruta, marcada con pintura en los árboles o en las rocas, que lleva a la cima de un monte. De repente, nos damos cuenta de que las marcas del camino han desaparecido. ¡No estamos en el camino correcto!, nos hemos perdido. En algún punto del trayecto hemos tomado un desvío equivocado. ¿Qué hacemos? [...] Desandar el camino andado hasta llegar al punto donde nos hemos confundido. Tenemos que rectificar el camino, de lo contrario no llegaremos a la meta.

Cuando me doy cuenta de que he cometido un error, una mentira, un fallo, un pecado tengo que reconocer mi pecado, reconocer que estoy en el camino equivocado, reconocer que me he alejado de Dios libremente (no puedo echar a otro la culpa), reconocer que he decidido tomar otro camino diferente al que Dios quería, y rectificar. Reconocer que me cuesta obrar el bien y que necesito la ayuda de Dios y de su Espíritu. En el Antiguo Testamento leemos como el rey David cometió un pecado, se dio cuenta y dijo: " Mi delito yo lo reconozco, mi pecado sin cesar está ante mí" (Sal 51,5).

Nuestra reacción ante el pecado ha de ser la de arrepentirnos, para eso no basta con reconocer nuestro pecado, como acabamos de ver. Arrepentirse es más que eso. Por ejemplo, reconozco que he pegado a mi hermano y que no es lo correcto, pero volvería a hacerlo y tal vez me siento a gusto de haberle pegado. ¿Hay arrepentimiento? [...] No. Hay arrepentimiento cuando quisiera no haberlo hecho, cuando deseo borrar lo sucedido, arreglar lo que estropeé, cuando siento dolor por haber ofendido a Dios y a los demás. ¿Has sentido esto alguna vez? [...] ¿Cuándo? [...] Es como el dolor que sientes cuando pierdes algo valioso para ti (un familiar, un amigo, un objeto, una mascota....), porque al pecar hemos perdido un tesoro, el de la presencia de Dios, la relación con Dios. El rey David fue capaz de lamentar su pecado y cambiar su corazón para buscar el rostro de Dios: "Sí, confieso mi culpa, me apena mi pecado" (Sal 38,19). El rey David sintió la tristeza por su pecado y suplicó a Dios: "Devuélveme el son del gozo y la alegría" (Sal 51,10).

¿Necesitamos arrepentirnos? [...] Sí, el apóstol Pedro lo dice muy claro "Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados" (Hch 3,19)

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