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Objetivos

Descubrir que en nosotros hay pecado, es el pecado personal. Aprender a ver el pecado de soberbia que hay en nosotros para poder luchar contra él, este pecado es el principal de todos.

Reflexión

Todos somos pecadores. Por un lado tenemos las consecuencias del pecado original, "Por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores" (Rm 5,19), y por otro lado experimentamos nuestro pecado personal. ¿De dónde procede el pecado personal? De nuestro corazón, de los actos, deseos y pensamientos desordenados. ¿Alguno de vosotros ha cometido algún pecado? [...] Sí. Estas palabras de la Biblia nos confirman que todos caemos en el pecado: "Si decimos: ‘No tenemos pecado’, nos engañamos y la verdad no está en nosotros " (1 Jn 1,8). "No hay hombre que no peque" (1 R 8,46).

Jesús contó esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: `¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias.' En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: `¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!'" (Lc 18,9-13). ¿Cómo te comportas tú?[...] ¿Como el fariseo que se cree mejor que los demás, superior a los demás, o como el publicano que se confiesa pecador? [...] En la actitud del fariseo se ve un gran pecado, la soberbia. En la soberbia está el origen de todos los demás pecados.

¿Qué es la soberbia? La soberbia es un amor desordenado del hombre a sí mismo. Se olvida de Dios que le da todas las cosas y se atribuye a sí mismo todos sus éxitos. Valora en exceso su propia persona, su posición, sus cualidades,... . Está escrito en la Biblia: "No digas en tu corazón: ‘mi propia fuerza y el poder de mi mano me han creado esta prosperidad’, sino acuérdate del Señor tu Dios, que es el que te da la fuerza para crear la prosperidad" (Dt 8, 17-18)

El soberbio quiere ser como Dios. ¿Recordáis que este fue el motivo del primer pecado?. El soberbio no aprecia a Dios y todas sus acciones, niega a Dios o prescinde de él. El soberbio busca su propio egoísmo, la satisfacción de sus gustos y caprichos. El soberbio desprecia a los demás.

¿Hemos actuado alguna vez con soberbia? [...] Seguro que sí. Cuando me creo mejor que mis compañeros de clase porque saco mejores notas y no le doy las gracias a Dios que me da la inteligencia, o cuando me creo muy guapo, o cuando gano todos los partidos y pregono a todos lo bueno que soy yo y lo malos que son los demás... [poned ejemplos]. Este pecado no le agrada nada a Dios. Escuchad lo que dice: "La arrogancia precede a la ruina; el espíritu altivo a la caída" (Pr 16,18). ¿Alguno quiere ir a la ruina? [...] ¿Alguno quiere caerse? [...] No, entonces vamos a estar más atentos a este pecado para intentar evitarlo.

La parábola del fariseo y el publicano termina así:" Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado" . (Lc 18,14). Ensalzando o humillado, ¿qué creéis que agrada a Dios? [...] La humildad, el ejemplo perfecto lo tenemos en Jesucristo que se humilló para dar su vida por nosotros.

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