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Objetivos

Descubrir todos los efectos que el primer pecado ha producido en el hombre; en su cuerpo, su alma, su espíritu y en su relación con Dios. Y los efectos sobre la creación.

Reflexión

Como vimos en el tema pasado, Adán y Eva, cayeron en la trampa del Diablo, desobedecieron a Dios, quisieron ser como dioses y esto trajo unas graves consecuencias, porque grave fue el pecado. Imaginad que rompemos un bote de cristal vacío o un bote de cristal de mermelada o un bote de cristal lleno de un buen perfume que papá regaló a mamá. ¿Qué trae peores consecuencias? [...] Romper el bote de cristal con perfume, porque es muy valioso. Tiene un valor económico, pero también un valor sentimental para nuestra madre. Así el pecado rompió algo muy valioso, la amistad entre Dios y el hombre, entre el Creador y la criatura. Y grandes han sido las consecuencias.

Cuando un huracán pasa por un territorio destruye todo lo que encuentra en su camino; las casas, los coches, los árboles, las farolas, puede herir a las personas, desbordar los ríos, romper los puentes,... Así el pecado ha producido efectos en todo, en el hombre y en la creación. Primero estudiemos los efectos del primer pecado en el hombre. El hombre es cuerpo, alma y espíritu (cf. 1 Ts 5,23).

Desde entonces nuestro ESPIRITU sufre una lucha porque la carne le lleva a buscar cosas que nos apartan de Dios, "la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el espíritu contrarias a la carne" (Ga 5, 17). La comunión entre el Espíritu de Dios y el espíritu del hombre quedó rota.

Nuestro CUERPO ahora sufre. Dice Dios a Eva: "con trabajo parirás los hijos" (Gn 3,16) y a Adán: con el sudor de tu rostro comerás el pan" (Gn 3,17). Nuestro cuerpo enferma y muere. Dice el apóstol San Pablo: "Por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres" (Rm 5, 12).

Nuestra ALMA perdió el control sobre los instintos del cuerpo, como un coche que pierde el control sobre la dirección y entonces las ruedas no hacen caso y el coche se mueve por donde quiere. Se debilitaron el entendimiento y la voluntad, que con frecuencia busca la felicidad donde no está, en vez de someterse a Dios. Toda la naturaleza humana tiende desde entonces hacia el pecado, está inclinada al mal. San Pablo dice: "No hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero. Y si hago lo que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en mí" (Rm 7, 19-20).

El hombre perdió la comunión que tenía con DIOS, la amistad, la paz y la felicidad. Pero sigue siendo imagen de Dios y busca en lo más profundo de su ser a Dios.

Los efectos del primer pecado en la creación. El hombre perdió el control que Dios le había dado sobre la creación. La tierra fue maldita (cf. Gn 3,17) y quedó sujeta a la "servidumbre de la corrupción" (Rm 8,21). Aparecieron los celos y las envidias entre hermanos, como en el caso de Caín y Abel (Gn 4, 8). Entre el hombre y la mujer comenzaron las tensiones, empezando por Adán y Eva.

La situación que deja el pecado original es triste, pero tengo buenas noticias: ¡La muerte y la resurrección de Cristo, han rescatado al hombre de parte de esos efectos, y se ha abierto la puerta para un nuevo encuentro con Dios!. Como un territorio azotado por un gran huracán que ha sido reconstruido en parte. Y al final, en la vida eterna, de nuevo podremos disfrutar de la comunión perfecta con Dios.

Otro efecto del pecado de los primeros padres es que el Diablo adquirió cierto grado de dominio sobre el hombre, aunque el hombre sigue siendo libre. El Diablo, con su maldad y su astucia, trata de apartar a los hombres del encuentro con Dios. El Diablo quiere influir en nuestras mentes y corazones para apartarnos de la ley de Dios. Pero otra vez hay buenas noticias: ¡ El poder de Cristo ha vencido al Diablo!.

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