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Objetivos

Continuamos con el tema anterior: "El pecado existe". Ver su presencia en nosotros mismos, en nuestro corazón. Descubrir que la conciencia y el conocimiento del pecado son dos herramientas para luchar contra el pecado y acercarnos a Dios.

Reflexión

El pecado existe, lo observamos fuera de nosotros, pero también está en nosotros. Nos apetece dormir, cuando deberíamos levantarnos para ir al cole; nos apetece ver más tele, cuando deberíamos estudiar; nos apetece entrar a esa web prohibida que no nos conviene; no queremos jugar con aquel chico, pero sabemos que hay que jugar con todos; nos apetece insultar al compañero que nos ha hecho una faena... Nuestro corazón está lleno de apetitos, de deseos, que nos empujan a hacer o decir aquello que no debemos. Dice el apóstol San Pablo: "Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco" (Rm 7, 15). ¿Os pasa eso a vosotros? [...] Sí.

Del corazón del hombre es de donde sale la fuerza que empuja al mal. ¿Cómo es posible? Veréis, el hombre fue creado por Dios en estado de gracia – sin pecado, en comunión con Dios, en armonía con los hombres y con todas las criaturas –. Dios dio a Adán y Eva un mandato y si no lo cumplían y desobedecían a Dios, serían castigados. Desobedecieron a Dios y fueron castigados; perdieron el estado de gracia. (Sobre esto hablaremos más adelante)

Aunque no nos guste oírlo, la realidad es que donde hay un ser humano, un niño, un joven, un adulto, un anciano, un rico, un pobre,... allí está presente el pecado. Todos los hombres necesitamos salvación porque todos somos pecadores. Como dice S. Pablo: "Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios" (Rm 3,23).

El pecado existe, pero nuestro Creador nos ha dado unos instrumentos para detectarlo: la conciencia y la razón. La conciencia es como una voz que resuena en nuestro interior, que siempre nos lleva a amar, a hacer el bien y evitar el mal. La conciencia nos ayuda a distinguir entre el mal y el bien. El problema está en que a veces no escuchamos a nuestra conciencia porque no nos interesa, o la escuchamos pero actuamos de forma contraria, o nuestra conciencia no está bien formada y confunde el bien con el mal. Con la razón y la inteligencia, podremos conocer el pecado, si no lo conocemos ¿cómo vamos a luchar contra él?. Imaginad que el coche de vuestro papá no funciona. ¿Qué hace falta? Necesitamos que alguien nos diga qué le sucede, para poder arreglarlo. ¿Se ha roto el motor? ¿Se ha quedado sin batería? ¿No tiene gasolina? ¿Se calienta mucho porque no funciona el ventilador? ... Es difícil de detectar el problema del coche si no tenemos unos estudios de mecánica y electricidad. También el pecado es difícil de detectar, por eso necesitamos el conocimiento. Estos temas nos ayudan a conocer el pecado un poco más y así dar pasos para cambiar y acercarnos a Jesús nuestro Salvador.

Después de estos dos temas podemos concluir que: la Humanidad necesita un cambio en su lucha contra el mal y ese cambio es: cambiar el corazón de los hombres. Y para ello hay que luchar contra el pecado y volverse hacia Dios. ¡Ánimo, hemos empezado el buen camino!

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