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Objetivos

Todos los hombres deben ser respetados. Examinad cada una de las personas con las que nos relacionamos para descubrir si las respetamos o no.

Reflexión

En el tema pasado descubrimos que debemos respetar la creación, obra de Dios. El hombre es también obra de Dios, es criatura de Dios. Por tanto también debemos respetar a los hombres.

Hacer una lista, en la pizarra o en una cartulina, de todas las personas con las que nos relacionamos. Por ejemplo: con nuestros padres, hermanos, familiares, profesores, compañeros del colegio, la monitora del comedor, el conductor del autobús, la canguro que nos cuida, el vendedor de chucherías, los vecinos, los compañeros de fútbol, mi médico, el policía que controla el paso delante del colegio,... Todos ellos merecen respeto.

Amar a los demás implica respetarlos. Entonces el respeto es un mandamiento que Jesús nos dio: "Este es el mandamiento mío, que os améis unos a otros como yo os he amado" (Jn 15,12); "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt 22,39).

Vamos a detallar algunos casos especiales de respeto:

  • Respeto a los pastores, a los que nos enseñan, nos guían y ayudan en nuestro caminar en Cristo. Respeto a los misioneros que llevan la Palabra de Dios a todos los lugares de la tierra. Respeto a todos lo que dan su tiempo y su vida a Dios."Os pedimos, hermanos, que tengáis en consideración a los que trabajan entre vosotros, os presiden en el Señor y os amonestan. Tenedles en la mayor estima con amor por su trabajo." (1 Ts 5,12-13).
  • Respeto a los gobernantes, a los que dirigen la economía, la justicia, la salud, la educación... de una nación. Respetarlos no significa estar de acuerdo con lo que dicen o hacen, no significa aceptar las leyes que vayan en contra de la Palabra de Dios. Respetarlos es no insultarlos, no desearles el mal. Una misión muy importante que tenemos es la orar por nuestros gobernantes para que gobiernen con la justicia y la sabiduría de Dios.
  • Respeto a los inmigrantes. ¿Conocéis algún inmigrante? [...] ¿Cómo se llama? [...] ¿Cuál es su país de origen? [...] ¿Cuántos años tiene? [...] ¿Por qué ha venido a vuestro país? [...]

Los inmigrantes son personas como nosotros, que merecen que se les trate como nos gustaría que nos tratasen a nosotros si estuviéramos en otro país. "Cuando un forastero resida entre vosotros, en vuestra tierra, no lo oprimáis. Al forastero que reside entre vosotros, lo miraréis como a uno de vuestro pueblo y lo amarás como a ti mismo; pues también vosotros fuisteis forasteros en la tierra de Egipto. Yo, el Señor, vuestro Dios." (Lv 19,33-34)

  • Respeto a los ancianos. ¿Tienes abuelos? [...] ¿Cuántos años tienen?[...] 85 años. Dios les ha regalado muchos años de vida. Ellos han sido niños como nosotros, han sido jóvenes, han sido padres y ahora abuelos. ¡Qué suerte! Han cuidado de nuestros padres y ahora nos toca a nosotros cuidar de ellos. Hoy en día, los ancianos no cuentan porque no pueden trabajar, porque no producen, porque no son el futuro – son el pasado. A muchos ancianos se les abandona, se les trata como a objetos. Ellos merecen nuestro respeto y nuestro cariño. Recordad que también nosotros llegaremos a "ancianos": "Al anciano no le reprendas con dureza, sino exhórtale como a un padre" (1 Tm 5,1).
  • Respeto a los padres. Tus padres te quieren, se preocupan por ti, te enseñan, te corrigen, te guían... Cuando te corrijan no los insultes, no les levantes la voz; merecen tu respeto. "Respete cada uno a su madre y a su padre". (Lv 19,3). "Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar". (Ex 20,12). Respetar a nuestros padres es una parte del mandamiento que Dios nos da y que trae una gran recompensa: se prolongarán nuestros días sobre la tierra.
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