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Objetivos  

Ya hemos aprendido mucho acerca de cómo relacionarnos los unos con los otros. Vamos ahora a comenzar un nuevo bloque de temas sobre los medios de comunicación. El medio de comunicación más utilizado es "la palabra" que sale de nuestra boca a todas las horas del día. Es muy importante descubrir cómo utilizamos nuestro lenguaje. Nuestras palabras acogen o rechazan a otros y a Jesús.

Reflexión

Hoy vamos a hablar de medios de comunicación. ¿Qué medios para comunicarse los hombres conocéis? [...] El teléfono, el fax, el ordenador, la televisión, la prensa, la radio,... Los medios de comunicación utilizan las imágenes y las palabras orales y escritas. El medio más usado es la palabra. Con ella nos comunicamos con nuestra familia, amigos, profesores,... ¿Qué podemos hacer con las palabras en nuestra comunicación con los demás? [...] Escribimos en una cartulina grande de color verde los usos de las palabras que consideremos buenos y en otra cartulina grande de color rojo los usos de las palabras que consideremos malos. Buen uso: dar información, ayudar, aconsejar, animar, consolar, dar gracias, perdonar, expresar sentimientos de cariño, hablar con Jesús para decirle lo que nos pasa, darle las gracias por todo cuanto hace en nuestras vidas. (Se pueden hacer representaciones con diálogos que nos muestren un determinado buen uso) Mal uso: quejarnos, insultar, decir tacos, criticar (hablar mal de otros), blasfemar (decir palabras injuriosas contra Dios o las personas o cosas sagradas), mentir,... Sobre el mal uso de la palabra hay un refrán que dice " a palabras necias, oídos sordos". Este refrán aconseja no prestar atención a los comentarios poco inteligentes, a aquellas palabras que se dicen con mal uso. La Palabra de Dios nos dice: "No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen" (Ef 4, 29) Las palabras buenas sirven a los demás, pero las malas hacen daño, destruyen. Necesitamos un vigilante, un guardia de seguridad en la puerta de los labios que solo deje pasar las palabras para el buen uso y no para el mal uso "Pon Señor, en mi boca un centinela, un vigía a la puerta de mis labios" (Salmo 141,3). Pedid a Jesús ese vigilante repitiendo esta frase que podemos memorizar. Todos sabemos que nuestra forma de hablar cambia según la persona a la que nos dirigimos. No hablamos igual con nuestros padres cuando les pedimos la propina, entonces ponemos cara y voz de buenos, que cuando estamos hablando con nuestros amigos en el patio del colegio. No nos dirigimos de la misma forma a un desconocido que a alguien que vemos todos los días. Estad atentos porque en ocasiones perdemos las buenas formas de dirigirnos a los demás. ¿Cómo saber si la forma es la correcta o no? [...] Es fácil pensar si a mí me gustaría que me tratasen así. Eso es lo que vimos hace poco, "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt 19,19) Las palabras también cambian según esté nuestro corazón y nuestra mente."Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca" (Lc 6,45) "Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno" (Lc 6,43). Si mi corazón está alegre y ama a Jesús, seguro que descubro lo bueno que hay a mi alrededor y mis palabras son alegres, de ánimo, seguro que no me sale el insultar y hablar mal de los otros. Sólo cuando en mi corazón dejo que la ira, la tristeza, la envidia,... se instalen, es cuando mi forma de hablar se transforma y no es la correcta. Puede ocurrir que esas palabras se hagan tan frecuentes en mí, que surgen incluso cuando no estoy enfadado. Habla con Jesús todos los días. Háblale con el corazón. Pídele que te enseñe a hablar a los demás. Que ponga en tu corazón lo que tienes que decir y cómo decirlo.

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