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Objetivos 

Jesús nos enseñó a relacionarnos los unos con los otros y nos dio una regla que no falla: "amaos los unos a otros como yo os he amado". En estos temas hemos visto que ese amor exige humildad, perdón y servicio. Hoy vamos a ver que también exige unidad.

Reflexión

Recuerda: ¿quién es la primera persona que has visto al levantarte? [...], ¿a quién has saludado por la calle camino del colegio? [...], ¿con quién has comido? [...], ¿quién te ha dado las buenas noches? [...] Estas preguntas son para darnos cuenta de que NO VIVIMOS SOLOS. Jesús nos ha puesto en una familia con nuestros padres y hermanos, en un barrio con sus vecinos y sus comercios, en un colegio con alumnos y profesores, en una ciudad... Y con todas estas personas tenemos que relacionarnos; hablamos, escuchamos, obedecemos, jugamos, reñimos, protestamos, disfrutamos,... ¿Es difícil relacionarse con los demás? [...] Sí, Jesús ya sabía que no era fácil y por eso nos dio pistas de cómo teníamos que hacerlo. Muchas de las "normas" para relacionarnos ya las hemos visto. ¿Quién las recuerda? [...] Amarnos como Jesús nos ama, sin creernos mejores que los demás, sin juzgar, perdonando, sirviendo... Hay una nueva que vamos a ver hoy y la leemos en la primera carta a los Corintios capítulo 1 versículo 10: "No haya entre vosotros divisiones; antes bien, estad unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio." Se trata de mantener la unidad. Vamos a poner unos ejemplos sencillos y descubriréis lo importante que es la unidad: En las regatas, las embarcaciones avanzan cuando sus tripulantes reman. ¿Qué pasaría si uno decide no remar? Que la embarcación no avanzaría tan rápido como cuando reman todos. En un tren, todos los vagones van unidos y la máquina tira de ellos. ¿Qué ocurriría si un vagón se separara del resto? Que descarrilaría. En nuestro cuerpo, cuando caminamos primero damos un paso con la pierna derecha y luego otro con la izquierda. ¿Qué ocurriría si las piernas no quieren caminar en unidad? Nos caeríamos, no avanzaríamos,... En nuestro cuerpo existe una unidad entre los miembros y por eso funciona bien. Por ejemplo, el ojo está unido al cuerpo y por eso vemos, también el oído y por eso oímos. Imaginad que la mano decide separarse o un pie... ¡sería un desastre! Todos los miembros son importantes, los pequeños como los ojos y los grandes como las piernas. La Palabra de Dios nos dice que nosotros somos miembros del cuerpo de Jesucristo y que hemos de permanecer unidos. "el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo" (1 Cor 12, 12) Jesús quiere la unidad en mi familia, en mis amistades, en mi clase del colegio, en mi barrio, en mi ciudad, en mi país,... Y no pensemos: "va, eso es cosa de los otros", o "de eso que se preocupen los mayores". Tú tienes que construir la unidad. ¿Cómo? Construir la unidad perdonándonos mutuamente "Sed buenos entre vosotros, perdonándoos mutuamente como os perdonó Dios en Cristo" (Ef 4,32) Construir la unidad no juzgando "No juzguéis, para que no seáis juzgados" (Mt 7,1) Construir la unidad sirviendo "El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor"" (Mt 20,26) Construir la unidad orando los unos por los otros "Orar los unos por los otros" (St 5,16) Construir la unidad sin maldad (envidias, mentiras, peleas, celos, enfados,...)"Cualquier clase de maldad desaparezca de entre nosotros" (Ef 4,31)

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