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Objetivos

Una característica más de cómo amar a los demás es: sirviendo. Es algo sencillo y al alcance de todos, pero exige sacrificio y renuncia de uno mismo. Como siempre, tenemos el ejemplo en Jesús.

Reflexión

Comencemos por un ejercicio. [Colocamos una mesa vacía y en otra mesita pequeña al lado dejamos un mantel, servilletas, cubiertos (tenedores, cuchillos, cucharas), platos, vasos y una jarra con agua. No les diremos qué hay que hacer, pero es fácil adivinar que el objetivo es "poner la mesa". Observamos cómo se comportan y lo comentamos]. Bien, ya tenemos la mesa puesta. ¿Ponéis vosotros la mesa en casa? [...] ¿Ayudáis a recogerla después de terminar de comer? [...] Si lo hacéis, estáis amando a vuestra familia, porque una forma de amar es servir. Hay muchas personas a nuestro alrededor que nos sirven cada día, algunas lo hacen porque es su trabajo y reciben un salario, y otras lo hacen por amor. ¿Quién sabe poner un ejemplo? [...] (Nota : ver dinámica). El médico que nos visita cuando estamos enfermos. El barrendero que limpia las calles por las que caminamos. El jardinero que riega los árboles del parque en el que jugamos. El profesor que nos enseña en la escuela. ....Para ellos el servicio que realizan hacia los demás es un trabajo. Mi mamá que me hace la comida. Mi papá que me ayuda con los problemas de matemáticas. El compañero de clase que ayuda a otro con los deberes. Los misioneros que crean escuelas para enseñar y dar a conocer la Palabra de Dios. .... Está claro que hay personas que nos sirven, y nosotros, ¿servimos a los demás? [...] Fijémonos en Jesús. Jesús también fue pequeño, como nosotros. "Cuando tuvo doce años, ... bajó con ellos (sus padres) y vino a Nazaret y vivía sujeto a ellos." (Lc 2,42.51). En casa seguro que le mandaban hacer cosas, como a nosotros, y las hacía. San José, su padre, que era carpintero, le tendría de ayudante con él. Jesús, que era hijo de Dios, no iba diciendo a sus padres: "Quita, quita, que no te das cuenta de quién soy. Ya mandaré a algún ángel que venga a hacer eso que me has mandado." Ni mucho menos, Jesús amaba a sus padres y servía en casa. Jesús, fue creciendo y cuando tuvo treinta años, se fue a anunciar la Palabra de Dios. Escogió a doce, que los llamó sus discípulos, para que estuvieran con Él y aprendieran lo que Él hacía y decía. Un día reunió a sus discípulos en una cena y les enseñó que para amar hay que servir. Jesús "se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo (*) y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.... Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis `el Maestro' y `el Señor', y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros." (Jn 13,4-5.12-15) Jesús sirvió a sus discípulos lavándoles los pies, que estarían sucios del polvo del camino. Este trabajo de lavar los pies lo solían hacer los criados, pero no le importó hacerlo a Él. Se humilló y se puso a servir como el más pequeño de todos. Ya veis, siempre podemos encontrar algo en lo que servir. Vamos a estar atentos esta semana, con los ojos bien abiertos para descubrir el servicio que nos dan los demás y dar gracias a Jesús por esas personas que nos sirven. Y también vamos a ver en qué podemos servir nosotros. (*) Lebrillo: Barreño o palangana de barro vidriado, plata u otro metal, más ancha por el borde que por el fondo, que sirve para lavar ropa, para baños de pies y otros usos.

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