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Objetivos

Continuamos descubriendo cómo amar al prójimo. Ese amor se va aprendiendo día a día, cada vez que nos encontramos con alguien tenemos una oportunidad para poner en práctica el amor que en los temas anteriores hemos aprendido. Tomemos como ejemplo a Jesús.

Reflexión

Estudiar cómo es el amor al prójimo, es parecido a estudiar cómo se suma o cómo se multiplica. Para aprenderlo bien, has de ponerlo en práctica. Y cuanto más lo practiques, más rápidas y mejor te saldrán las multiplicaciones. Por ejemplo, ¿cuál es el resultado de sumar 12 y 33 y multiplicarlo por 3? [...]. Muy bien, eso es que te has esforzado en aprender y que has practicado. También con esfuerzo y práctica día a día conseguiremos el amor que Jesús quiere que tengamos hacia los demás. ¿Con quién voy a practicar el amor? Es muy fácil, con todas las personas con las que te encuentras cada día; con tus padres y hermanos, con los vecinos, con los compañeros de colegio y los profesores,... Y, ¿qué tengo qué hacer? Veamos qué hizo Jesús. Un ejemplo lo tenemos en el evangelio de San Lucas 17,11-28. “De camino a Jerusalén, pasó (Jesús) por los confines entre Samaría y Galilea. Al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?»“ Aquí Jesús se encuentra con diez leprosos, diez personas enfermas y les ayuda curándolas y sin esperar nada a cambio, sin esperar una recompensa, ni siquiera “gracias”. Les ayuda, les da lo que tiene: “poder para curarlas”. Nos preguntamos: ¿ayudamos a los que nos encontramos? [...] ¿esperamos siempre algo a cambio? [...] Otro ejemplo : Jesús se encuentra con una mujer pecadora. “Un fariseo le rogó (a Jesús) que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume y, poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.»“ (Lc 7, 37-39). Vamos a explicarlo un poco. Jesús fue a comer a casa de un fariseo. Los fariseos eran una clase de judíos que cumplían todas las leyes y se creían muy buenos. Estando en esta casa llegó una mujer pecadora. Y Jesús, al contrario que el fariseo, no la juzgó, no habló mal de ella, ni la insultó ni de palabra ni de pensamiento. Jesús la trató con respeto, con estima. La mujer pecadora sintió que Jesús le abría el corazón y entonces agradecida empezó a lavarle los pies y a ponerles perfume. Nos preguntamos: ¿juzgamos nosotros a los demás? [...] ¿Tratamos peor a los que consideramos inferiores a nosotros? [...] Esta semana vamos a poner en práctica un buen encuentro. Por ejemplo: ' al encontrarme con _____ le voy a tratar bien aunque me haya hecho una faena'. Recordamos cómo hay que tratar a la persona con la que nos encontramos. Con: - humildad (sin creernos mejores) - generosidad - amor verdadero (sin fingimiento, es decir no se puede decir ahora te digo que majo que eres y luego te pongo verde) - alegría - sinceridad - respeto - dando sin esperar nada a cambio sin juzgar.

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