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Objetivos

Jesús nos invita y llama a todos a seguirle. Desea que los chicos nos acerquemos a él (Mt 19, 14), porque nos quiere, porque quiere lo mejor para nosotros. De nosotros depende la respuesta.

Reflexión

Empezamos llamando a cada uno de los chicos con cierta simpatía. Por ejemplo: ¡Juan! [¡Qué!] estrechando la mano. Hola, ¿qué tal estás? [Bien]. Vale, estupendo. ¿Quieres que seamos amigos? [Sí] Me alegro. ¡Pablo! [¡hola!] también estrechando la mano. ¿Qué tal te va? [Estupendo]. Me alegro. ¿Quieres que seamos colegas? [No] Lástima, a mí me hubiera gustado. (Luego, a alguno que esté despistado y lejos del grupo) ¡Jacob!, ¿Vienes?. [No quiero]. Ven, mira lo que estamos haciendo. (Y vendrá o no vendrá,...) ¡Bien! Veo que sabéis responder cuando se os llama. Con esto tenéis mucho a vuestro favor, ¿Sabéis por qué? Porque Jesús también nos llama, y tenemos que responderle. Y si habéis observado tenemos dos opciones de respuesta, o Sí, como me ha dicho Juan a mí, o No, como me ha dicho Pablo. ¿Sabéis cuándo nos llama Jesús? Cuando vemos a una persona sufrir, ¿tenéis algún amigo que esté sufriendo por algún motivo? Si fuera así, Jesús nos diría: "ve a ayudarle, a escucharle, a...". Cuando tenemos un deber que cumplir. ¿Cuántos deberes tenemos cada uno de nosotros? [...] los del colegio, los de casa, ... Jesús nos llama a cumplirlos. Cuando podemos dar alegría Cuando podemos prestar ayuda; a nuestros padres, hermanos, un vecino o incluso a un desconocido. Cuando... Jesús está continuamente llamándonos, por eso es importante que estemos con los ojos bien abiertos y con los oídos atentos a las llamadas que surgen a nuestro alrededor. Jesús nos llama y nos pide que respondamos a las necesidades de los demás (al amor hacia los demás). Pero sobre todo Jesús nos llama y nos pide que respondamos a nuestra relación con Él. ¿No lo oís? [...] ¿Qué creéis que Jesús puede decir? [...] Por ejemplo: ¿Quieres hablar conmigo? ¿Quieres que te muestre la misericordia y el poder de mi Padre?" ¿Quieres tanto amor como jamás hayas podido imaginar? ¿Quieres que te muestre todos los secretos que hay escondidos en mi Palabra, para que seas sabio e inteligente?.... Jesús nos dice: ¡Ven y sígueme! (Mateo 9, 9) . ¿Qué le vas a responder? ¿Te atreves? ¿Te arriesgas? Yo te aseguro que merece la pena. Antes de terminar vamos a escuchar una preciosa historia de alguien que dejó todo por seguir a Jesús. Es el comienzo de la historia de Pedro. Él, como nosotros, buscaba ser feliz, y en su corazón tenía la necesidad de amor y de vida eterna. Un día apareció por la orilla del lago donde faenaba alguien que no conocía; mucha gente se agolpaba alrededor de él para escucharle. Se quedó quieto para intentar oír lo que aquel hombre decía. Su voz era firme y dulce a la vez, hablaba como quién tiene autoridad y no como los escribas que él oía cuando la pesca le permitía ir a la sinagoga. Cuando pudo escuchar sus palabras, todavía se asombró más, porque aquel Maestro parecía conocer lo que había en su corazón, y daba la respuesta a todas las inquietudes y preguntas que Pedro llevaba en su interior. Nunca había visto a nadie igual, irradiaba vida, verdad, amor... y sin embargo, su apariencia era de lo más sencilla. Tan sorprendido estaba, que casi no se dio cuenta de que aquel hombre había llegado hasta donde se encontraban él y su hermano Andrés. El Señor se les quedó mirando, y les dijo: "Venid conmigo"... Y ellos al instante, dejando las redes le siguieron"’ (Mateo 4, 19-20). ¿Podría ser tu historia similar a ésta? Objetivos Jesús nos invita y llama a todos a seguirle. Desea que los chicos nos acerquemos a él (Mt 19, 14), porque nos quiere, porque quiere lo mejor para nosotros. De nosotros depende la respuesta. Reflexión Empezamos llamando a cada uno de los chicos con cierta simpatía. Por ejemplo: ¡Juan! [¡Qué!] estrechando la mano. Hola, ¿qué tal estás? [Bien]. Vale, estupendo. ¿Quieres que seamos amigos? [Sí] Me alegro. ¡Pablo! [¡hola!] también estrechando la mano. ¿Qué tal te va? [Estupendo]. Me alegro. ¿Quieres que seamos colegas? [No] Lástima, a mí me hubiera gustado. (Luego, a alguno que esté despistado y lejos del grupo) ¡Jacob!, ¿Vienes?. [No quiero]. Ven, mira lo que estamos haciendo. (Y vendrá o no vendrá,...) ¡Bien! Veo que sabéis responder cuando se os llama. Con esto tenéis mucho a vuestro favor, ¿Sabéis por qué? Porque Jesús también nos llama, y tenemos que responderle. Y si habéis observado tenemos dos opciones de respuesta, o Sí, como me ha dicho Juan a mí, o No, como me ha dicho Pablo. ¿Sabéis cuándo nos llama Jesús? Cuando vemos a una persona sufrir, ¿tenéis algún amigo que esté sufriendo por algún motivo? Si fuera así, Jesús nos diría: "ve a ayudarle, a escucharle, a...". Cuando tenemos un deber que cumplir. ¿Cuántos deberes tenemos cada uno de nosotros? [...] los del colegio, los de casa, ... Jesús nos llama a cumplirlos. Cuando podemos dar alegría Cuando podemos prestar ayuda; a nuestros padres, hermanos, un vecino o incluso a un desconocido. Cuando... Jesús está continuamente llamándonos, por eso es importante que estemos con los ojos bien abiertos y con los oídos atentos a las llamadas que surgen a nuestro alrededor. Jesús nos llama y nos pide que respondamos a las necesidades de los demás (al amor hacia los demás). Pero sobre todo Jesús nos llama y nos pide que respondamos a nuestra relación con Él. ¿No lo oís? [...] ¿Qué creéis que Jesús puede decir? [...] Por ejemplo: ¿Quieres hablar conmigo? ¿Quieres que te muestre la misericordia y el poder de mi Padre?" ¿Quieres tanto amor como jamás hayas podido imaginar? ¿Quieres que te muestre todos los secretos que hay escondidos en mi Palabra, para que seas sabio e inteligente?.... Jesús nos dice: ¡Ven y sígueme! (Mateo 9, 9) . ¿Qué le vas a responder? ¿Te atreves? ¿Te arriesgas? Yo te aseguro que merece la pena. Antes de terminar vamos a escuchar una preciosa historia de alguien que dejó todo por seguir a Jesús. Es el comienzo de la historia de Pedro. Él, como nosotros, buscaba ser feliz, y en su corazón tenía la necesidad de amor y de vida eterna. Un día apareció por la orilla del lago donde faenaba alguien que no conocía; mucha gente se agolpaba alrededor de él para escucharle. Se quedó quieto para intentar oír lo que aquel hombre decía. Su voz era firme y dulce a la vez, hablaba como quién tiene autoridad y no como los escribas que él oía cuando la pesca le permitía ir a la sinagoga. Cuando pudo escuchar sus palabras, todavía se asombró más, porque aquel Maestro parecía conocer lo que había en su corazón, y daba la respuesta a todas las inquietudes y preguntas que Pedro llevaba en su interior. Nunca había visto a nadie igual, irradiaba vida, verdad, amor... y sin embargo, su apariencia era de lo más sencilla. Tan sorprendido estaba, que casi no se dio cuenta de que aquel hombre había llegado hasta donde se encontraban él y su hermano Andrés. El Señor se les quedó mirando, y les dijo: "Venid conmigo"... Y ellos al instante, dejando las redes le siguieron"’ (Mateo 4, 19-20). ¿Podría ser tu historia similar a ésta? Objetivos Jesús nos invita y llama a todos a seguirle. Desea que los chicos nos acerquemos a él (Mt 19, 14), porque nos quiere, porque quiere lo mejor para nosotros. De nosotros depende la respuesta. Reflexión Empezamos llamando a cada uno de los chicos con cierta simpatía. Por ejemplo: ¡Juan! [¡Qué!] estrechando la mano. Hola, ¿qué tal estás? [Bien]. Vale, estupendo. ¿Quieres que seamos amigos? [Sí] Me alegro. ¡Pablo! [¡hola!] también estrechando la mano. ¿Qué tal te va? [Estupendo]. Me alegro. ¿Quieres que seamos colegas? [No] Lástima, a mí me hubiera gustado. (Luego, a alguno que esté despistado y lejos del grupo) ¡Jacob!, ¿Vienes?. [No quiero]. Ven, mira lo que estamos haciendo. (Y vendrá o no vendrá,...) ¡Bien! Veo que sabéis responder cuando se os llama. Con esto tenéis mucho a vuestro favor, ¿Sabéis por qué? Porque Jesús también nos llama, y tenemos que responderle. Y si habéis observado tenemos dos opciones de respuesta, o Sí, como me ha dicho Juan a mí, o No, como me ha dicho Pablo. ¿Sabéis cuándo nos llama Jesús? Cuando vemos a una persona sufrir, ¿tenéis algún amigo que esté sufriendo por algún motivo? Si fuera así, Jesús nos diría: "ve a ayudarle, a escucharle, a...". Cuando tenemos un deber que cumplir. ¿Cuántos deberes tenemos cada uno de nosotros? [...] los del colegio, los de casa, ... Jesús nos llama a cumplirlos. Cuando podemos dar alegría Cuando podemos prestar ayuda; a nuestros padres, hermanos, un vecino o incluso a un desconocido. Cuando... Jesús está continuamente llamándonos, por eso es importante que estemos con los ojos bien abiertos y con los oídos atentos a las llamadas que surgen a nuestro alrededor. Jesús nos llama y nos pide que respondamos a las necesidades de los demás (al amor hacia los demás). Pero sobre todo Jesús nos llama y nos pide que respondamos a nuestra relación con Él. ¿No lo oís? [...] ¿Qué creéis que Jesús puede decir? [...] Por ejemplo: ¿Quieres hablar conmigo? ¿Quieres que te muestre la misericordia y el poder de mi Padre?" ¿Quieres tanto amor como jamás hayas podido imaginar? ¿Quieres que te muestre todos los secretos que hay escondidos en mi Palabra, para que seas sabio e inteligente?.... Jesús nos dice: ¡Ven y sígueme! (Mateo 9, 9) . ¿Qué le vas a responder? ¿Te atreves? ¿Te arriesgas? Yo te aseguro que merece la pena. Antes de terminar vamos a escuchar una preciosa historia de alguien que dejó todo por seguir a Jesús. Es el comienzo de la historia de Pedro. Él, como nosotros, buscaba ser feliz, y en su corazón tenía la necesidad de amor y de vida eterna. Un día apareció por la orilla del lago donde faenaba alguien que no conocía; mucha gente se agolpaba alrededor de él para escucharle. Se quedó quieto para intentar oír lo que aquel hombre decía. Su voz era firme y dulce a la vez, hablaba como quién tiene autoridad y no como los escribas que él oía cuando la pesca le permitía ir a la sinagoga. Cuando pudo escuchar sus palabras, todavía se asombró más, porque aquel Maestro parecía conocer lo que había en su corazón, y daba la respuesta a todas las inquietudes y preguntas que Pedro llevaba en su interior. Nunca había visto a nadie igual, irradiaba vida, verdad, amor... y sin embargo, su apariencia era de lo más sencilla. Tan sorprendido estaba, que casi no se dio cuenta de que aquel hombre había llegado hasta donde se encontraban él y su hermano Andrés. El Señor se les quedó mirando, y les dijo: "Venid conmigo"... Y ellos al instante, dejando las redes le siguieron"’ (Mateo 4, 19-20). ¿Podría ser tu historia similar a ésta?

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