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Objetivos

Jesús nos ama tanto, que quiere salvarnos de todas las consecuencias malas debidas a nuestros pecados y también de las obras del Maligno, para que vivamos la alegría de conocer a Dios y de ser conocidos por Él. Vamos a intentar, con la ayuda de Jesús, comprender esto un poco más.

Reflexión

Vamos a realizar una pequeña actividad. Cogemos cada uno una rama (o un folio) y con cuidado la partimos por la mitad. Bien, ahora tratamos de dejarla como antes. ¿Es posible? [...] No, no se puede. Es difícil ¿verdad?. Se podría hacer algún arreglo, pero no quedaría como antes. Al principio, hace muchísimo, el hombre era como la rama, estaba bien, sin ningún defecto, no tenía ningún tipo de problemas. Sin embargo, más tarde, el hombre cometió pecado contra Dios, podríamos decir que se portó mal, desobedeció a Dios y eso fue lo que rompió la rama, la perfección del hombre. Desde entonces, aunque no queramos hacerlo, todos pecamos, todos hacemos y decimos cosas malas y feas. Y otras que debiéramos hacer no las hacemos. Por ejemplo: ¿Qué cosas creéis que decimos o hacemos mal? [Insultar, pegarnos, desobedecer a nuestros padres o profesores, mentir,...] Y ¿qué cosas deberíamos hacer y no hacemos? [estudiar, ayudar a nuestros compañeros del colegio, respetar a nuestros padres,...] Y cuando nos comportamos así, ¿creéis que tenemos problemas? [...] Sí, nos sentimos mal y hacemos daño a los demás, las cosas no nos van bien,... Jesús nos ama, y por eso dio su vida en la cruz para salvarnos. Y, ¿qué significa salvar? [...] Dice el diccionario: salvar es librar de un riesgo o peligro; poner en seguro. ¿Cuándo utilizamos la palabra salvar? [...] Por ejemplo: Cuando alguien se está ahogando en el mar y viene el socorrista y lo salva. Quiere decir que se podría haber muerto ahogado pero el socorrista le ha sacado del agua y esta salvado de morir. Jesús viene a salvarnos. ¿De qué? ¿Es que estamos en algún peligro? Jesús nos salva de las consecuencias de nuestro pecado y del Maligno. Porque el pecado y el Maligno son un peligro para nosotros. Jesús desea que cada vez nos cueste menos hacer el bien, que podamos amarnos como hermanos, que tengamos fuerza para cumplir sus mandamientos, que estemos cerca de Él y no lejos (porque el pecado nos aleja de Jesús y de su padre Dios). Esto Él lo va haciendo poco a poco. En otras palabras, Él quiere que volvamos a la situación del principio, a ser como la rama que estaba bien, y no la que está partida por la mitad, que vivamos la alegría de ser Hijos de Dios. Él es el único que lo puede hacer, para nosotros es imposible, como es imposible arreglar la rama, pero para Él es posible, porque para Él no hay nada imposible (Mateo 19, 26). Jesús nos salva del Maligno, el diablo, el que siempre desea que se rompa la rama, porque es un envidioso. Jesús nos protege y nos guarda contra todas las astucias del diablo. Quien confía en Jesús, no tiene porque tener miedo al diablo. Jesús lo ha vencido en la cruz. El diablo pensó que había vencido a Jesús cuando murió en la cruz y se alegró un montón; porque Jesús era su principal enemigo puesto que Él hace el bien y el diablo el mal, sin embargo, ¡qué cara debió de poner cuando Jesús resucitó al tercer día! (1 Cor 15, 4), ya no estaba muerto sino vivo, ha vencido al maligno. Y desde entonces, a Jesús ‘se le ha sido dado todo el poder en el cielo y en la tierra’ (Mateo 28, 18).

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